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Internet, los niños y la educación en casa

Una costumbre muy arraigada en nuestra sociedad es intentar prohibir a toda costa lo que no nos agrada.

Nos hemos educado en la cultura de la prohibición sin tolerancia y no aprendimos a  pensar que cambiar de canal o no mirar es la primera opción que tenemos como personas libres antes que reclamar a las autoridades un acto de censura. 

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Los niños no deberían navegar por Internet solos pero sucede y para eso es preciso que los padres sepan en todo momento qué hacen pero sin inmiscuirse en la intimidad del joven.

Lo mismo sucede en algunas regiones de Estados Unidos sometidas al tironeo entre la moralina protestante y las libertades progresistas y poco nos llega de esta realidad a través de los medios como el caso de Mindi Jensen, una profesora de secundaria de aquel país y madre de cuatro niños en Utah, que después de su divorcio se deprimió a tal punto que ingresó a un gimnasio dedicándose obsesivamente a la actividad física hasta que la aconsejaron practicar fisicoculturismo de competencia como una manera de reafirmar su baja autoestima pero lo que jamás pensó es que sería juzgada tan duramente por su decisión y que su caso llegaría a viralizarse.

Lo emblemático de su caso es que llama la atención sobre la responsabilidad que le cabe a los padres en el uso que sus hijos hagan de Internet a raíz de la insólita situación que atravesó la hermosa profesora que regularmente, comparte sus fotos en Instagram de sus entrenamientos y competencias, donde se le ve con su ropa de entrenamiento o bikini de competición, sin pensar que esto podría dejarla sin trabajo.

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Una de las fotos de Jensen que los niños comenzaron a calificar de pornografía al punto que los padres acudieron indignados a intentar que la despidan de la escuela.

Es que los padres de un niño vieron las fotos en Instagram y fueron escandalizados a la escuela a quejarse con el director porque la profesora de su hijo ‘se muestra muy descubierta’ y ‘nada modesta’. La campaña siguió por las redes sociales donde de repente las fotos de la profesora tomaron categoría de pornografía lo que llevó a las autoridades de la escuela a intimar a Jensen dándole tres opciones: borrar las fotos, hacer su cuenta privada o simplemente perder su trabajo.

El descargo de Jensen fue notable, escribió una nota a la dirección de la escuela con tanto sentido común que las autoridades debieron dar marcha atrás en su decisión y pedirle disculpas públicamente.

“¿Por qué mis derechos están siendo quitados y los derechos del niño no?”, argumentó la fisicoculturista. “Esto es entre los padres y su hijo. Pónganle restricciones al menor. Si no están cómodos con ver mi ropa de entrenamiento entonces prohíbanle eso a su hijo. No me lo prohíban a mí, él es un menor de edad bajo su custodia” dijo entre otras cosas la profesora que también publica fotos con sus hijos y escenas domésticas cocinando para su familia.

Desde ahí la secundaria le pidió una disculpa oficial a la profesora y comenzó a hacer clases de uso apropiado de internet para niños dirigidas a padres. Jensen sigue compartiendo sus fotos y está orgullosa con sus decisiones.

Los otros riesgos

La anécdota cuya moraleja parece ser “cuiden lo que los niños ven por Internet” viene al caso por tantos padres que adoptaron a la red social como ‘niñera electrónica’ y no se interesan por los riesgos que esta entraña que van mucho más allá de relacionarse con desconocidos.

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Las fotos del entrenamiento de la profesora que escandalizaron a una escuela que terminó por pedirle disculpas por intentar prohibirle su entrenamiento fisicoculturista.

Se alerta a los padres y los chicos sobre el ciberbullying o acoso virtual, el sexting o intercambio de fotografías o vídeos con contenido erótico entre los propios jóvenes con las que luego llegan a extorsionarse causando daños psicológicos importantes y el grooming, una práctica a través de la cual un adulto se gana la confianza de un menor con un propósito sexual pero hay situaciones en apariencia inofesivas que también dejan marcas como los supuestos consejos médicos, o las tonterías de los youtubers que en muchas ocasiones terminaron en la sala de emergencia. La vergüenza, el desconocimiento y la falta de comunicación de los padres pueden hacer que un/una joven acuda a un dudoso sitio de consejos médicos ante un problema que por pudor no se anima a revelar a su familia.

El intercambio de datos de sitios de orientación sexual puede llevar a estrellarse contra prácticas traumatizantes para una psiquis en formación y ese fue el camino por el que los estudiantes llegaron a las fotos de su profesora dándole categoría de pornografía al entrenamiento físico de la mujer.

Internet es un sitio tan peligroso como la calle y nadie dejaría a su hijo pequeño deambular por estas a la noche, solo o en compañía de un grupo de semejantes ignorantes de los riesgos y sin embargo sí se confía en la niñera electrónica.

Es algo sobre lo que se educa desde los comienzos de Internet: son los padres los responsables de lo que un niño puede ver y para eso existen filtros y programas dedicados sobre los que bien valdría la pena interesarse antes que reclamar censura y prohibición.

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