“Hay que conformar mesas científicas y políticas para revisar los niveles de referencia en agua para consumo”
Los niveles de referencia son parámetros normados y no normados que se aplican para verificar cuándo el uso de un producto nocivo amenaza la vida humana o la biodiversidad. Las cantidades de agroquímicos halladas en la cuenca del río Paraná ponen en peligro la vida acuática, pero el agua sigue siendo apta para consumo. Al menos eso surge de contrastar los niveles presentes en el agua con los permitidos en el país y en el mundo. Sin embargo, resulta que esas referencias fueron establecidas hace más de una década y con datos de bastante tiempo atrás.
Entrevista: Leticia Muñoz
Fotos: Hugo Escobar

“Es urgente la conformación de mesas nacionales científicas, técnicas y políticas orientadas a la discusión de los niveles de referencia en agua para consumo humano”, resalta Damián Marino, investigador adjunto del Conicet, doctor en Ciencias Exactas y licenciado en Química de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). De esa casa de estudios depende el Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA), instituto que motorizó el estudio sobre la presencia de metales pesados y agroquímicos en la cuenca de los ríos Paraná y Paraguay.
El científico estuvo en Resistencia la semana pasada, invitado por la Red de Salud Popular “Ramón Carrillo” para dar una charla donde expusiera los resultados encontrados y los peligros que significan para la vida humana. Antes, en un hotel céntrico, recibió a NORTE y repasó el origen del estudio, haciendo foco en el desafío de actualizarlo y de revisar los niveles de referencia que hoy se usan para comparar si un producto es peligroso para la salud de las personas.
-NORTE: ¿Cómo y cuándo comenzó la investigación?
-Marino: El CIMA es un laboratorio con más de 25 años de experiencia en la temática de plaguicidas. Fuimos cambiando en el tiempo los escenarios de estudio. Hace más de diez años que se iniciaron tareas conjuntas con Prefectura Naval Argentina, para desarrollar estudios sobre lo que hasta entonces era una inquietud: el estado de calidad del agua del río Paraná, considerando que su cuenca junto al río Paraguay es una de las más importantes de Latinoamérica.
Se hicieron muchos parámetros fisicoquímicos, desde los generales de calidad hasta los específicos, como metales pesados o plaguicidas. Es un trabajo que pudo sostenerse en el tiempo. Hay que pensar que hacerlo implica mover un buque como el “Dr. Leloir” de Prefectura durante 30 días por el cuerpo de agua principal del río. Por sus dimensiones, sólo navega por ese curso y luego hay que bajar para hacer el trabajo en las desembocaduras. El monitoreo en sí está realizado sobre la desembocadura de cada uno de los arroyos afluentes que recibe el Paraná. La idea es ver cómo esos arroyos (desde la parte continental argentina) drenan hacia el curso principal del río.
-¿A partir de qué datos inician la investigación? ¿Por qué les interesó estudiar tal cosa?
-En principio surge como una iniciativa conjunta del Ministerio de Ambiente, justamente conociendo el tipo de práctica productiva que alcanza al río Paraná, un río que atraviesa distintas provincias y tiene a su vera distintas industrias. Queríamos saber cuál era el escenario. Al ser una de las cuencas más importantes y ante la falta total de información sobre el estado general del cuerpo de agua, era fundamental generar una línea de información. Hoy sabemos lo que había hasta 2012-2014. Posiblemente el desafío sea realizar un nuevo trabajo y ver qué pasó en el proceso evolutivo hasta hoy.
-¿Cuáles fueron los resultados más relevantes que obtuvieron?
-En cuanto a plaguicidas, puede verse la presencia de glifosato, que empieza a manifestarse a partir de la altura media del recorrido del río Paraná, en el río Saladillo (provincia de Santa Fe), hacia abajo. Allí empieza a manifestarse la presencia de glifosato y a aumentar la concentración sobre los sedimentos del fondo, a medida que uno se va desplazando hacia la cuenca baja. El máximo de concentración está a la altura del río Luján (provincia de Buenos Aires). Podemos ver cómo el glifosato, que no es un insumo industrial sino característico del modelo agroproductivo actual, empieza a manifestarse en el río y a aumentar la concentración a medida que recorre las provincias agroproductivas.
En otro de los trabajos publicados, se advierte la presencia de plaguicidas organoclorados, organofosforados y piretroides, en los casos particulares de cipermetrina, endosulfán y clorpirifós, que se encuentran de manera ubicua, dispersa en toda la cuenca. No hay un patrón geográfico, como en el glifosato. Eso habla de que podemos tener un sistema de goteo desde la zona limítrofe. Porque el Paraná es un río que vincula a distintos países. Hay trabajos científicos de la misma cuenca en la zona de Brasil y los datos de estos plaguicidas son similares a los que encontramos nosotros. Pueden tener distintos tipos de usos, en frutales, horticultura, y esas prácticas ocurren en provincias como Corrientes y Chaco. Entonces hacen que estos compuestos estén de manera aleatoria en el cuerpo del agua.
La sorpresa es que los niveles que encontramos en agua superan el nivel guía recomendado para la protección de la vida acuática. Organismos de regulaciones nacionales e internacionales establecen que existe un valor máximo posible para permitir la vida acuática. Nosotros encontramos que para esos compuestos, en todos los puntos de muestreo, los niveles superaban, lo cual significa que la vida acuática está en riesgo.
Dinámica ambiental
-¿Cómo llegan todos esos componentes contaminantes a las aguas del Paraná?
-Un concepto fundamental que aplica a todos los contaminantes ambientales es el de dinámica ambiental. Un compuesto ingresa en un lugar, pero características fisicoquímicas específicas o del clima, por ejemplo, hacen que se movilice en el ambiente. Si llueve sobre el campo, esa agua puede movilizarse sobre la superficie (lo que se llama escorrentía superficial) y arrastrar partículas del suelo que tienen adheridos plaguicidas, se producen así procesos de infiltración (el agua recorre la estructura del suelo en función de las pendientes de agua). Tenemos procesos donde los campos, una vez fumigados, tienen la deriva primaria (el spray) y la secundaria (la remisión de los plaguicidas hacia la atmósfera, luego llueve, la gota de lluvia lava la atmósfera y la deposita sobre un cuerpo de agua o sobre las ciudades). Un trabajo nuestro está mostrando la presencia de plaguicidas en agua de lluvia en ciudades plenamente urbanas, como La Plata, y eso es por el fenómeno de transporte atmosférico.
En los campos hay vientos, y eso moviliza la tierra. Se llama erosión eólica. Son muchos mecanismos de transporte que hacen que los compuestos desde el campo puedan alcanzar grandes distancias. Un ejemplo es la presencia de atrazina (un herbicida de uso genérico) en la Antártica, como lo demuestra la evidencia científica, y tiene que ver con procesos de transporte atmosférico.
Suficiente evidencia
-Ustedes evaluaron que la presencia de esos compuestos amenaza la vida acuática. ¿Pero cuáles son los peligros para la población?
-El agua tiene distintos niveles de referencia. Uno se denomina recreación, otro es el consumo humano. Si uno compara los valores que nosotros encontramos con la legislación vinculada para estos tipos de usos, el agua es apta. No representaría aparentemente un riesgo para la salud. Pero posiblemente haya que discutir si esos niveles no están totalmente desactualizados, porque están fijados alrededor del año 2005 con información de fines de los ’90. No es un problema de Argentina sino de la OMS. La evidencia científica que apareció desde la década del ’90 hasta hoy es suficiente como para cambiar algunos niveles de referencia. Otro ejemplo: nuestro Código Alimentario fija que de atrazina puede haber dos microgramos por litro de agua. Hoy hay información suficiente para demostrar que los niveles establecidos están teniendo efectos sobre organismos. Implica que automáticamente deberían reverse los niveles y poder ajustarlos. Muchos productos que se usan en los sistemas productivos actuales no están siquiera incluidos en la lista de compuestos a ser vigilados en las muestras de agua para consumo humano.
-Bueno, esa es una tarea para las autoridades que gobiernan.
-Es tarea urgente. No hay que demorar la conformación de mesas nacionales científicas, técnicas y políticas orientadas a la discusión de los niveles de referencia en agua para consumo humano.
-¿Qué falta para cumplir con ese espacio de discusión?
-Son decisiones políticas. El Estado debe convocar porque luego deberá armar la nueva normativa y la reglamentación, la articulación, las evaluaciones tecnológicas, las decisiones políticas del origen del agua que podrá consumirse. No decimos que lo vamos a resolver mañana. Llevará décadas. Pero es algo que no puede demorarse más, para que de acá a diez o quince años tengamos un nuevo sistema regulatorio de calidad de agua y que sea mucho más eficiente y dinámico.










