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David Zambrino, expresidente del Centro de Combatientes

“El proyecto para identificar a los sepultados comenzó en el Chaco”

El expresidente del Centro de Combatientes del Chaco sostiene que la iniciativa por la identificación de los soldados sepultados en Malvinas comenzó en el Chaco, en 2010.

Textos de Claudia Araujo – Fotos de Archivo y Télam

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“Digan lo que digan este proyecto no se detiene”, afirma Zambrino.

“Ocho familiares dieron su aprobación para que les tomen muestras genéticas en ese momento y Alejo Padilla -que desde 2011 es juez federal en Dolores-, entrevistó a varios de ellos en mi casa”, cuenta David Zambrino a CHAQUEÑA.

El pedido de las familias se presentó ante tribunales de Comodoro Py, en la Ciudad Autónoma, sin recibir respuestas. Un año después llevaron el mismo planteo a la presidenta Cristina Fernández, que en un acto en Ushuaia anunció el respaldo al proyecto.

En 2011 la Justicia falló a favor de ocho familias del Chaco por su derecho a verdad, y al año siguiente la Nación firmó con la Cruz Roja un protocolo humanitario que está en marcha.

En el cementerio Darwin hay 237 tumbas, 123 contienen restos sin identificar, que llevan una lápida negra con la inscripción: ‘soldado argentino sólo conocido por Dios’.

Zambrino asegura que cerca de 1.800 a 1.900 chaqueños fueron convocados al combate; de los 67 fallecidos hay 24 sin identificar y de ellos hasta ahora 22 familiares dieron muestras para determinar la compatibilidad genética. 

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Una de las exposiciones en las calles de Resistencia, realizada por el Instituto de Cultura del Chaco.

Entre los últimos contactos institucionales, este año conversó con el excapitán británico Geoffrey Cardozo, que dio sepultura a los caídos y aportó información que permita identificarlos. Antes de hacerlo, los ingleses pidieron que una delegación argentina reconociera los cuerpos, pero el gobierno dictatorial no envió a nadie. Cardozo registró todo lo que vio e hizo y ese informe abrió las puertas para que los estados realicen los estudios de ADN. Con 80 años de edad, en enero vino al país para retomar pasos técnicos que den continuidad al proyecto de reconocimiento.

“Le pregunté por qué vino, contestó que (la identificación de los cuerpos) es un golpe que tiene en el pecho”.

Contras quienes sostienen que debajo de las lápidas no hay nada, Zambrino afirma que le cree a Cardozo, porque estuvo ahí y porque sigue de cerca los pasos para esclarecerlo. 

En 2011, el Centro de Ex Combatientes Cecim-La Plata y el Centro de Ex Combatientes del Chaco presentaron ante la Justicia en lo Criminal y Correccional un pedido al Estado para que disponga ‘las medidas necesarias’ que garanticen el ‘derecho a la identidad’ de los soldados fallecidos en Malvinas.

 

Norma, hermana de Eduardo Gómez

“Que se los reconozca es parte del duelo y de una herida enorme”

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En entrevistas con otros familiares y en la difusión pública del tema, Norma defiende el trabajo de los científicos para identificar los restos.

En una reciente entrevista para Canal Encuentro -que se emitirá esta semana- Norma Gómez, la chaqueña que integra la comisión que impulsa la identificación de los caídos en Malvinas volvió a contar lo que la guerra representa para una familia marcada por las pérdidas. Su hermano Eduardo Gómez nunca regresó de las islas, en 1982 tenía 19 años. Este año el recuerdo es más doloroso porque hace tres semanas también despidió a la madre y de nueve hermanos, solo cuatro quedan con vida. Aunque ella resida hoy en Sáenz Peña, todos provienen de Villa Berthet.

En una fecha con una carga emocional mayor para los que perdieron a un familiar, reflexiona que “de Malvinas deberíamos acordarnos todo el año, porque después que pasa el 2 de Abril nos olvidamos de tantos héroes que caminan entre nosotros”.

Ella también sostiene que la intención por identificar los cuerpos comenzó en Resistencia en 2011, en una conversación con David Zambrino, Ernesto Alonso, de Buenos Aires, y el abogado Alejo Ramos Padilla.

Recorrer el país para hablar con otros familiares fue una experiencia muy difícil. Después de más de cinco años de entrevistas y de ver vidas y proyectos interrumpidos considera “importante que se los reconozca, como parte del duelo y como parte de una herida enorme”.

Como otros argentinos ya pasó por entrevistas con antropólogos y se muestra esperanzada con la comitiva científica que comenzará el reconocimiento de las muestras que irán al banco genético de Córdoba. Para los que descalifican esa cruzada, responde “que vayan a los ministerios de Desarrollo Social y de Justicia de la Nación, ahí están las pruebas de lo que defendemos”.

Las diferencias 

En respuesta a una reciente polémica por pintadas atribuidas a grupos nacionalistas, Norma lamenta las contras al proyecto: “Hay gente que nos molesta y que no quiere avance en el tema”.

Además repudió enfáticamente el reciente escrache contra el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y la madre de Plaza de Mayo Nora Cortiñas: “Lo único que pedimos es que nos respeten y que nos dejen tranquilos”, insistió.

El escrache lo organizó un grupo de familiares de caídos que acusaron a la comitiva que acudió a una misa en Malvinas y se pronunció a favor de la identificación de los restos. Para el sector llamar a los muertos NN es denigrarlos y por eso también rechazan que se intente presentarlos como víctimas de la dictadura militar.

Las dos miradas confrontan en lo ideológico, lo histórico y en la mirada hacia la institución militar y quienes la conducían.

Para los defensores del análisis genético, que de 123 soldados sin identificar, haya familiares de 84 que aceptaron el cotejo en laboratorio es un logro. 

El último rescate

En el documental chaqueño El último rescate (Cluster audiovisual) Noelia Flores narró cómo un soldado dijo haber visto a su hijo Adolfo Víctor Vallejos malherido. Como el testigo también estaba herido, se desvaneció y despertó en un camión. Fue el último en verlo, después  nadie más supo de él.

La voz y la expresión de otros hilvanan una historia colectiva que no termina de cicatrizar, pese a que ya pasaron 35 años.

En la producción audiovisual se puede escuchar a Martiniano Benítez decir que faltaba muy poco para que le dieran el alta a su hijo Ángel Amado Benítez.

Otro testimonio estremecedor es el de la familia de Juan Carlos Dávalos. Benita Zaucedo (madre) y Ramona Dávalos (hermana) narran que tuvieron muy poca comunicación con él desde que lo convocaron a combate, pero además porque no sabía leer ni escribir. El 2 de abril, cuando todos salieron a la plaza a festejar la ocupación de las islas, Ramona describe que se sentó en un banco de la plaza central preocupada por lo que le depararía a Juan Carlos. Al final de la guerra, como a tantas otras familias, un militar les dijo que se desconocía el paradero.

Ángela Lagos (madre) y Ramón Alegre (padre) sienten que Celso Alegre todavía está vivo, porque no vieron su cuerpo. “Él no está muerto”, responde  Ramón en qom, en el patio de la casa, en La Leonesa. Ramona Alegre (hermana de Celso) confirma la negación de tantos otros familiares sobre los cuerpos sin reconocimiento y que fueron enterrados en el sur.

Para algunos es una forma de mantener viva la esperanza de un regreso o de extender el tiempo antes de confrontar con la verdad.  

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