Familiares de joven baleado niegan vínculos narcos y afirman que el único imputado encubre al autor
Cuatro mujeres respondieron a versiones policiales publicadas ayer en NORTE sobre el joven baleado en Villa Facundo. Joel Nair Ramírez fue acribillado por la espalda y a pocos metros de su domicilio.
Tres familiares sostienen que el muchacho de 23 años era hostigado hace tiempo y ya lo habían herido de un disparo de arma de fuego antes.
“Mi hijo no era narco ni tenía deudas por eso. La persona que le disparó sí, y no lo dejaba en paz”, afirma Yolanda Vergara, la madre del joven ultimado de varios disparos el jueves.
La mujer sostiene que su hijo no comercializaba droga y que la persona que lo atacó sí. “Por eso todos le tienen miedo en el barrio”.
“Matías Abreliano es una persona problemática y si se ensaña con alguien no la deja en paz”, agrega Vanesa López, una allegada a la familia de la víctima.
Las acusaciones
Tras recibir reiteradas amenazas, Nair, su esposa y dos hijas pequeñas se habían mudado a la casa del suegro. A pocos metros de allí, el jueves cuando salía en moto, fue cercado por un grupo de hombres que iban en una camioneta y uno más en moto.

Por el hecho el sábado fuentes policiales investigaban si existía una deuda con narcotraficantes y confirmaban que había un único detenido.
Familiares y allegados a la víctima sostienen que el muchacho de 21 años es un encubridor del verdadero autor, líder de una organización narco.
“El que se entregó no tiene nada que ver, es pariente del que disparó y lo encubre”, afirma Yolanda.
La mujer acusa de haberle disparado a su hijo a tres hombres que varios testigos señalaron como implicados: Matías Abreliano, Edgar Sena y un tercero apodado El Gringo.
Otros episodios
Sonia González es la esposa de Nair, juntos tuvieron dos niñas de 5 y 2 años. Ayer mostró a NORTE un oficio de hace dos años ante la Fiscalía de Investigación N° 15 donde mencionaban un episodio similar.
La pareja respondía a una acusación por abuso de arma y exponía que sufría todo tipo de hostigamiento de Matías Abreliano, además de otros integrantes de su familia.
En el escrito judicial se lee que Nair había recibido antes disparos de arma de fuego y que aún sufría las secuelas por el ataque. De lo expuesto, su familia sostiene que portaba un arma para defenderse. “Iba a buscar comida para chanchos en un carro y le dispararon al costado; después de eso ya no pudo volver a trabajar, había días que no aguantaba el dolor”, describe la esposa.
La pareja vivía en una parcela periférica, por Hernandarias ‘al fondo’, en un terreno alejado de avenida Soberanía. Cuando nació la primera de las hijas se sostenían con lo que proveía la chanchería de la madre de Nair. Aunque después de la herida del disparo discontinuó el trabajo, hacía changas y alternaba con su compañera el cuidado de la hija. Con la llegada de la segunda, Sonia salió a trabajar, aunque las amenazas seguían y debieron mudarse. “Perdí dos trabajos por miedo a que nos hagan algo; no nos dejaban en paz”, cuenta.
Hoy marchan por justicia
La familia de Nair Ramírez cuestiona que la carátula de la causa -aún en investigación- se limite a homicidio simple y pide a la fiscalía a cargo tener en cuenta que fue en banda y con ensañamiento, por la cantidad de disparos. Por eso organizan una marcha para hoy ante la Fiscalía N° 4, a cargo de Patricia Cristina Passarino.
El joven iba en moto cuando fue emboscado por una camioneta en la esquina de Honduras y Frondizi. Un tercer agresor lo seguía en otra moto. De las vainas servidas se concluye que le dispararon con un arma calibre 380.
“Lo mataron como a un perro, ya estaba en el suelo muerto y le volvieron a disparar en la cara”, se quiebra Sonia, la esposa.
Yohana Vergara, hermana de la víctima, complementa que como los hechos ocurrieron a la vista de muchos, recibieron varias versiones coincidentes de la forma en que ultimaron al joven y quiénes participaron pero que esos testigos difícilmente declaren por miedo.










