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La quinta luna de emociones con el Cuchi y la fiesta de los Rojas

Las emociones arrebataron al público desde el comienzo cuando La Callejera montó un patio en el escenario para que todos bailaran y la remataron con el recuerdo de las orquestas características. Un pasodoble hizo saltar a los más experimentados de sus butacas y los músicos emocionados no pudieron reprimir las lágrimas. “Ustedes no saben lo que se siente en este escenario”, dijo uno de los cantantes del grupo que es furor en Córdoba.

Por Pedro Jorge Solans especial para NORTE

Nunca se vio un tejido de emociones: baile, lágrimas y risas en una misma escena que tuvo un final sin precedentes. El intendente de Cosquín Gabriel Musso y el chaqueño Carlos Pino, líder del grupo que marcó historia en los años 60 y 70, Los Trovadores, transfirieron el padrinazgo del poncho coscoíno al grupo consagrado.

Los Trovadores fueron padrinos de la prenda representativa desde que se creara en 1967 y lo llevaron por el mundo. Ahora seguirá La Callejera que aún debe recorrer un largo camino para acercarse a la trayectoria internacional que lograron “los trova”, pero ese es otro tema que nada tiene que ver con la emoción de la quinta luna que siguió hasta la salida del sol de ayer. No se habían secado las lágrimas del traspaso del padrinazgo cuando apareció en la pantalla la figura de uno de los más grandes poetas y letristas que tiene la historia del folclore nacional. Cuchi Leguizamón. Su espíritu bajó a la plaza montado en un duende y cantó con el Chacho Echenique, Nahuel Pennisi y acompañó a su hijo Moro y Franco Luciani en una versión instrumenal de Zamba para la viuda. 

Los hermanos Rojas hicieron vibrar una nueva noche en Cosquín, el público ovacionó cada canción.

Y con el espíritu del Cuchi y los duendes dando vueltas nada podía ser ajeno al canto general argentino, y creo no equivocarme en pensar que la mayoría sintió su presencia, sobre todo, cuando Liliana Herrero interpretó la Chacarera del expediente y apareció Lorena Astudillo para seguir con Zamba del laurel.

 El poeta salteño había vuelto al templo con un séquito de duendes y rondaron en torno a Melania Pérez, y seguramente aplaudió el mensaje de su otro hijo, que definió a Cosquín y su padre en pocas palabras. Luis Leguizamón cantó desde el alma junto a la salteña y el Dúo Coplanacu. La plaza estaba hechizada y surgieron las palmas con el Carnavalito del duende con Los Copla, Brunito Arias, y la Bruja Salguero, quien volvió a invitar a Pennisi para cantar La arenosa, y todos juntos cerraron el homenaje cantando a viva voz con el público la emblemática Balderrama.

Así se iba la noche con el corazón pulsando el cielo. Era el tributo al centenario del vate mayor. Cosquín cicatrizaba una herida, tapaba una grieta, con el gran salteño que nunca vio la plaza desde el escenario Atahualpa Yupanqui.

La fiesta de los Rojas

“Cosquín es mágico y esto es un sueño que cantemos con Lucio y Alfredo”, dijo Jorge, quien volvió con Los Rojas.

La fiesta Rojas empezó apenas pasada las 12 con una plaza bien poblada y un repertorio ajustado a las raíces que crecieron en Marca Borrada.

En medio del recital, recién Jorge habló y la platea femenina explotó. Presentó a su hijo Lautaro, ahora también miembro de la banda, y se mostró agradecido por volver al festival para mostrar sus raíces.

La plaza comenzó a despejarse después de Los Rojas para encarar el camino hacia alguna peña pero no de la manera que sucedía años anteriores. La plaza respetó como lo viene haciendo desde la primera luna, y escuchó a los Chechelos. El original dúo compuesto por dos chelistas y ganador del Pre Cosquín como grupo instrumental, que mostró todo su virtuosismo.Luego arremetieron con una notable versión de El cosechero y tras pedir por ‘la vida y el monte nativo‘ cerraron con Cueca de los coyas y un gran aplauso de la plaza.