El portazo de Trump al tratado comercial con el Pacífico
Las primeras medidas tangibles llegan después de una semana caótica, en la que la Casa Blanca se embarcó en una batalla con los medios de comunicación y divulgó a conciencia datos falsos sobre la cifra de asistentes en la jornada inaugural, el viernes.
El republicano Trump cumplió su promesa y firmó un decreto para retirar a Estados Unidos de la TPP o Asociación Transpacífica, un acuerdo con once países de la cuenca del Pacífico promovido por su antecesor, el demócrata Barack Obama.
Anunció también que renegociará el tratado de libre comercio con México y Canadá (Nafta, por sus siglas en inglés).
El proteccionismo comercial -la imposición de trabas a la importación de productos y servicios extranjeros-, fue uno de los ejes de la campaña electoral de Trump. El otro fue el mensaje contra los inmigrantes mexicanos y musulmanes.
El Nafta, que une México, Estados Unidos y Canadá en una sola área comercial, se aprobó en 1994 con el demócrata Bill Clinton, esposo de Hillary Clinton, en la Casa Blanca.
El TPP, negociado por la administración de su antecesor, el demócrata Barack Obama, afrontaba una dura oposición en el Congreso, que debía ratificarlo. Para Obama era la estrategia asiática ante China, país que no participaba en el tratado.
Trump rompe así con uno de los dogmas de su partido, el republicano, que durante décadas ha llevado el estandarte de la economía de libre mercado y del libre comercio. El nuevo presidente, un magnate neoyorquino ajeno a la política hasta hace poco, ha transformado el partido de Lincoln y Reagan.
El senador John McCain, que fue candidato a la presidencia en 2008 y es uno de los republicanos más críticos con el presidente, dijo en un comunicado que la retirada del TPP es un error grave que tendrá consecuencias duraderas para la economía americana y para la posición estratégica de EE UU en la región de Asia-Pacífico.
La noticia tiene varias implicancias en concreto. En primer lugar, muestra que la estrategia anti China desplegada por la anterior administración norteamericana no ha dado sus frutos.
El TPP, acuerdo cuyo objetivo principal era que Beijing no dictamine las normas del comercio internacional, tal como el propio Obama había afirmado, no existe más. China y los emergentes, aun creciendo por debajo de lo que lo hacían años atrás, siguen moviendo la economía internacional, que no logra aún remontar la crisis iniciada en 2008 en los países desarrollados.
Por otro lado, para América latina abre un marco de incertidumbre creciente sobre la posible sobrevida de instancias como la Alianza del Pacífico (AP), que dependían del contexto librecambista impulsado por EE.UU.
El amesetamiento de instancias como Unasur y Mercosur deberá ser revisado a la luz del nuevo contexto, que debería fortalecer a estas herramientas integracionistas en un mundo que necesariamente deberá pensarse en torno a bloques en el corto y mediano plazo.
Asimismo, la noticia muestra los límites del giro hacia la AP que encararon países como Argentina y Brasil durante 2016.
Para Macri, quien durante todo el año pasado insistió en los beneficios de sumarse al bloque de países compuesto por México, Colombia, Perú y Chile, la noticia es un sinsabor de dimensiones, que habla de la poca pericia del gobierno: se preparó para un mundo que no es tal, movido por la ideología antes que por la cabal comprensión de los procesos en curso.
Los errores en política exterior, a veces menos visibles en términos de la opinión pública de cada país, pueden ser tan costosos como los equívocos en la política doméstica. Todo parece indicar que el giro hacia la AP que encaró la Argentina durante 2016 fue un garrafal error de comprensión del momento histórico.
¿Se animará el gobierno de Macri a intentar fortalecer el Mercosur y la Unasur ante el derrotero del TPP y la AP? ¿Podrá rectificar a tiempo la errática política exterior que ha venido desplegando?










