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La página del Lunes

Es urgente un cambio en la política

Ya está decidido y aprobado por ley. Los chaqueños votaremos este año obligatoriamente cuatro veces. El 14 de junio (dentro de 68 días) debemos concurrir a las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) y el 23 de julio (48 días después) a las generales para elegir 16 diputados provinciales. Estos ocuparán las bancas que otros tantos van a dejar, aunque se anticipa de habrá una cuantas reelecciones y algunas re-re-re.

Veintiún días después de esta jornada eleccionaria, el 13 de agosto deberemos volver a votar en las PASO nacionales que serán seguidas, 70 días después, el 22 de octubre, para las generales en las que concurrimos para elegir cuatro diputados nacionales en lugar de otros tantos que terminan sus cuatro años.

Estamos casi seguros que si pregunta a boca de jarro a cualquier ciudadano, que nombren a quienes son los que estuvieron por lo menos cuatro años en sus bancas, se podrían contar con los dedos de la mano quienes nombren por lo menos a tres. Y esto es una señal clara de lo alejado que están de la realidad quienes deben dictar las leyes que hacen a la calidad de vida de la gente. Es más importante, la mayoría de las veces, polemizar entre ellos que salir a auscultar problemas y necesidades. Que se sepa no hay ningún cartel en escuelas, hospitales, comisarías, hogares de ancianos, hogares de niños que tengan un cartel que diga “Prohibida la entrada a diputados”. En medio de la grave situación del sector educativo no se ha escuchado sobre su preocupación o algún a acción tendiente a buscar que se destrabe el conflicto.

La reforma política

Se podría pensar que para estas elecciones de medio término se hubieran intentado algunas modificaciones contenidas en la prometida reforma política anunciada hace tiempo por casi todos los partidos. Una reforma que busque terminar con los defectos que todos vemos a diario y que se engloban en la palabra corrupción. De una manera u otra, todos los caminos llevan a eso. En la sanción de las leyes (coimas en el Senado, Escribanía, diputrucho); en la administración de Justicia (Partido Judicial, jueces venales, cómplices del delito), en la administración de los recursos económicos, en la licitación de obras públicas, en el favoritismo para los amigos del poder, en la formación de fortunas personales mientras se ejerce el gobierno y miles de formas más. Por eso los estudiosos de la política (se estudia la carrera de Ciencias Políticas en las universidades) tienen que hacer trabajar sus inteligencias para promover cambios de fondo que impidan estos defectos graves. Una de las exigencias del sistema democrático es la de la Alternancia. Que el ejercicio del Poder sea temporal y no para siempre. Sin reelecciones para nadie (como propuso cuando era gobernador, el hoy intendente de Resistencia y todo quedó en el olvido) y también sin peregrinar por los cargos para no irse nunca: concejal, intendente, ministro, gobernador, diputado provincial, diputado nacional, senador... Y cuando no queda otra cosa, asesor. Que el ejercicio del Poder sea un Servicio a la comunidad y que estén prohibidas, durante ese lapso, actividades que puedan tener una leve sospecha de corrupción (Correo, Avianca...).

Y esto, ¿cómo se logra? Para eso están los estudiosos de la política. No puede ser que los adelantos sean solo tecnológicos y científicos y para nada en el ejercicio del gobierno. Los partidos políticos y sus hombres deben ponerse las pilas e intentar nuevos caminos que superen estos defectos y que logren equilibrar la alternancia necesaria con el ejercicio honesto del poder. El poder no es para siempre, porque desgasta. El poder está al servicio de los demás, porque si así no pasa, se concluye creyendo, como el rey francés, que “el Estado soy yo” y se termina manejando un municipio, una provincia, una nación solo para el beneficio propio. Y ojo, que la reforma no es el voto electrónico o la boleta única solamente. Eso es apenas un detalle dentro de una gran tarea a realizar.

¿Cómo salimos de esto?

En estos días el hoy senador, antes diputado nacional y ministro de Economía del Chaco, Eduardo Aguilar, presentó un libro suyo, “¿Cómo salimos de esto? refiriéndose a situación por la que atraviesa el país y en forma particular la provincia. En él tiene significativo párrafos sobre este tema, de algo que conoce bien por haber estado en el poder bien adentro, como por ejemplo, el manejo de la Economía del Chaco. “¿Qué quiere decir transformar la política chaqueña?”, se pregunta el senador y explica: “Refiero a la toma de decisiones a la hora de enfrentar los grandes problemas; a contener las estampidas de empleo público; a desterrar la improvisación en la gestión y a reconstruir la capacidad de acción del Estado. En la competencia por llegar a conducir el tren, esta forma de hacer política está fundiendo el motor de la locomotora. La construcción de poder político en base a clientelismo del empleo público electoralista es el principal enemigo del desarrollo de la provincia porque destruye e inmoviliza el Estado. Se necesita desterrar la improvisación de la gestión y es por eso que se requiere preparación profesional profunda y prolongada en el liderazgo para transformar el Chaco. Quien carezca de esto, la política podrá servirle como satisfacción del ego personal, pero nunca como herramienta para transformar la realidad que viven los chaqueños.” Esto deberían tomarlo en cuenta quienes se argumentado con falsedad que con esto se fortalece el federalismo.

Al comienzo de la década del setenta tanto la pobreza como la desocupación en la Argentina era de un dígito. Han pasado más de 40 años y esos índices se han deteriorado exponencialmente al tiempo que hemos perdido liderazgos indiscutibles en Educación, en ser el “granero del mundo”, productores de la mejor carne, generadores de energía y tantos otros rubros por los que se nos tenía consideración en el mundo. Esta caída nos habla del fracaso de la forma de llevar adelante la política por quienes elegimos en las urnas. La “clase política” necesita un urgente análisis de su accionar, un mea culpa profundo y una reforma que ponga las cosas en su lugar.

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