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En la jaula del león

La humanidad tiene como una de sus mayores expresiones de deseos que algún día la maldad desaparezca o al menos disminuya, de manera tal que la vida merezca ser vivida. Pero lamentablemente, al contrario, lo que ocurrió es que progresivamente la maldad fue avasallando al bien; y la maldad gobierna el mundo.

Sin embargo, es notable observar que Jesús mismo advirtió que en los postreros tiempos; ahora, por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

Es lo que está ocurriendo. Las conductas sociales carecen del amor que debieran tener y empeoran paulatinamente, todos los días lo vemos.

No debería ser un atenuante

En nuestro país, cualquier persona que comete un delito es beneficiaria de un atenuante si al momento de cometerlo se encontraba alcoholizada o drogada, bajo el pretexto de haber actuado sin tener el control de sus actos.

Pero no debería ser así, lo lógico debería ser que la pena por el delito cometido sea mayor por haber estado alcoholizado o drogado, porque amabas situaciones podrían haberse evitado.

Decimos que no debería ser así, porque la víctima inocente no tiene porque admitir que el delincuente que le agredió tenga una menor pena por causa de su propia irresponsabilidad de consumir alcohol o drogas.

En definitiva, así se premia al delincuente, al que hace mal las cosas, con la situación agravante que muchas veces la víctima muere producto de su accionar. Los borrachos y drogadictos no son personas enfermas como se pretende hacerlos aparecer, es ese un concepto equivocado de la sociedad.

Son personas que, por distintos motivos, eligieron eso para sus vidas. Pero lo eligieron ellos. A propósito, el texto bíblico, que debiera ser el patrón de conducta de todos los cristianos, señala que los borrachos no ingresarán al reino de los cielos a menos que se arrepientan y abandonen su conducta.

Sería injusto que Dios dispusiera su no ingreso al reino de los cielos si los borrachos y drogadictos fueran enfermos; porque con ese mismo criterio tampoco podría ingresar ningún otro enfermo. La realidad práctica es que, tanto el alcohólico como el drogadicto, fueron atrapados por el pecado y a menos que lo abandonen, no ingresarán.

Aún así, puede que alguno de ellos no tenga interés en ingresar al reino de los cielos, lo que no inhabilta a la Justicia para separarlo de la sociedad hasta que cumpla su conceda, sin atenuantes. Los atenuantes son como mínimo un serio agravio a las víctimas.

Entrar a la jaula

Como producto de la impunidad que gozan los delincuentes, cada vez son más los casos de violencia que se reportan y que tienen como vehículo a las redes sociales, y esto ocurre debido a la falta de precauciones de las víctimas antes de entrar en contacto con quienes habitan en la jaula del león.

Si cualquier persona ingresa voluntariamente a la jaula del león, salvo que ocurra un milagro, será descuartizada por el rey de la selva, pero haber entrado a la jaula seguirá siendo su responsabilidad.

En la vida diaria ocurre a menudo que existen personas que voluntariamente ingresan en distintas jaulas para experimentar. Entre los últimos casos denunciados se encuentra el del anestesista que hirió a golpes a una joven, con el pretexto de haber actuado bajo una fuerte intoxicación por drogas.

Con la situación agravante que la joven, de acuerdo a su propio testimonio, también consumió drogas voluntariamente a la par de su ocasional acompañante agresor, a quien supuestamente ni siquiera conocía.

Promiscuidad

Esta joven, como tantas otras, no tiene conciencia de su conducta. Ella ingresó voluntariamente a la jaula y ahora se queja de lo que el león le hizo. No debe ser común que una joven educada correctamente por sus padres y obedeciendo voluntariamente lo que le enseñaron, se encierre en un departamento ajeno con un desconocido y pasen toda una noche drogándose y probablemente teniendo sexo. No es normal.

Al menos no debería serlo. Ella misma fabricó su propia trampa. Cuando no es una violación, ocurre porque los valores morales de la sociedad cayeron al nivel del piso.

Uno de los calificativos es promiscuidad. La promiscuidad es la práctica de relaciones sexuales con varias parejas o grupos sexuales. Se opone a la fidelidad en general y cuando la persona es casada, a la fidelidad matrimonial. Se contrapone a la castidad y a la virginidad, aunque ya a la sociedad en general le tiene sin cuidado.

A la persona que ejerce la promiscuidad le dominan las pasiones, especialmente las del sexo y carece de control sobre ellas porque no tiene temor de Dios, ya que ni siquiera cree; y si cree, la práctica demuestra que solo es una expresión de sus labios, ya que su conducta dice lo contrario.

En este caso en particular, el anestesista confesó que hace cinco años es drogadicto. Dicho de otro modo, no fue la primera vez que por iniciativa propia se sumergió en lo que el mismo definió como una intoxicación por drogas. Es su conducta habitual. Tampoco es normal. Menos aún que golpee salvajemente a la joven como admitió hacerlo.

Debería ser severamente condenado por la Justicia y pagar en la cárcel por lo que hizo, sin atenuantes, aunque es probable que nada de esto ocurra. No condenamos a uno ni a otro, pero si condenamos su conducta, ya que nada de ello le hubiera pasado si no fueran partícipes del clima creado para el delito del que fueron parte.

Nunca cambiarán las cosas a nuestro alrededor a menos que nosotros mismos propiciemos el cambio comenzando por casa. No podemos cambiar los resultados si nosotros no cambiamos primero.

Si esta joven cambia, jamás ingresará por su propio interés a otra jaula. Si no cambia, seguirá ingresando a otras jaulas. El texto bíblico nos recuerda que Satanás anda como león rugiente buscando a quien devorar. Deberíamos ser sabios y alejarnos de las pasiones que nos llevarán de jaula en jaula.

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