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Competitividad, importaciones, empleo, inflación, dólar y endeudamiento

La visión de economistas chaqueños sobre los problemas centrales que frenan el desarrollo del país

Signos de recuperación atenuados, que al momento no impactan en beneficio de la mayor parte de la población, caracterizaron al 2016 y se extienden hasta los primeros meses de este año. Para analizar el escenario económico, sus complicaciones y sus perspectivas, los economistas chaqueños Marcelo Nievas y Diego Arévalo opinan sobre aspectos claves como competitividad, tipo de cambio, inflación, apertura económica y endeudamiento.

Sus distintas visiones resultan confluyentes en preocupaciones como la falta de desarrollo de infraestructura para la producción y la logística, con directa incidencia en la competitividad; el impacto de importaciones en ciertos sectores industriales; y el endeudamiento de la Nación y de las provincias.

“Si la apertura comercial genera pérdida de trabajo local y pérdida de poder adquisitivo, no sirven precios bajos sólo para los pocos que siguen pudiendo comprar”, advierte Marcelo Nievas, licenciado en Economía y profesor de Macroeconomía de la UNNE.

Para Diego Arévalo, también licenciado en Economía y profesor universitario, hay algunas situaciones que encienden la alarma de la economía. Entre ellas “el empleo es la variable más sensible y con efectos más inmediatos de un conjunto de medidas sin plan”.

Ser competitivos es la cuestión

Son varios los sectores que reclaman al Gobierno nacional un tipo de cambio más alto (dólar más caro) como elemento determinante para recuperar y mejorar la competitividad. Hace pocos días, el presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, Alberto Padoán, pidió un dólar a 20 pesos.

“Debemos romper esa creencia de que la competitividad es determinada exclusivamente por el tipo de cambio. Es muy relevante entender que el tipo de cambio real, es decir, el valor de los bienes argentinos expresados en bienes del resto del mundo, está en niveles bajos, más cercanos al período de convertibilidad que al de la primera década de este siglo, y haciendo que seamos caros comparados con otros países”, expone Nievas.

Según recuerda “lo que muchos sectores cuestionan es que, desde que cambió el gobierno en Argentina, el tipo de cambio subió solamente un 20%, cuando la inflación en el mismo período fue más del doble. Entonces, los sectores que tienen ingresos en dólares y costos en pesos se ven afectados, del mismo modo que aquellas industrias que ven cómo el dólar barato permite el ingreso de productos importados sin restricciones, como se refleja hoy en día en la realidad de la industria textil”.

En suma, señala en términos de competitividad que resulta siempre “más sencillo subir el tipo de cambio que modificar la matriz energética, mejorar la logística o implementar una reforma tributaria. De ahí que sea el principal pedido de los sectores que no fueron los ganadores del nuevo modelo económico”.

Para Arévalo, ex presidente del Nuevo Banco del Chaco y hoy funcionario municipal, el problema de la economía argentina “ha sido y es su incapacidad para desarrollar (y mantener en el tiempo, cuando las hubo) instituciones políticas, económicas y sociales capaces de generar un crecimiento sostenido en la competitividad respecto de otros países”.

En ese contexto, subraya que “pensar que la competitividad es definida exclusivamente por el tipo de cambio resulta un grave error que evita la discusión de fondo”. “Pensar en competitividad es pensar en un plan nacional que involucre, al menos, el tratamiento de seis temas: infraestructura para la producción y la logística; educación y entrenamiento laboral; tecnología e innovación; mercados financieros y laborales; empresarios comprometidos con la producción y comercio exterior”.

En ese punto, Nievas visualiza a la competitividad como “un fenómeno multicausal”, es decir, que “depende de las decisiones de las empresas, de las políticas económicas y de nuestra forma de organización y valores como sociedad”. “No ponernos de acuerdo en qué modelo económico debemos impulsar es el motivo de nuestra historia de ciclos buenos y malos”, señala.

En materia de política económica, resalta que deben existir algunas condiciones de partida, refrenadas en aquellos países del mundo que son modelos por su historia de éxitos: población con buenos niveles de educación, marco regulatorio y fiscal propicio para el desarrollo de empresas y una infraestructura acorde, entre otros factores. “En todos estos temas, Argentina tiene una agenda pendiente enorme. Algunas medidas recientes como el Plan Belgrano son sumamente relevantes, pero tienen que ser posibles de ser llevadas a la práctica y es ahí donde veo dificultades”, advierte.

Adicionalmente, plantea que el problema de competitividad debe evaluarse “a partir de las desigualdades regionales del país”. “No es un tema nuevo, pero otra vez, como argentinos no podemos ponernos de acuerdo en cuestiones básicas”, lamenta.

¿Dólar barato o dólar caro?

Para Arévalo, tener hoy un dólar más alto “es solo útil para un subconjunto de la sociedad que exporta, en general, productos agropecuarios en bruto o industrializados”.

En su análisis, resalta que “el precio del dólar actual no es de equilibrio en el mediano plazo”. “Estamos frente una demanda caracterizada por el turismo y la remisión de utilidades al exterior. Mientras que, por el lado de la oferta, pesan el endeudamiento nacional y provincial en cantidades y el blanqueo de capitales. Pero ni el blanqueo ni el endeudamiento durarán para siempre, por lo que es esperable que la oferta de divisas se reduzca abruptamente y el dólar empiece a subir sostenidamente, por encima del precio actual”, opina el experto.

Para Nievas resulta “difícil plantear un valor al tipo de cambio ideal”. “Pero cuando vemos desequilibrios, sumados a la fuerte demanda de dólares para atesoramiento, entendemos que la manera de acomodar esos desequilibrios es con un dólar por encima del actual”, indica.

Acerca de la creciente demanda de la divisa, considera que son varios los factores que la explican. “Por un lado, los ahorristas consideran que está barato; por otro lado, ven que las tasas que pagan las inversiones en pesos no lucen atractivas y que seguirán bajando por lo tanto invierten menos en pesos, y finalmente, existe una oferta constante de dólares que puede acompañar ese exceso de demanda”, enumera.

En ese sentido, explica que “el acceso a financiamiento externo de Nación y provincias, sumado a las buenas perspectivas de cosecha, hacen prever que la oferta seguirá firme y que el dólar tiene unos meses más de tranquilidad”. “Esos dólares irán seguramente a la demanda de pequeños ahorristas (para guardar, viajar al exterior o comprar) y a acrecentar las reservas internacionales”, apunta.

Por último, según las perspectivas del mercado, Nievas estima que el dólar se ubicará entre $17,75 y $18, de acuerdo con los negocios del mercado de futuros y el resultado del relevamiento de expectativas del Banco Central. “Es decir, una suba anualizada del orden del 16 a 17% para lo que resta del 2017. También hay cierto consenso en que el dólar seguirá subiendo pero cada vez más lento, esperando que 2018 arroje una suba de entre 13% y14% anual (lo que dejaría un dólar de $20/21)”, analiza.

Los riesgos del endeudamiento en dólares

NORTE: ¿Cuán peligroso es para el país seguir ampliando el endeudamiento en dólares?

Marcelo Nievas: Para esto debemos entender de dónde venimos y cómo sigue la economía. Argentina mantuvo una relación deuda/producto muy baja hasta 2015; la necesidad de financiar el déficit fiscal y comercial llevó a que el gobierno se beneficiara de la lluvia de dólares financieros que fluyen a nuestro país en un escenario internacional donde las inversión tiene rendimientos anuales del 1 o 2%, cuando Argentina paga 3 o 4 veces eso.

El problema que puede venirse es que la suba de tasas en el mundo vuelva muy caro refinanciar los vencimientos. En la medida en que la economía crezca, se estabilicen los precios y se reduzca el déficit fiscal, el costo de refinanciar la deuda será menor y el peso de la deuda se mantendrá en niveles aceptables, como en la actualidad. En caso contrario, volveremos a ver episodios conocidos. En conclusión, deberíamos buscar que sea la actividad económica la que aporte los dólares que hoy llegan por la deuda.

Respecto a la situación de deuda de las provincias, veo con preocupación la situación de aquellas que han emitido en dólares y tienen una base económica que no genera esas divisas para el repago. Dependerá del destino de esos fondos. Si finalmente contribuirán a incrementar la actividad económica, entonces no hay porqué preocuparse.

Tengamos en cuenta también que el camino del endeudamiento fue necesario porque, con la caída en la actividad y la consiguiente reducción de ingresos -propios y coparticipables-, las provincias tuvieron que hacer enormes esfuerzos para sostener el empleo y los ingresos.

Diego Arévalo: Los niveles de endeudamiento son crecientes, tanto en el gobierno nacional como en las provincias. Pero el problema no es el endeudamiento en sí mismo sino su destino: financiar los déficits públicos derivados de gastos corrientes (no hay inversión).

Entonces es de esperar que si no se resuelve el déficit fiscal, el endeudamiento sea la única herramienta para equilibrar las cuentas públicas. Al menos hasta que nos quieran prestar en el exterior.

Alarma encendida

Diego Arévalo marca algunas situaciones que encienden la alarma de la economía argentina: inflación, endeudamiento y déficit fiscal, y empleo. Luego de advertir que “la inflación no desciende”, apunta: “No bajará en la medida en que el costo de su reducción deba pasar por el salario, ya que la fuerza sindical y gremial no puede permitir (al menos no permanentemente) la reducción de salarios reales”.

“La canasta que cuenta para controlar la inflación tiene que ver con los alimentos y los servicios básicos (luz, agua, gas) y de transporte (combustible). Respecto de los primeros, es difícil sostenerlos cuando son bienes que participan del comercio mundial y los precios internos dependen de los precios de exportación. Respecto de los segundos, son sobre los cuales el Gobierno tiene mayor posibilidad de controlar, puesto que sus precios son regulados”, explica.

En ese orden, considera que “abrir la importación para segmentos no determinantes de la canasta de consumo familiar (como juguetes, por ejemplo) no tiene efecto sobre la inflación pero sí sobre el nivel de empleo (generando desempleo)”.

Por otra parte, subraya que “el empleo es la variable más sensible y con efectos más inmediatos de un conjunto de medidas sin plan”. “Cuando los salarios reales se reducen, impactan en la posibilidad de consumo de las personas, lo que repercute en la producción de las empresas y como consecuencia en el empleo que éstas contratan”. “Si las promesas de inversiones directas se hubiesen concretado, este efecto se hubiera visto reducido. Pero las inversiones no aparecieron aún y el tiempo entre la promesa y la concreción se cuenta en puestos de trabajo perdidos”, plantea.

Finalmente, sostiene que “encarar un plan económico concreto en sus objetivos y metas, comunicado y que distribuya los costos según la capacidad de soportar de cada sector es indispensable para que la Argentina pueda dar siempre pasos hacia adelante, más cortos o más largos, pero hacia adelante”.

La infraestructura, una clave para el

despegue de las economías regionales

Según la visión de Marcelo Nievas, sin infraestructura –energía eléctrica, gas, ferrocarriles, puertos, etcétera- las economías regionales “corren desde lejos contra el resto de las provincias y principalmente la Pampa Húmeda” en materia de competitividad. “A eso tenemos que sumar mano de obra preparada, no para lo que fue el mundo sino para lo que será; eso significa pensar en otra agenda, donde la innovación tecnológica sea el eje central”, resalta.

En ese análisis, acota: “El problema es que para esto necesitamos tener una macroeconomía estable y pensar en el largo plazo; pero siempre lo urgente domina a lo importante, tanto para los empresarios como para el sector público. Entonces, las políticas terminan siendo cortoplacistas con subsidios, diferimientos de impuestos y demás beneficios poco sostenibles en el tiempo”.

Asimismo, considera que “en la perspectiva del sector privado, una mejora sustancial sería lograr reducir las trabas para impulsar y desarrollar negocios, y facilitar que cualquiera que tenga una idea o proyecto encuentre los medios para llevarlos a cabo. Un ejemplo de ello es el proyecto de Ley de Emprendedores”.