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Pensando en voz alta

Todo avanza, la política atrasa

Día a día el progreso nos sorprende. El avance de la tecnología, de la ciencia, de la informática no tiene límites. En pocos años se ha avanzado lo que antes no se hizo en siglos. La forma de comunicación con todo el mundo ha roto el tiempo y el espacio. La robótica está haciendo milagros y la medicina cada vez logra resultados más asombrosos. Las formas del pasado son superadas por las nuevas creaciones que parecen no tener límites.

Pero no en todos los aspectos de la vida es así. Por ejemplo, en la política el arte y la ciencia de gobernar a los pueblos- todo parece involucionar y cada vez se va más para atrás. Se ha perdido el fuego sagrado del sacrificio y el trabajo a favor de los que nos rodean y se busca el beneficio personal. En todo el mundo el ejercicio de la política está desacreditado y las naciones tienen dificultades hasta para formar sus gobiernos. Piénsese si no lo que está pasando en Italia, España, Francia, Inglaterra y hasta en los Estados Unidos. Los procesos electorales son traumáticos y las reacciones adversas son hasta en los comienzos.

En nuestro país, tras más de tres décadas de un fervor democrático surgido tras la noche oscura de la dictadura, todo parece haberse desinflado. Las instituciones democráticas como el parlamento, la Justicia y el Poder Ejecutivo (tanto en Nación como en provincias y municipios) se han anquilosado, atraviesan crisis casi terminales y sin poder de reacción y subsisten parapetados tras privilegios que los aíslan de los pueblos.

Cada vez más...

Cada vez más organismos públicos, cada vez más entes autárquicos y descentralizados, cada vez más comisiones parlamentarias y de las otras, cada vez más ministerios, más juzgados, más defensorías y fiscalías construyendo un Estado paquidérmico y super burocrático y cada vez la gente se siente más sola, más abandonada víctima de los abusos de autoridad.

Los procesos electorales más que renovación de fuerzas y de iniciativas se convierten en malgasto de fondos para campañas publicitarias que buscan, antes que el beneficio de la gente, la consolidación de una clase política que se siente a gusto en los cargos, que no quiere abandonar nunca como si fuera un patrimonio propio, extensivo a familiares y amigos. Nadie quiere irse de la política y todos pugnan por entrar en ella para gozar de sus privilegios.

Hoy el resto de la sociedad soporta, a su pesar, lo que se da en llamar “la clase política”, pero está lejos de ella y no cree en sus promesas. Esta semana este diario publicó que en el barrio Mapic de Resistencia, en sus paredes hay un cartel en lengua qom que dice “los políticos no sirven, organizate y luchá”. En estos días también, toda una comunidad activa como es la de Quitilipi asiste atónita a la lucha entre el intendente municipal y su Concejo para ver quién se queda con el poder, mientras los vecinos son convidados de piedra. Y para rematar como muestra de la ineficacia de la política, este año (y van...) tampoco comenzarán las clases a tiempo. De nuevo los gremios y el gobierno se juntan para perjudicar a los alumnos.

¿Y las ciencias políticas?

Y así estamos. Muchos se preguntan por qué esta actividad humana, noble de por sí, no acompaña los procesos de progreso y avance de las otras ramas del quehacer humano. La política es ante todo una ciencia que luego debe pasar a la acción, plasmarse en hechos concretos, como pasa, por ejemplo con la Medicina.

Existen en varias universidades carreras de “Ciencias Políticas” donde parece que sólo se estudian conceptos abstractos. No hay “laboratorio”, no hay avances (al menos no se conocen) para intentar otros caminos, otros esquemas, otras acciones dentro del marco de la democracia. No puede ser que todo avance menos la política, la más humana de las actividades. No nos podemos conformar con esta forma de elección de las autoridades siempre cuestionada y siempre con tufillo a fraude electoral. Con prácticas de la época de las cavernas, como hacer votar a extranjeros, gente de otras localidades violando padrones o secuestrando documentos.

Se necesitan nuevos parámetros y nuevas formas para que lleguen a los cargos las personas con vocación de servicio por un tiempo determinado y no para siempre, con entrega total, con limpieza y honestidad, sin prebendas, sin beneficios especiales para familiares, amigos y correligionarios. Se necesitan reglas claras, nuevos esquemas de partidos políticos que terminen con la burocracia mal sana y que produzcan beneficios y no aumento de la pobreza, caída de la calidad educativa; trabajo digno, salarios en blanco, jubilaciones justas, salud para todos, ancianidad asistida.

A todo esto debe abocarse la ciencia política hasta con trabajos de laboratorios para pasarlos a la práctica. Hoy los casi inexistentes institutos de formación política solo enseñan las triquiñuelas para permanecer en cargos muy bien rentados y para buscar el favor de quienes se comprometan a votarlos a cambio de cargos, beneficios y otros privilegios.

Es inconcebible que todo avance, progrese, mejore menos la política, la más humana de las actividades. De ello deben preocuparse, en primer lugar, los que hoy la ejercen, pero también los docentes de las carreras de ciencias políticas y los mismos partidos. De lo contrario se va acentuar la decadencia y la sociedad seguirá degradándose y cayendo con más frecuencia en crisis terminales como las que estamos atravesando.

Los cien años del Itatí

El sábado 4 de marzo cumplirá su primer siglo de existencia el Colegio Nuestra Señora de Itatí, el primer colegio privado para mujeres que tuvo la incipiente Resistencia. El 4 de marzo de 1917 religiosas de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas de Córdoba fundaron el Colegio. Inició sus actividades con la enseñanza primaria, desde primero inferior a sexto grados y clases de bordado, música y valores. La primera madre superiora fue sor Soledad Bonadetti acompañada por las hermanas María Delfina Castro, Inocencia Soria, María Claudia Martínez, Miguelina Argañaraz y Pilar Valle. Funcionó en un pequeño local de Pellegrini e Yrigoyen, donde hoy se encuentra el Café de la Ciudad. En 1921 una comisión especial compró el actual terreno de Avenida Wilde e inició allí sus actividades. En 1931 se inauguró la capilla. En 1937 el colegio se incorporó a la Escuela Normal Sarmiento, con lo que sus alumnas egresaban como maestras. La primera promoción fue en 1940. En 1969 la escuela se convirtió en Bachillerato.

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