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La distracción de lo esencial está matando a la patria

El evangelio de este domingo nos presenta el caso de un ciego de nacimiento que es curado milagrosamente por Jesús, esto despierta una increíble polémica que revela en verdad como los seres humanos, para justificarnos en nuestros comportamientos, podemos negar sistemáticamente la realidad incluso cuando esta se impone de manera evidente.

Lo esencial en la historia del ciego de nacimiento es que Jesús lo había sanado, lo demás debía resultar una anécdota. Pero no!! , sorprendentemente, o quizá no, la acción sanadora y liberadora que Jesús ejecuta sobre el enfermo es completamente ignorada y desviada hacia una discusión inútil que acaso buscaba distraer a la gente de aquel tiempo del tema fundamental, que era reconocerlo a Jesús como el mesías esperado.

El relato se parece mucho a lo que nos está pasando a los argentinos, tenemos claramente una grave enfermedad que está atacando todo el cuerpo social pero aquellos que tenemos la responsabilidad de actuar decididamente sobre el cuerpo enfermo de la patria, estamos distraídos empeñados en una discusión inútil que no resuelve nuestros problemas.

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Llevamos décadas con el cuerpo en agonía de la argentina, con profesionales que por turnos nos llenan de miles de recetas y diagnósticos sobre la causa de nuestra enfermedad y su solución, sin que ninguno pueda sanar a esta pobre patria tan postrada y tan enferma. Cuando es larga la enfermedad y miles de “profesionales” han intentado curarla sin lograr ese objetivo, es lícito sospechar acerca de la capacidad real de los profesionales que la atienden.

Más aun cuando nos damos cuenta que el enfermo en vez de mejorar empeora y cada día que pasa, quienes amamos a la patria vivimos con un nudo en la garganta ante la posibilidad cierta de su deceso. Podríamos suponer también que cuando un profesional aparentemente no acierta en la cura de la enfermedad y le aplica al enfermo tratamientos costosísimos, ¿no estará este profesional enredado en oscuros negocios a quien no le importa la salud del enfermo, sino más bien el suculento negocio que él está haciendo con su enfermedad?

No sé si es fantasía o verdad lo que voy a decir, pero algunos afirman que el cáncer tiene cura pero que esto no le conviene en modo alguno a las industrias de remedios que ganan millones con esta cruel enfermedad. Parece una locura pensar esto, ¿pero puede ser posible? Por supuesto que sí, en el alma y la mente corrupta del ser humano cualquier cosa es posible.

Nos preguntamos ¿puede ser posible que a algunos les convenga la eterna agonía de la argentina? Los datos de la realidad nos llevan a sospechar que muy probablemente sea así. Desde hace ya más de medio siglo los que deben resolver el problema de la pobreza y las cíclicas crisis económicas en la argentina, se encuentran enredados en discusiones inútiles que no resuelven el problema, sino que más bien lo agravan.

Hace décadas somos testigos de la mala praxis de los profesionales sobre el cuerpo enfermo de la patria, nos ilusionamos de tanto en tanto ante la promesa de aquellos a quienes creemos que por fin podrán recuperarla, pero no, pasamos de una desilusión a otra viendo como a nosotros mismos se nos va la vida, sin avizorar la cura que nos recupere definitivamente de nuestros males.

Entonces, ¿es incapacidad o se trata de oscuros intereses de parte de aquellos que nos mienten cuando nos dicen que sanaran a la patria enferma? Opino que las dos cosas.

Duele decirlo pero pareciera que no tenemos una clase política moral e intelectualmente preparada para responder a la altura de las circunstancias de la patria. Duele decir también, que en igual proporción, no tenemos ciudadanos a la altura de la circunstancias de nuestra patria, porque todos tenemos responsabilidad protagónica en el drama de la argentina.

Y así estamos, como los actores del relato de la curación milagrosa del ciego de nacimiento, con miles de argumentaciones y polémicas, que exponen escandalosamente la impericia de aquellos que tienen la responsabilidad de resolver los graves problemas que tenemos los argentinos.

Miles de debates en todas partes, miles de discusiones, de acusaciones, de excusas, de promesas siempre incumplidas y todos completamente distraídos de lo esencial. Lo esencial es darnos cuenta que la patria agoniza; lo esencial es asumir que el narcotráfico ha cercenado el futuro a miles de niños y jóvenes que ya son irrecuperables ante la mirada indiferente de los que son responsables de haber hecho la vista gorda para llegar a esta situación; esencial es darnos cuenta que estamos atrapados en un sistema inmoral del que no escapamos ninguno porque funcionamos dentro de esa estructura, como si fuera al normal.

Así, nos parece normal robarle al estado y exigir coimas; normal enriquecerse a costa del privilegio que da la función y absolutamente normal, armar negocios para seguir sacándole al estado lo que ya no tiene. Las consecuencias devastadoras de esa corrupción son los millones de hermanos argentinos que no tienen techo, ni salud, ni educación.

Esa mentalidad corrupta atraviesa todos los estamentos sociales y especialmente los del poder de turno que en nombre de los pobres o en beneficio de una elite, no gobiernan para la patria sino para sus inconfesables intereses sectoriales o de clase. Esencial es entonces darnos cuenta que es escandaloso que un estado no reaccione cuando ya van dos semanas que a nuestros niños y jóvenes se les está privando del legítimo derecho humano a la educación.

Solo este dato es el gran síntoma de lo enferma que esta la Patria. Que un sindicato, por más legitima que sea su lucha, no se conmueva luego de dos semanas de privación ilegítima de educación a los niños y jóvenes también es síntoma de lo enferma que esta la sociedad. Un Estamento político y un estamento docente que tenga dificultad para darse cuenta donde reside lo esencial de la discusión salarial, que es la educación y no la plata, nos está condenando a todos a un fracaso y a una muerte como nación.

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