La reina Isabel firmó la ley que activa el Brexit
La reina Isabel II, jefa de Estado británico, ha sancionado la ley del Brexit, que autoriza al gobierno a comunicar a Bruselas que activa la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), ha informado esta semana el Parlamento, que aprobó la llamada “Ley de la Unión Europea (Notificación sobre la salida)”, después de que entrase en la Cámara de los Comunes el pasado 26 de enero y fuese tratada por diputados y lores con carácter de urgencia.
Durante el trámite parlamentario, los diputados rechazaron las dos únicas enmiendas de la ley, que exigían al gobierno asegurar los derechos de los ciudadanos comunitarios y permitir al Parlamento votar sobre el futuro acuerdo de salida de la UE.
La ley fue aprobada con carácter de urgencia después de que el Tribunal Supremo de Londres dictaminase el pasado enero que la primera ministra británica, Theresa May, necesitaba el permiso del Parlamento para activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que inicia los dos años formales de negociaciones sobre la salida de un país comunitario del bloque europeo.
May informó a los diputados que la reina Isabel II sancionaría la legislación en unos días y que ella volverá al Parlamento a finales de mes, sin precisar el día, para comunicar que ha activado el Brexit.
El Reino Unido y la UE quedaron así a un paso del divorcio. Esta semana, diputados y lores aprobaron el proyecto de ley que autoriza al gobierno a activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa.
Una vez activado -que sería antes de fin de mes-, los dirigentes de los otros 27 países de la UE deberían reunirse en una cumbre para definir las ‘líneas directrices‘ de las negociaciones.
La firma de la reina Isabel II, necesaria para convertir el proyecto en ley, fue una mera formalidad: ningún monarca se ha negado a refrendar una ley británica en más de 300 años.
Bruselas y los países miembros de la UE miran de reojo la letra pequeña de un supuesto nunca explorado: la retirada de un Estado miembro.
Al tratarse de una potestad nunca ejercida, tanto Londres como las instituciones europeas tendrán que emplear altas dosis de creatividad para diseñar un proceso inverso al que hasta ahora ha acometido el club comunitario, la ampliación.
Los escasos seis párrafos que contiene ese artículo 50 del tratado de la UE son leídos y releídos con atención. El texto da dos años prorrogables para pactar la separación.
Los 27 Estados miembros (todos menos el Reino Unido) deberán acordar los detalles de ese divorcio. El Reino Unido ‘no participará en las deliberaciones ni en las decisiones”, que se adoptarán por mayoría cualificada, previa aprobación del Parlamento Europeo, aunque obviamente requerirá el visto bueno de Reino Unido, que tendrá que rubricarla.
La marcha de Reino Unido no sería auspiciosa para la influencia internacional de una Unión Europea ya debilitada por una serie de crisis.
El divorcio entre la UE y Reino Unido, la única potencia nuclear europea miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas junto a Francia, podría tener un efecto desastroso para la política exterior y de seguridad de la Comunidad, estiman los analistas
Y además en un período complicado. Europa se ha visto golpeada por una serie de atentados yihadistas desde inicios de 2015.
Al mismo tiempo se enfrenta a la mayor crisis migratoria desde 1945, debe gestionar su distanciamiento con Rusia y en el verano de 2015, casi ve a Grecia abandonar la zona euro.
En este contexto, el Brexit representaría otro duro golpe porque aunque no se espera ningún cambio brusco en materia de política exterior europea tras el referendo del 23 de junio, la pérdida en términos de imagen sería muy real.










