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América Latina en la encrucijada

América Latina es el continente más desigual del mundo y, pese a que tiene suficientes recursos para combatir la exclusión social, las políticas de endeudamiento externo y algunas medidas económicas que comenzaron a aplicar los gobiernos que forman parte del nuevo ciclo conservador que asoma en la región amenazan con ampliar la brecha entre ricos y pobres.

En Argentina, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) dio a conocer los datos de los relevamientos correspondientes al tercer trimestre de 2016, que confirman que la mitad de la población con algún tipo de ingresos percibió menos de 8.000 pesos mensuales, es decir, por debajo del salario mínimo, vital y móvil de 8.060. A nivel nacional, la proyección revela que unos 12 millones de personas reciben este ingreso o menos, mientras que en la punta de la pirámide social, el tercio de los argentinos que más ganan percibe ingresos de hasta 274.000 pesos mensuales. En ese contexto, una de las primeras medidas que adoptó el gobierno nacional fue el de reducir la carga impositiva extra sobre los vehículos de alta gama, motos y embarcaciones beneficiando así a sectores de más altos ingresos.

Para el profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro y miembro del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Pablo Gentili, en los últimos años América Latina vivió un período de transformaciones democráticas pero en la actualidad la llegada al poder formal de figuras como las de Mauricio Macri en nuestro país o de Michel Temer en Brasil representan un retroceso en materia de conquistas sociales. En ese sentido, observa que desde que uno de los rasgos distintivos del actual gobierno argentino es el regreso al endeudamiento externo, con más de 45.000 millones de dólares de deuda nueva contraída en un año, y un aumento de la desigualdad; mientras que en Brasil la población sufre las consecuencias de un golpe institucional con un gobierno deslegitimado que como respuesta a la crisis se propone congelar el gasto público por 20 años.

Por otra parte, en un informe presentado esta semana en Ginebra por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las perspectivas del empleo en el mundo para este año, se estima que en 2017 habrá en América Latina un aumento del desempleo del 0,3 por ciento hasta alcanzar el 8,4 por ciento. Si a esto se suma que en nuestro país los efectos de la apertura de las importaciones ya comenzaron a sentirse con el cierre de plantas industriales como las de Alpargatas el panorama puede volverse aún más difícil. Además, se mantienen las expectativas respecto de qué sucederá en los países de la región a partir de las primeras medidas económicas que adopte el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien se mostró a favor de imponer barreras proteccionistas a las importaciones estadounidenses de bienes latinoamericanos, lo que podría impactar en forma negativa en la balanza comercial en detrimento, por supuesto, de los latinoamericanos. Según algunos analistas, otra de las incógnitas es saber cómo repercutirá en los países de América Latina las medidas que adopte Trump en relación con el valor del dólar estadounidense. El particular momento que atraviesan los países de la región donde se impusieron las propuestas políticas de derecha genera muchos interrogantes y presenta también nuevos desafíos al conjunto de América Latina, que tiene pendiente la tarea de transformarse en un continente que acorte la brecha entre los que más tienen y los más desposeídos y, a la vez, avance en la construcción de sociedades más democráticas y con mayor justicia social.

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