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Instituciones de Salud Mental

La contención intramuros

Habitante de un mundo de fantasía, delirios y alucinaciones como de creencias extrañas y pensamientos fuera de serie, el sujeto con padecimiento mental encuentra en la escucha, en la contención afectiva y en los fármacos una forma de restablecer lazos con la realidad.

Por Ernesto Omar Leguizamón

Durante mi infancia vi al papá de un amigo hablándole a un poste de luz y confirmé el rumor que andaba corriendo por el barrio: don Prado -el mecánico- se había vuelto loco. Los vecinos conjeturaban que su estado se debía al alcohol, otros porque su familia lo había abandonado. Él repetía que la culpable de sus males era su madre, a quien hostigaba constantemente. Por otro lado ‘deliraba’ que su familia había viajado a comprar una flota de 300 camiones y que luego lo buscarían. Sólo desde las neurociencias se podría develar el misterio de la mente de los esquizofrénicos (mente dividida).

El sujeto con padecimiento mental transcurre su vida no solo limitado por paredes de algún instituto, en caso de estar internado, sino también por psicofármacos, sus propios pensamientos y una sociedad para la cual pareciera no tener lugar. Son como el común de la gente pero que ven u oyen cosas que los demás no; alucinaciones y delirios que rondan los pasillos donde moran.

El Instituto de Psicopatología Resistencia (Clínica Saavedra) centra su trabajo en actividades terapéuticas que buscan potenciar los aspectos sanos, ayudando de esta forma a sobrellevar la enfermedad mental. Se trata de un trabajo conjunto que implica acompañamiento psicológico y psiquiátrico, actividades de laborterapia y educación física. Su directora médica Mirta Cáceres y la licenciada en Psicología Agustina Córdoba, respondieron a la entrevista.

¿De qué hablamos cuando nos referimos a la persona psicótica?

- Psicótico es aquel que tiene ideas delirantes o alucinaciones manifiestas siempre en ausencia de conciencia de su naturaleza patológica. Una definición de psicótico podría pensarse caracterizada por la pérdida de las fronteras del ‘ego’, o dicho con otras palabras, como un deterioro significativo del contacto de ese sujeto con la realidad. Se caracteriza por su lenguaje o comportamiento desorganizado o catatónico. La esquizofrenia es el trastorno sicótico más clásico y más común.

¿Cuánto de avance existe hoy desde las neurociencias?

- Hoy sabemos que gran parte tiene que ver con los neurotransmisores, con las recaptaciones del metabolismo cerebral. Se avanzó mucho al respecto aunque la sociedad sigue desafectivizada; no está preparada para atenderlos, porque si es por las medicaciones estas son iguales en todo el mundo, no pasa la cuestión solo por ahí. Acá hay demasiada discriminación, ya desde la niñez cuando un chico no aprende igual al otro o no pasa de curso lo terminan discriminando. En países como Alemania estos pacientes no se internan porque la sociedad está preparada para contenerlos. Igual es cierto que el paciente esquizofrénico no debe abandonar su medicación, ya que de hacerlo lo más probable es que sus síntomas reaparezcan y en esas condiciones suele perder su lugar e inserción familiar y como esta se desborda también hay que contenerla.

¿El rótulo ‘loco’ es de por sí estigmatizante?

-Rotular a este tipo de pacientes es peyorativo, en la comunidad médica ni siquiera estamos de acuerdo en poner un nombre al diagnóstico, por ejemplo: esquizofrénico, ya que la persona funciona como el diagnostico que se le coloca y eso sería ponerle un sello a alguien que puede cambiar. Hoy se puede estar deprimido o ansioso y mañana, tal vez no. Desde acá trabajamos con el objetivo de reinserción en el hogar, con altas que son programadas y pueden regresar a la internación en caso de una descompensación. También existen otras alternativas como el hospital de día o el consultorio externo. La idea es que el paciente esté lo menos posible internado.

¿Cómo trabaja su equipo?

- Es un trabajo en equipo más allá que cada uno tiene su especificidad desde su disciplina. Realizamos talleres con laborterapia y educación física, algunos trabajos grupales y asambleas de convivencia. Ahora, por ejemplo, con laborterapia se trabaja la estimulación cognitiva, mejorando la memoria y la atención a través de crucigramas, sopas de letras y otros juegos. También buscamos fortalecer lazos familiares o núcleos de contención afectiva que el sujeto tenga fuera de la institución, lo que implica estar en contacto con los familiares, realizar reuniones periódicamente. Esto es importante ya que de no ser así se dificulta la posibilidad para la externación.

¿Cuál es el momento más difícil para un paciente?

- Pienso que su ingreso, ya que llegan descompensados y eso de por sí representa una situación angustiosa tanto para él como para su familia que no sabe cómo abordar la problemática. Justamente lo que se busca, más allá de cierta estabilización, es articular lo que no funcionaba afuera para que funcione al momento que el paciente se externe. El paciente siempre quiere volver a su casa, aunque de alguna manera a la clínica también la siente como propia, sobre todo en casos de internaciones prolongadas. Dentro de la clínica forman lazos afectivos con el personal, compañeros, enfermeros, maestranzas y profesionales que los asisten y contienen.

¿La sociedad sigue mostrando apatía con las personas con padecimiento mental?

-Considero que no se trata sólo de apatía, sí que influyen múltiples factores. O si hay apatía habría que ver a qué responde. Creo que lo que le falta es identificarse, de alguna manera, con el otro. Falta entender que su destino no es irremediable sin posibilidad alguna de recuperación, y saber que esa persona con deterioro mental debe sentirse respetado, apoyado, cuidado y sobre todo querido. La forma en como una sociedad trata a sus enfermos dice mucho de ella y el camino hacia la dignificación de ese ser humano está en la interacción social.

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El presente

Hoy, a más de cuatro décadas de aquel episodio que tuviera con quien se volviera loco en mi pueblo, el uso del eufemismo (esquizofrénico) no cambió en nada la forma que tiene la sociedad para relacionarse con ellos. Extramuros solo los más cercanos saben lo que es sufrir por seres a los que el padecimiento mental transformó, volviéndolos distintos a lo que alguna vez fueron y que de pronto no pueden disfrutar ni siquiera de cosas tan sencillas como son el compartir una salida con amigos, alguna sobre mesa extendida o el de disfrutar de una mañana caminando por el lugar que fuere.

“Una noche de carnaval bonaerense tres internos de un antiguo neuropsiquiátrico aprovechando un descuido lograron fugarse. Al otro día se dieron cuenta y salieron a buscarlos. No recorrieron mucho y los seis hombres venían caminando por el medio del camino. Para sorpresa eran los internos que regresaban acompañados de otros que andaban sueltos y a los que convencieron para internarse con ellos”.

La importancia de la educación física

Agustina Córdoba explica que en el área de psicomotricidad se trabaja con personas que cargan, en la mayoría de los casos, una acentuada torpeza en la movilidad y un lenguaje muchas veces incomprensible o poco fluido, aunque siempre están predispuestas a las actividades de juego o al baile.

Los momentos en el patio contrarrestan aspectos desmejorados por la misma enfermedad y jugando se calma la ansiedad, se fomenta la risa, una cualidad casi olvidada en lugares intramuros.

Todo esto activa mecanismos fisiológicos liberadores de endorfinas (hormona del bienestar) que mejoran su calidad de vida.

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