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Alemanes no ceden a las demandas de fabricar en EE.UU

Los alemanes se plantaron ante el avance prepotente de Donald Trump y diplomáticamente se niegan a ceder a las descaradas presiones del norteamericano que amenaza gravar cualquier autoparte o vehículo que no se fabrique en EE:UU objetivo logrado con Toyota y Ford en principio lo que endureció aún más el discurso del empresario.

Si el presidente electo de Estados Unidos impone un arancel a los vehículos y piezas importados desde México, BMW podrá exportar los autos que produzca en San Luis Potosí a los otros 44 países con los que México tiene acuerdos comerciales. 

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Las presiones de Trump a las automotrices no parecen afectar a alemanes y chinos que sonríen al pensar en cómo hará el norteamericano para compensar lo que importa la industria local.

“La nueva planta de San Luis Potosí es parte de nuestra red global de producción. Desde allí vamos a exportar a todo el mundo”, dijo Ludwigh Willisch, presidente de BMW Norteamérica, la semana pasada, durante el Auto Show en Detroit sin mostrar la sumisión de otras fábricas. Hace tres años, BMW anunció una inversión por u$s1.000 millones para construir una planta en San Luis Potosí, donde ensamblará 150.000 unidades anuales de su modelo Serie 3 a partir de 2019.

La compañía alemana dice que esa fábrica creará al menos 1.500 nuevos empleos pero Trump quiere poner un impuesto fronterizo del 35 por ciento a los coches que BMW planea fabricar en una nueva planta en México y exportar posteriormente al mercado estadounidense. BMW tiene 31 plantas en todo el mundo.

La de México será una de las cinco más grandes de la firma fuera de Alemania, además de Estados Unidos, Reino Unido, China y Sudáfrica. Respecto a la estrategia que seguiría la marca en caso de que Trump modifique el Tratado de Libre Comercio con México, Willisch dijo: “Vamos a ver qué pasa. Ahora mismo nada ha cambiado”.

Hace dos semanas, Ford canceló sus planes de construir una nueva planta de producción en México por un valor de 1.600 millones de dólares. En lugar de eso, afirma, invertirá u$s700 millones en Michigan, creando 700 nuevos empleos en Estados Unidos. El director ejecutivo de la compañía, Mark Fields, dijo que la decisión fue tomada “independientemente” y que la empresa no hizo ningún trato especial con Trump.

“Que se cuiden ellos”

Al mismo tiempo Vokswagen cuyas autopartes proveen a gran parte de la producción estadounidense dijo que cargar con más impuestos a estas piezas solo encarecerá la producción local y hará caer la demanda y los empleos en EE.UU.

Lo que Trump parece no haber tomado en cuenta es que EE.UU. importó un número récord de US$138.000 millones en autopartes el año pasado, equivalente a US$12.135 del contenido de cada coche ligero construido. Más que los U$89.000 millones, equivalente a US$10.536 por vehículo de 2008, el primero de dos años desastrosos en la industria automovilística. En 1990 las importaciones de autopartes fueron de sólo US$31.700 millones y la mayoria provienen de Mexico y China.

Según un informe del The Wall Street Journal, mientras se aceleraba durante los últimos años el flujo de partes hechas en países baratos, los salarios iniciales se alejaron de los generosos paquetes de compensaciones que por décadas convirtieron a los trabajos en factorías de autos en una presa buscada dentro de la manufactura estadounidense.

Si Trump quiere que vuelva el “Made in USA” deberá lidiar con un panorama de menores salarios colocando al obrero norteamericano en una situación de pérdida de poder adquisitivo que -a su vez- hará caer el consumo. México fue el mayor proveedor de autopartes a los EE.UU. el año pasado, con 34% de las importaciones, seguido por China con 13%.

Las importaciones de China se han más que duplicado desde 2008. Las de México han aumentado 86%. El Ford Escape tenía 55% de contenido estadounidense y canadiense en el modelo 2015, menos del 90% que contenían los modelos de 2010, según datos del gobierno. El Honda Accord hecho en EE.UU. bajó de 75% a 70%. “Nunca hemos producido tantos autos en EE.UU. pero nunca hemos hecho tan pocas de sus partes”, dice Sean McAlinden, economista jefe en el Center for Automotive Research.

Hacer regresar a las fábricas y los autopartistas no será fácil, ellos pretenderán los mismos niveles de salarios que pagan ahora en otros países y los chinos responderán como siempre lo hicieron ante amenazas de proteccionismo, bajarán aún más sus precios haciendo insostenible la competencia.

Ford se va de México

La estructura de hierro de la que sería una nueva planta de Ford en San Luis Potosí, México es el único recuerdo que queda de la anunciada inversión de 1.600 millones de dólares. Ford ya planea cómo indemnizará a las autoridades y empresas de componentes mexicanas.

Esta fue la primera marca en alinearse al nuevo orden norteamericano y en forma inmediata puso fin a un plan de inversiones de 1.600 millones de dólares en México, que contemplaba la construcción de una nueva planta San Luis Potosí. Muchas veces una imagen suele ser mucho mas elocuente que unas simples palabras o algunas cifras de inversiones en una planilla.

La cancelación de las inversiones mexicanas, pone fin a la promesa de creación de 2.800 puestos de trabajo directos y de más de 10.000 indirectos, que llegarían a través de las empresas de componentes. Es por ello que Ford planea resarcir a estas compañías, como así también al propio estado mexicano.

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