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Theresa Quizás, la indecisa

Duro editorial de The Economist sobre la primera ministra británica

El principal diario de finanzas británico calificó así a la primera ministra, haciendo un juego de palabras con su apellido (May, maybe). Es porque considera que después de seis meses de haber llegado al gobierno para conducir la salida del Reino Unido de la Unión Europea, “lo que la nueva primera ministra defiende todavía no está claro, quizás incluso para ella”.

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La portada de The Economist rebautiza Maybe (Quizás) a Theresa May, en una demoledora crítica a sus indefiniciones en el proceso del Brexit y en la política interior.

The Economist evalúa que “La velocidad de su ascenso al poder, el 13 de julio de 2016, sin elecciones generales ni completo acuerdo de su partido, significó que el mayismo nunca expresó ningún programa ni recibió aprobación del electorado (…) Sólo la débil condición de la oposición laborista le dio a la señora May el control de un Estado de partido único”.

El periódico critica que “La estrategia para el Brexit, cuyo proceso debe iniciarse en menos de tres meses, permanece indefinida en los términos más vagos, y cada vez más caótica. (…) La creciente sospecha es que la primera ministra guarda silencio sobre sus planes, principalmente porque ella todavía está luchando para redactarlos”.

El traje nuevo del emperador

The Economist recuerda la “reputación de obstinada competidora” que May se forjó durante seis años en el Ministerio del Interior, su hábil supervivencia tras el referendo del Brexit, “a pesar de apoyar al lado perdidoso”, y su decidida aceleración hacia el liderazgo conservador, carrera en la que “se destacó como el único adulto”. Pero aprecia que la negociación del Brexit, “la tarea más difícil para cualquier primer ministro desde la Segunda Guerra, es una pérdida constante de capital político y gobernabilidad. La mitad del país está en contra, y el resto puede estarlo una vez que sus desventajas se materialicen”.

Otra constatación profunda que hace el diario financiero, es que “La mayoría de los funcionarios que deben implementar el Brexit piensan que es un error”, al punto que “la cautela comienza a parecerse a la indecisión”. Enumera luego las idas y vueltas en el proceso del Brexit: “Su comisario en Bruselas acaba de dimitir, diciendo que el gobierno no tiene un plan claro, la política cambia con cada funcionario, hay demasiadas curvas en U”, y un gran número de políticas luego descartadas. Sugiere que “La causa de este desorden puede ser que el mayismo en sí está confundido”, y entre varios ejemplos de ello, asevera que “Su entusiasmo por el libre comercio a menudo es incomodado por su escepticismo hacia la migración. En el reciente viaje a la India, su falta de voluntad para dar paso a la inmigración bloqueó un acuerdo de libre comercio”.

“Ciudadano de ninguna parte”

The Economist estima que es “exagerada la comparación de la ministra May con Margaret Thatcher”, y propone en cambio compararla con “un predecesor menos obvio: Gordon Brown”, quien “cuando quedó claro que no tenía ni idea de qué hacer con el trabajo que tanto había codiciado, se dejó caer”. Luego hace un listado de temas en los que el gobierno fracasa mientras no resuelve el Brexit: “El cuidado de los ancianos se está deshilachando, el Servicio Nacional de Salud se queda sin dinero, la escasez de viviendas está empeorando, Escocia e Irlanda del Norte plantean dudosas cuestiones constitucionales”. Y concluye que “La necesidad de que cada política sea sometida a Downing Street, el secreto sobre Brexit, y el silencio sobre los planes generales del gobierno para Gran Bretaña apuntan al mismo problema: Theresa Tal vez (Maybe) no sabe realmente lo que quiere”.

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