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La crisis textil golpea cada vez más fuerte

Primero fueron las cooperativas agrícolas. Sus plantas desmotadoras -en el caso de El Progreso Limitada ya fue vendida y la de La Unión no operó en la última campaña. Graves problemas en las cooperativas de Pampa del Indio, San Martín, Güemes y otras diseminadas por el interior.

El desplazamiento del domo central algodonero hacia el sudoeste, como huyendo del picudo, pero también por errores propios y ajenos, fue dejando pequeñas parcelas con suelos agotados del monocultivo.

Los problemas que ocasionó el cierre de actividades de TN&Platex, Pampero, la crisis en Santana y los rumores de ventas de la desmotadora de Alpargatas en Sáenz Peña, en el plano privado, forman parte de una crisis que se agudiza con la apertura indiscriminada de las importaciones que pone en jaque a toda la industria textil.

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No es un bueno año para el algodón, ya se sabe. Salvo pocas noticias alentadoras como el rol que le asignó la genética Gensus en su laboratorio de semilla transgénica en Avia Terai que anunció continuidad en la investigación algodonera, el resto son solo oscuros nubarrones.

Una caída que no debe seguir

Entre enero de 2016 y enero de 2017 en la industria textil argentina hubo 8.000 despidos formales según un informe hecho por el canal de noticias C5N con datos de la Fundación Protejer. En el mismo período mencionan que hubo 7.000 despidos informales y 5.000 suspendidos.

El último relevamiento de la Asociación Obrera Textil indica que a agosto de 2016 hubo 3.000 suspensiones y 300 despidos.

Pero hay otro dato preocupante: las importaciones de ropa subieron un 71% en el último año, todo un record histórico desde el 2001, según la Cámara Industrial de la Indumentaria (CIAI).

El efecto local

Solo a modo de ejemplo: la ciudad en la que décadas se fabricaron elementos para el puente General Belgrano que une Chaco con Corrientes, y en la que brilló la metalmecánica de la mano del algodón, hoy pareciera mostrar una realidad en la que se juegan las expresiones de deseos, los discursos y la fotografía de la única verdad: la realidad.

Las empresas que se radicaron en el Parque Industrial de Sáenz Peña, cuando estaban en el casco urbano, tenían beneficios como bonificación por la energía eléctrica. Hoy no los tienen. Industrias metalmecánicas que fabricaban cosechadoras de algodón a otros países hoy se tuvieron que reconvertir para no dejar de existir. Otras han desaparecido.

En esa época, también funcionó El Algodonero (que luego pasó a llamarse Fachaco) con 280 empleados. Fabricaba herramientas agrícolas, que se vendían para todo el norte argentino y también exportaba a Paraguay y Bolivia.

Luego surgieron las metalúrgicas Fabre, Truscello, Kmetz, Dlecer Novotni, las fundiciones (con perfil siderúrgico) como Yarros, Botec y Derka.

Había dos fábricas de aceite, una fábrica de jabón, dos fábricas de alimentos para ganado, tres tambos, siete desmotadoras, pero no pudieron resistir ni a la crisis de los 90 ni a la caída del área de siembra del algodón, principal actividad que generó una fuerte demanda de desmotadoras, maquinaria agrícolas y herramientas.

La crisis foresto industrial

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El ingeniero agrónomo Miguel López, exdirector de Bosques del Chaco, envió a esta sección una opinión referida a un artículo en este diario sobre algunos aspectos de la foresto industria de la provincia.

“Estuve leyendo una nota tuya en donde hacés referencia a la crisis forestal en aserradero Tobías de Avia Terai, y otros fabricantes de pallets. Además de temas de administración que no nos corresponde a nosotros analizar, hay un tema que sí se debe tener en cuenta y es que los compradores que tenía Tobías y que tienen muchos clientes del Chaco encuentran trabas muy fuertes como siempre del lado de quienes hacen lobby ambiental. Dejan de comprar separadores y tarimas de quebracho blanco, por no usar madera del monte nativo. Hoy la condición es que sea de eucalipto (por eso Tobías perdió su principal cliente), el mismo tema es con los durmientes que hoy todo es de cemento”.

“Este es un tema a tratar, y tiene que ver con el no uso del monte nativo y con la ilegalidad del sector que no puede garantizar el origen”. “Por eso, yo trabajaba en la forestación de eucalipto, en las guías on line, en el tema de los camiones en regla, en pedir factura de venta junto con la guía para armar un sistema de certificación de origen que pudiera dar sustentabilidad y credibilidad al sector, pero bueno, ya sabés por dónde se pasaron todo esto”.

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