Entre el querer, el deber y el poder
“La verdadera libertad consiste sólo en el poder de hacer lo que debe querer y en no ser obligado a hacer lo que no debe querer” (J.Edwards)
Por: Coco Quiroz Integral Coach [email protected]
En nuestra cotidianeidad, los humanos, divagamos entre aquello que queremos ser y hacer , y desde ese continuo y constante devenir nos vamos acomodando de alguna manera en: dónde queremos?. en donde debemos?.. O tal vez apenas, donde podemos…

¿Por qué hacemos tantas cosas que no nos gustan y porque no hacemos las cosas que si nos gustan?
¿Será que hago lo que quiero, lo que debo o lo que puedo?
Apenas nos vamos acercando a la finalización del colegio, empiezan a sonar algunos ruidos internos, y es aquí donde surge quizás un punto de quiebre, aunque tal vez, este mismo punto, pueda replicarse en muchos momentos y circunstancias de la vida.
Es entonces cuando se abren una par de caminos para conseguir o lograr aquello que nos proponemos: el del deber o el del querer, aunque no debemos omitir a una tercera posibilidad, el del poder. Desgraciadamente, la mayoría toma la vía del deber, influenciados en la creencia de que éste es el correcto y hasta único camino que pareciera visible.
Creo que tomamos esta determinación porque simplemente no podemos ver otras alternativas, culpamos a las circunstancias, además, nos dejamos guiar por otras opiniones, las ajenas; como el medio, la sociedad, los compañeros, familia, etc. Opiniones que llegan a convencernos de que si elegimos el camino de lo que queremos no tendremos un futuro “asegurado”, lamentablemente cuando nos damos cuenta ya es tarde, para comprender que somos cada uno de nosotros, los únicos responsables de elegir un camino.
Desde mucho tiempo atrás, el ser humano descubrió que para poder ser feliz, debía elegir el camino del querer, y entonces ¿Qué sucedió? ¿Por qué el cambio repentino de decir “quiero hacer esto” a “debo hacer esto” o más aun “solo puedo hacer esto”… Pues simplemente, dejamos de hacer lo que queremos, porque consideramos al deber como un mandato, una regla a cumplir para el logro en la consecución de las metas.
El modelo mental graba: “debo trabajar muy duro para tener una linda casa, debo tener una buena figura para agradar a los demás y que alguien se fije en mí, debo comportarme según me dicte mi entorno social para ser aceptado(a), etc.etc. Podemos encontrar así que en miles de cosas siempre se antepone el “debo”.

Pocas veces nos planteamos lo que hacemos, y para que hacemos eso que hacemos. ¿Lo que yo hago, es lo que realmente quiero hacer? ¿Es esto lo que me gusta? Cuantas cosas hacemos sin ganas, sin pasión, sin el ímpetu de hacerlo; y es aquí donde surge el “hago lo que puedo”, lo que significa que hemos entrado en una etapa de conformismo personal.. “hago lo que puedo porque no debo hacer más”…Hola!!! ¿A que les suena?..
Sin embargo son todas estas las formas que se utilizan en el lenguaje cotidiano de cada persona; y si prestamos atención, escucharemos este tipo de frases día a día. Esta forma de costumbre, cae como catarata de generación en generación y es más, seguimos inculcado a las generaciones futuras lo que deben hacer, por encima de aquello que quieran hacer. Tenemos que comprender que el deber y el querer, no significan lo mismo.
El deber es una palabra autoimpuesta por nosotros, por la sociedad; hemos comprado la idea de que el deber es más importante que el querer y que es una regla que se debe cumplir. Querer, es abrir una puerta a los deseos, es tener la posibilidad y la capacidad de elegir y de ejercer voluntariamente mis deseos, decidir qué es para mí lo verdaderamente importante, cumplir así con mis objetivos y alcanzar mis sueños.
¿Y el poder?
El poder, tiene que ver con las circunstancias que rodean mi objetivo, a veces se presentan situaciones que no dependen de nosotros y que hacen que cambiemos de metas o de caminos, lo primordial en este caso, es que no desistamos en ningún momento de aquello que queremos, sin embargo, cuando utilizo, el “solo puedo…” para quedarme conforme, solo estamos limitándonos de saber, de qué somos capaces, hasta dónde somos aptos para llegar a conseguir todo lo que deseamos.
“Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en donde quieres estar mañana” (W.Disney) Consideremos ahora, la importancia de darnos cuenta, observar la diferencia entre el querer, el poder y el deber. Que podamos distinguir que la frase más importante para mí, para Ud. Y para cualquiera de los amigos lectores es “lo que quiero es…” y dejar de escuchar las voces de afuera, lo que los demás quieren para nosotros. Es fácil querer para el otro. Debemos pensar en que es lo más importante para mí y para el logro de mis objetivos, sin afectar lo que realmente estoy dispuesto a hacer. ¿Y esto como se hace?..¿Cómo hacer para saber lo que queremos?
Lo que podemos hacer, que nos acercará a la primera meta, es discriminar lo que se debe hacer, sobre aquello que se quiere hacer, cambiar el tengo o el debo por el quiero. Y si ya estás en algo que debes, busca el lado positivo, lo bueno y comprometerte con el aprendizaje, aprender a querer eso que haces, aprender a cumplir lo que realmente debes y con lo que corresponde, y por último, no aflojar, no desistir si algo falla de eso que quieres, sigue buscando, sigue intentado, no hay tiempos ni límites.
Quiero dejarles una invitación para revisar un video de Facundo Cabral (No estas deprimido estas distraído), que es maravilloso, los invito a buscarlo y escucharlo en la web. En su contenido dice maso o menos así: Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente.
No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. El crecimiento es natural de la vida, el movimiento constante es su causa, y para estar listos para los cambios debemos estar libres, atentos, con las herramientas preparadas para ejecutar, cuando las energías pasen por nosotros. De lo contrario, se esfumarán como el humo que sale de las chimeneas.
Es conveniente siempre estar cerca de los que son buenos receptores, los despiertos, los curiosos como, Russell, Schopenhauer, Bradbury, Eco, Paz, por hablar de los más cercanos. El secreto de Einstein, era seguir a las cabezas más altas que la suya. El de Campbell, fue mecerse en todos los rincones de la historia.
Sólo la inteligencia puede detectar como se entrelazan las cosas de la vida, sólo la inteligencia puede conectarnos con el universo, para comprender que somos parte de él, por lo tanto, tenemos su misma energía. Nada se repite, hay que vivir ahora, y la vida entera está en cada acto, como todo puede nacer de un solo átomo.
La inteligencia, es la que ve antes de ver, la que escucha antes de escuchar, la que sabe a dónde va, con lo que se está diciendo, las grandes consecuencias de la mínima actitud, y sólo el que está presente, puede comprenderlo todo.
El que bebe directamente de la fuente de lo esencial, sabe que todo puede suceder, nada lo aflige, es más, al aprender de los errores, los transforma en aciertos. Nadie tiene derecho a la ignorancia, lo pagará caro, y lamentablemente ensombrecerá el camino de todos, por lo tanto la ignorancia es una manera inconsciente del mal. Así como el ideólogo, que al separar, pude llegar a provocar una guerra, el sabio, sabe que la tarea es hacerse cargo de uno mismo y armonizar diferencias. Separar además de empobrecer es un suicidio, por esa razón hay muertes hasta en las canchas de fútbol.
El sabio no separa, todo es parte del todo, sólo está atento para ver las conexiones. "Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace" (Sartre) "Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace" (Sartre)










