La caída anunciada de la industria textil
Según los últimos datos registrados por la Federación de Industrias Textiles Argentinas, en diciembre la caída de la actividad fue de un 27,4% interanual, mientras que en enero pasado la producción cayó un 11,1%, en un contexto de aguda crisis para el sector agravado por la apertura de las importaciones.
En su último informe sobre la evolución de los principales indicadores sectoriales relacionados con la producción, las ventas y el empleo, la Federación de Industrias Textiles Argentinas atribuye el desplome a la contracción del consumo interno sumado al incremento sostenido de las importaciones, que llevó a una pérdida sustancial de la participación de la producción nacional en el mercado interno, a una disminución de la utilización de la capacidad instalada (48,9% en diciembre de 2016, según Indec) y a una fuerte caída en los niveles de empleo del sector. No caben dudas de que las políticas económicas impulsadas por el gobierno nacional colocaron contra las cuerdas a una industria que había logrado ponerse de pie pese a las difíciles condiciones del contexto internacional.
La mayoría de las empresas del sector acusaron el duro golpe del programa económico nacional y el caso de Alpargatas, por citar solo un ejemplo, refleja el difícil momento que atraviesa la industria textil: dos años atrás la fábrica que la firma tiene en la localidad de Florencio Varela producía cerca de un millón de metros de hilo por mes; en cambio ahora la producción apenas llega, con suerte, a los 400.000 metros de hilo en ese mismo período de tiempo. En enero la empresa cerró su planta en Villa Mercedes, San Luis, lo que significó una pérdida de 170 puestos de trabajo. Una suerte similar corrieron pequeñas y medianas empresas de la industria textil de todo el país que no pudieron soportar el embate de las importaciones. Se calcula que en estos días la capacidad ociosa de las plantas ya llega al 40 % y que el ingreso de productos textiles provenientes del exterior puede agravar aún más la situación de este importante sector industrial que en diciembre contabilizaba alrededor de 5000 despidos y 11.000 suspensiones. El impacto, por supuesto, también se sintió en la provincia del Chaco donde el reclamo planteado al gobierno nacional por representantes de los sectores empresariales, industriales y de los trabajadores que se reunieron la semana pasada en el parque industrial de Puerto Tirol para expresar su preocupación, así como el alegato de legisladores chaqueños todavía esperan una respuesta. Lo poco que se sabe sobre lo que tiene pensado hacer el gobierno nacional ante este desalentador panorama, es que impulsará un programa de reconversión productiva que no contempla la asistencia a las empresas que están al borde del cierre, sino que propone que los empleados de las fábricas que se queden sin trabajo se reconviertan y adapten a la actividad de otras empresas que, en un futuro, tengan previsto convocar a trabajadores.
Mientras tanto, el combo conformado por la fuerte retracción en las ventas producido por la caída del poder adquisitivo de los salarios de la mayoría de los trabajadores y por el ingreso de materias primas e hilados y confecciones desde el exterior, sigue erosionando los cimientos de la industria local. Si bien en febrero algunas de las importaciones que impactan en la industria textil volvieron a registrar una leve desaceleración, el ingreso de productos terminados sigue en alza, y lo que es peor, no se avizoran perspectivas de mejora sustancial para lo que queda del año.










