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Francia define su futuro en las urnas

Los vencedores de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, el centrista Emmanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen, son la cara visible de la histórica jornada electoral que celebra hoy el país galo, polarizado por las opiniones encontradas que generan en el electorado la política inmigratoria y los efectos de la globalización.

La competencia de los encuestadores por anticipar quién sucederá a François Hollande en el Palacio del Elíseo se mantuvo hasta último momento, pero los especialistas saben que después del sorpresivo triunfo de Donald Trump en Estados Unidos lo mejor que se puede hacer es mantener cierta cautela y dejar que sean las urnas las que expresen el resultado de la voluntad de los franceses. Sin embargo, tras el duro debate en televisión que mantuvieron los dos candidatos cuatro días antes de esta histórica segunda vuelta, muchos se sintieron tentados y dieron a conocer los resultados de sus sondeos: casi todas las encuestas coinciden en dar un resultado favorable al candidato de ¡En Marcha!, Emmanuel Macron, de 39 años, con alrededor del 60 por ciento de los votos. Esto supone que -según estos sondeos- su rival, la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, de 48 años, no se impondría en estas elecciones presidenciales, pero obtendría alrededor de un 40 por ciento de los votos, un porcentaje que no alcanza para ocupar el sillón presidencial pero que representa un fuerte impulso para el partido Frente Nacional, que en la única elección en la que disputó la presidencia, en el año 2002, cosechó un 18 por ciento de los votos.

En una muy apretada síntesis de la puja electoral, se puede decir que la candidata de la ultra derecha Marine Le Pen acusa a Macron de ser la persona que llevará al desmembramiento de Francia con sus políticas que alientan la permanencia en la Unión Europea; y ante la insistencia del joven candidato de ¡En Marcha! por apostar al fortalecimiento de la política europea, Le Pen disparó su dardo cargado de ironía: “Francia será gobernada por una mujer, ya sea yo, o Merkel”. Pero algunos analistas advierten que el complejo escenario que se conformó a partir de las distintas posiciones que asumen los electores en función de lo que para ellos representan los fenómenos de la globalización, la inmigración y la violencia creciente del terrorismo islámico en París y otras ciudades francesas, anticipan una segunda vuelta de la elección presidencial más reñida de lo que calculan muchos sondeos de opinión.

Además, hay un dato que no se puede soslayar: al igual que en Estados Unidos, en Francia un importante sector de la población sufre los efectos de la falta de empleo, en especial la franja más joven, y de una desigualdad social que golpea con dureza a las familias de más bajos ingresos. Resulta difícil predecir si esa porción del electorado canalizará su descontento en las urnas a través del voto a Le Pen, que viene por debajo de Macron en casi todas las encuestas, pero son muy pocos los analistas políticos que aseguran que eso no sucederá. Hoy se sabrá si el descontento de las clases medias francesas y la desesperanza de los sectores más vulnerables del país galo pesan más que el temor al discurso xenófobo y antieuropeo de Marine Le Pen, al momento de votar.

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