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La esperanza de la Pascua

Los fieles católicos celebran hoy la Pascua de Resurrección, que constituye un símbolo de un nuevo comienzo, de un nuevo resurgir. En un mundo sacudido por la suma de focos de tensión y el riesgo de una escalada bélica, y frente a una sociedad argentina que parece empecinada en potenciar los desencuentros, la celebración cristiana invita a reflexionar sobre el verdadero valor de la paz, el diálogo y la esperanza.

“La violencia no es la cura para nuestro mundo fracturado”, dijo el Papa Francisco en una entrevista concedida al diario La Reppublica pocas horas antes de celebrar la Misa de la Cena del Señor en la cárcel de Paliano, en la provincia de Frosinone, Italia, donde llevó a cabo el rito del lavatorio de los pies a detenidos en ese establecimiento. “Como he dicho en el reciente mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el siglo pasado fue devastado por dos guerras mundiales mortales, conoció la amenaza de la guerra nuclear y un gran número de otros conflictos, mientras hoy por desgracia somos presa de una terrible guerra mundial a pedazos”, dijo el Sumo Pontífice.

“El pecado se manifiesta hoy con toda su fuerza de destrucción en las guerras, en las diversas formas de violencia y el abuso, el abandono de los más vulnerables del mundo, debemos detener a los señores de la guerra, ya que los gastos de las guerras las pagan siempre los indefensos”, agregó Francisco, casi al mismo tiempo en que el mundo se enteraba azorado que Estados Unidos lanzaba su mayor bomba no nuclear sobre Afganistán. “Responder a la violencia con violencia conduce, en el mejor de los casos, a migraciones forzadas y a inmensos sufrimientos, ya que grandes cantidades de recursos son destinados a asuntos militares y antepuestos a las exigencias diarias de los jóvenes, de las familias en dificultad, de los ancianos, de los enfermos, de la gran mayoría de los habitantes del mundo”, reflexionó el Papa. “En el peor de los casos, puede llevar a la muerte física y espiritual de muchos, si no a la de todos”, advirtió. Un día antes, en la audiencia general del segundo miércoles de abril, observó que “Jesús ha traído al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho a la manera de una semilla: se ha hecho pequeño como un grano de trigo; ha dejado su gloria celestial para venir entre nosotros. Para dar fruto, Jesús ha vivido el amor hasta el extremo, dejándose fragmentar por la muerte como una semilla se deja fragmentar bajo la tierra”. En esta jornada, el mensaje pascual debe llegar a los corazones de todos los cristianos y de todos los hombres y las mujeres de buena voluntad que creen que un mundo más solidario y humano es posible, y asumen el compromiso de trabajar para alcanzar ese objetivo. En ese sentido, merecen destacarse las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, quien recordó que “Pascua siempre es comienzo y esperanza de una vida nueva, ella nos invita a vivir nuestra condición de hijos de Dios y de hermanos entre nosotros”, y a la vez lamentó los desencuentros que se viven en el país, tras observar que a los argentinos les cuesta encontrarse “desde la diversidad”. “Un país dividido no encuentra ni da soluciones a los problemas de la gente, especialmente de los más necesitados.

Es necesario y urgente recrear una cultura que tenga su fuente en el diálogo y el respeto, en la honestidad y la ejemplaridad, en el marco institucional de los poderes del Estado, como expresión de una auténtica vida en democracia”, remarcó monseñor Arancedo. También consideró necesario que en esta Pascua se vuelva a tener presente la Oración por la Patria, que nos recuerda que: “Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso con el bien común”. Este domingo de Pascua debe servir para reflexionar sobre la necesidad de asumir un compromiso transformador de la realidad que permita erradicar la violencia, el hambre, la pobreza, la exclusión y la falta de esperanzas, que no son otra cosa que viejos flagelos que vuelven a amenazar a la humanidad en pleno siglo XXI.

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