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El Domingo de Ramos

Para los cristianos hoy se inicia Semana Santa con el Domingo de Ramos y leemos el pasaje bíblico de la Pasión del Señor según San Mateo.

El relato es dramático pues al interior de la comunidad se presentó la codicia, la traición, la agresión y el abandono al Maestro. La relación de Jesús con Dios no se interrumpe, aun cuando Dios parece desaparecer, Jesús muere con una fe perfecta, abandonándose confiadamente en Dios su Padre. Jesús no muere como un derrotado, sino con la dignidad y la certeza de que Dios siempre ha estado de su parte.

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“Oh, Dios, que nos permites renovar coda dio el memorial de lo pasión de tu Hijo, concédenos Iniciar la Semana Santa conforme a tu voluntad”, la invocación de este día.

La lectura bíblica

En aquel tiempo, Jesús fue llevado ante Poncio Pilato, y el gobernador le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió: Tú lo dices. Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los andinos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó ¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti? Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato: ¿A quién quieren les suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías? Pilato sabía que lo habían entregado por envidia Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: No te metas con ese justo, porque .esta noche he sufrido mucho soñando con él. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús.

El gobernador preguntó: ¿A cuál de los dos quieren que les suelte? Ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les preguntó: ¿Y qué hago con Jesús llamado el mesías? Contestaron todos: ¡Que lo crucifiquen! Pilato insistió: Pues, ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban más fuerte: ¡Que lo crucifiquen! Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo: Soy inocente de esta sangre. ¡Allá ustedes!’ Y el pueblo entero contestó: Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Entonces soltó a Barrabás. A Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

¡Salve, rey de los judíos!

Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo: ¡Salve, rey de los judíos! Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada La burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Crucificaron con él o dos bandidos.

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la Cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir ‘La Calavera’, le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: Éste es Jesús, el rey de los judíos. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

“Si eres Hijo de Dios, baja de la Cruz” Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza. Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo. Si eres hijo de Dios, baja de la Cruz. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo: A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la Cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decías que era Hijo de Dios? Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Eli, Eli, llama sabaktaní

Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron las tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó: Elí, Eli, lamá sabaktaní, que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron: A Elías llama éste. Uno de ellos fue corriendo; enseguida, cogió una esponja empapada en vinagre y sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás decían: Dé jalo, a ver si viene Elías a salvarlo. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito. Exhaló el espíritu.

En esto, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después de que Él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

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