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Duro golpe a la industria textil

La industria textil perdió, en tiempo récord, cerca de 15.000 puestos de trabajo en el último año gracias al giro en las políticas económicas que impulsaron la apertura indiscriminada de las importaciones y la abrupta caída del consumo interno. La suma de ambos factores arrojó un resultado que ya es conocido por los argentinos: cierre de fábricas y fuerte contracción de las pocas pymes que todavía quedan en pie.

Según estimaciones del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el año pasado se registraron 3.345 despidos y 11.720 suspensiones en el sector textil; mientras que desde la Fundación ProTejer se alertó que el empleo se redujo en 15.000 puestos entre formales e informales en toda la cadena textil, que se vio resentida por la avalancha de importaciones. Todo el esfuerzo realizado por la industria textil para invertir en maquinaria y tecnología de última generación para ganar en competitividad se ve ahora afectado por los cambios en las políticas económicas del gobierno nacional que no han avanzado en una revisión de los costos financieros y de los impuestos que favorezca a los sectores productivos y generadores de empleo. Tampoco se avanzó con medidas para reducir los costos de logística que afectan la competitividad de las cadenas de valor del interior del país. No debe sorprender, entonces, que la aplicación de viejas recetas económicas, ya ensayadas en los años 90, arrojen los mismos resultados. Así las cosas, las empresas Alpargatas, Coteminas, Guilford, GGM, Textil Neuquén, Pampero, TN&Platex, Broderie Suizo-Argentina, Felsom y Unisol, entre otras, terminaron por bajar sus persianas frente al fuerte ingreso de indumentaria confeccionada en otros países con menores costos laborales y logísticos.

Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, en enero las ventas de indumentaria en los comercios minoristas bajaron 2,2 por ciento frente al mismo mes del año pasado, pero las importaciones de ropa crecieron, en kilos, un 70,7 por ciento. El repunte más significativo se registró en suéteres, trajes, bufandas y ropa para niños; mientras que el precio promedio por kilo se redujo un 23,6 por ciento en dólares, aunque los precios de los textiles subieron en los comercios un 37,3 por ciento en 2016, según el índice de precios de la ciudad de Buenos Aires.

En otros sectores, como el del calzado, el impacto de la apertura comercial y de la caída del poder adquisitivo de los salarios también se hizo sentir: las importaciones avanzaron 22,8 por ciento en enero de manera interanual, pero la compra de zapatos se desplomó un 2,2 por ciento.

Contrariamente a lo que afirman quienes impulsan el ingreso sin regulaciones de productos importados, los precios no bajaron. Al revés, el año pasado el precio del calzado subió 29,3 por ciento. Según el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav), en enero las importaciones de indumentaria subieron un 70,7 por ciento interanual, de 935 mil kilos a 1,6 millón. El segmento de suéteres, pulóveres y chalecos subió de 88 mil a 283 mil kilos (218 por ciento) y el de abrigos avanzó de 219 mil kilos a 258 mil kilos (17,8 por ciento).

La importación de guantes subió de 40 mil kilos a 55 mil en enero de forma interanual (37,5 por ciento); las camisas para hombre, de 32 mil a 50 mil kilos (53 por ciento) y las camisas y blusas para mujer, de 9 mil a 45 mil kilos (374 por ciento); mientras que los pañuelos de cuello y bufandas aumentaron de 51 mil kilos a 115 mil kilos (125 por ciento) y ropa interior en tejido de punto, de 6,9 mil kilos a 18,9 mil kilos (172 por ciento).

A esta altura de los acontecimientos y con estos resultados a la vista, es evidente que las medidas económicas adoptadas por el gobierno nacional representan un duro golpe a la industria textil que hizo los deberes para ganar en competitividad y que ahora, lamentablemente, lucha por sobrevivir.