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Chaco de ayer y de hoy

El Chaco como foco agresivo

Por espacio de casi ciento cincuenta años, el Chaco pasó a convertirse en núcleo de salvajes que amenazó permanentemente la vida de las ciudades limítrofes con la violencia de sus malones Factor de importancia en este hecho, fue el dominio del uso del caballo, ya citado. Los abipones fuertes guerreros, aliados con tobas y mocovíes, adquirieron a través de la movilidad ecuestre una evidente superioridad bélica respecto de otros indígenas y una, a menudo, igualdad de fuerzas frente a los españoles.

Por María Cristina de Pompert de Valenzuela

Desde 1640, los abipones pudieron extender su dominio sobre el Chaco. Se atrevieron a marchar contra las fronteras y las ciudades, ayudados por su pleno conocimiento del monte y de sus recursos, practicaron la rapiña y demostraron seguridad para huir de sus perseguidores.

En lo que es hoy, el territorio argentino, las provincias afectadas fueron: Santa Fe en su frontera norte, Corrientes en el sudeste y la frontera tucumana extendida desde Jujuy hasta Córdoba en el Nordeste. 

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Hasta mediados del siglo XVIII, los indios son los únicos dueños de la zona del Chaco, abandonada por los españoles. Santa Fe fue sistemáticamente atacada. La guerra trastornó periódicamente la economía de la ciudad y llenó de intranquilidad a sus habitantes.

En 1655 se informaba que las pérdidas sufridas en treinta años de luchas, alcanzaban la suma de cinco millones de pesos en cuarenta estancias destruidas, ganados dispersos o robados o muertos de españoles, de indios y de negros. Los reiterados ataques habían obligado a sus habitantes a salir en persecución de los asaltantes, veinticuatro veces,

Entre 1651 y 1661, la ciudad de Santa Fe tuvo que ser trasladada más hacia el sur para facilitar su defensa y preservarla del desastre que producía el río en las barrancas de la costa. En las tres primeras décadas del siglo XVIII, Santa Fe construyó fortines al oeste de la ciudad con el objeto de defender las estancias vecinas. También colaboró en la expedición que organizó el gobernador de Tucumán en una operación conjunta con otras ciudades fronterizas, la que finalmente fracasó.

Poco tiempo después volvieron a sufrir saqueos y se vieron obligados a retirar la línea de fortines para ubicarla cerca de la ciudad. Corrientes sufrió también las agresiones de los indios del Chaco que atacaron la ciudad en 1673 y y 1689. Gran parte de la costa correntina se vio constantemente agredida.

En 1721, el gobernador de las Provincias del Río de la Plata, envió una expedición represiva al Chaco. A pesar del número de fuerzas movilizadas, la acción no logró positivos resultados y la situación se agravó en los años siguientes.

En 1734, el gobernador de Santa Fe, Francisco Javier de Echagüe y Andía, firmó el primer tratado de paz con los mocovíes. Poco después, los correntinos sufrieron la destrucción de algunos de sus pueblos y el incendio de la ciudad de Itatí.

Paralelamente, alguna tranquilidad iba lográndose en los indios a través de la política misional que encararon los misioneros en el Chaco Austral. La frontera occidental también experimentó desde mediados del siglo XVII los ataques de los indígenas a pesar de la positiva labor de los religiosos de la Compañía de Jesús.

El primer malón de nefastas consecuencias se produjo a mediados del siglo siguiente contra un pueblo de indios de Jujuy y volvió a repetirse quince años más tarde. Esto originó una dura acción represiva por parte de los españoles que contestaron a los malones con entradas de persecución y castigo en repetidas ocasiones. Llegaron hasta las márgenes del Bermejo y regresaron en algunos casos con contingentes de indios cautivos que repartieron entre los vecinos.

Este procedimiento fue criticado por el gobierno, los eclesiásticos y desaprobado por las autoridades españolas. La ciudad fronteriza de Nuestra Señora de la Talavera, en la zona de Esteco, luego de un ataque de los mocovíes, producido en 1686, edificó una muralla de tapias para su defensa.

No obstante ello, el éxodo de sus vecinos la debilitó y en 1691 un terremoto la dejó en ruinas. Para controlar la frontera se extendió una línea de fortines y desde entonces, la lucha se entabló desde allí.

En 1710. El gobernador Esteban de Urizar y Arespacochaga, planeó una gran entrada al Chaco desde las provincias limítrofes con el más importante número de fuerzas movilizadas hasta ese momento. La acción fue eficaz en la zona tucumana y la altoperuana, pero fracasó en lo que respecta a Santa Fe y Corrientes.

El Chaco se pacificó momentáneamente y se instaló la primera reducción en la frontera de indios lules, llamada luego San Esteban de Miraflores. Desde la frontera tucumana estarán presentes desde entonces la actitud represiva hacia los malones y la obra misional de las primeras reducciones organizadas por los padres jesuitas.

Esta última junto a la realizada en el norte de Santa Fe, significó un cambio fundamental en los intentos de solución del problema indígena en el Chaco.

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