Proteccionismo de EE.UU. puede beneficiar a Argentina
Al asumir como nuevo presidente de Estados Unidos, el polémico multimillonario, Donald Trump, reiteró lo que había prometido en la campaña electoral: cerrar las fronteras e imponer políticas proteccionistas, dejando de lado los postulados de libre comercio que habían enarbolado las administraciones que lo precedieron. En América Latina este inesperado giro ya comenzó a generar un reordenamiento en el tablero comercial de la región, con movimientos que podrían beneficiar principalmente a los productores de granos argentinos.
Hace pocos días, el número dos del Ministerio de Economía de México, Juan Carlos Baker, reveló que ante el proteccionismo que impone Estados Unidos su país estudia seriamente la posibilidad de bajar a cero los aranceles a las importaciones de granos provenientes de Brasil y Argentina, es decir otorgar un estatus similar a los que las leyes mexicanas ofrecen actualmente a los productos agrícolas norteamericanos. El funcionario observó que gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) que creó una zona preferencial entre México y Estados Unidos, importar granos casi exclusivamente desde su vecino del norte obedecía a las ventajas que otorgaba el acuerdo comercial, pero a partir del momento en que el nuevo inquilino de la Casa Blanca puso en duda la continuidad de ese tratado, que está vigente desde hace dos décadas, el país azteca evalúa la posibilidad de ofrecer acceso libre de aranceles a los granos provenientes de Argentina y Brasil como una alternativa a las importaciones estadounidenses.
Según datos oficiales, M éxico importa el 98 por ciento de su maíz de Estados Unidos, y el año pasado desembolsó un total de 17.700 millones de dólares por el total de importaciones de productos agrícolas estadounidenses. Se trata de un mercado de gran volumen que despierta un enorme interés tanto en productores argentinos como brasileños que confían en que el proteccionismo de Trump termine abriendo las puertas del comercio mexicano a favor de los granos que se producen en este otro extremo del continente. En México, en tanto, pese al sentimiento antinorteamericano que despertó el sucesor de Barack Obama, a partir de las duras declaraciones que formuló contra los inmigrantes mexicanos, se generaron algunas dudas respecto a la conveniencia de importar granos desde países productores que están a gran distancia, en lugar de continuar con la compra a EEUU.
El viceministro Baker, sin embargo, observó que como los granos norteamericanas se transportan por tren, la posibilidad de llevar productos desde Argentina o Brasil podría estar en un pie de igualdad ya que se realizan a través de barcos, cuyo costo de fletes son inferiores si se los compara con el costo que demanda el movimiento de materias primas agrícolas que se realizan por tren.
¿Podrá la Argentina convertirse en un importante proveedor de granos de México? Todavía es prematuro para arriesgar una respuesta, pero si las relaciones comerciales entre el país azteca y los Estados Unidos se vuelven más complicadas, y Trump no cede a las presiones de los agricultores norteamericanos, la balanza comercial argentina finalmente podría verse beneficiada con la decisión del gobierno mexicano de diversificar las fuentes de sus importaciones agropecuarias y de mirar hacia el sur para buscar otros proveedores. Debe tenerse en cuenta, además, que Estados Unidos no solo exporta a México granos, como maíz, trigo y arroz, sino también carne porcina, de aves y bovina, es decir productos que también podrían ser colocados por Argentina en el mercado azteca.










