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Picudo, competitividad, supervivencia del algodón y de la industria textil

Por Jorge Vartparonian- Presidente de la Fundación de Lucha contra el Picudo del Algodonero (FULCPA)- Hace muchos años que el algodón parece ser el niño huérfano de la agricultura en la Argentina. Estamos siendo azotados por los vaivenes de los precios en el mercado internacional.

A pesar de tener un tipo de cambio desfavorable los productores siempre mantenían una proporción de sus lotes con sembrados del ex “oro blanco”, haciendo una rotación sana de sus cultivos. Debido al picudo algodonero más y más de los agricultores fueron abandonando el algodón a medida que se iba infestando del picudo la provincia del Chaco, del este hacia el oeste. Quedaron los grandes agricultores del oeste del Chaco y la provincia de Santiago poco infestada. Esta situación cambió y ahora toda la provincia de Santiago se infestó y la plaga llegó también a Salta, aumentándose considerablemente en general la cantidad de aplicaciones de insecticida necesarias para matar el insecto, y por consiguiente el costo del control y la característica “ecológica” del algodón argentino. Muchos productores han decidido sembrar menos algodón este año y se calcula la reducción en un 30%, por lo que la estimación de producción para el año próximo, se igualará con la estimación de consumo, en unas 150.000 toneladas, con el agravamiento de que una gran parte de este algodón será de un grado y contenido de impurezas orgánicas que lo harán inutilizable por las hilanderías argentinas, y apto solamente para ciertos mercados del extremo Oriente.

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Se espera que se aprueben ciertas reglas de importación, aceptando la entrada sin aranceles de máquinas picker que permitan cosechar sin esa contaminación. El problema sigue siendo que la inversión en dichas máquinas implica muchos centenas de miles de dólares cada una, y la alternativa es la cosecha en stripper poniendo mucho más atención y trabajo durante y antes de la cosecha.

La ecuación en muchos casos sigue favoreciendo la cantidad sobre la calidad, pero el hecho está que en competitividad el algodón brasilero es superior al nuestro. Se cosecha el triple de algodón (fibra) por hectárea que en nuestro país, y los rindes en desmotadora son un treinta por ciento más altos. Para mejorar la competitividad del cultivo deberíamos poder adaptar las últimas variedades de Bayer/Fibermax y Monsanto, que ahora son la misma empresa, pero esto aún esta demorado por la peripecia de la aprobación de la ley de semilla.

Un momento difícil

Por otro lado, el principal cliente de nuestros desmotadores y productores, la industria textil argentina, está pasando por un muy difícil momento con muchas hilanderías cerrando, y muchas empresas demorando sus pagos a los proveedores de materia prima.

Hace mucho que no hemos visto una situación igual y todo hace pensar que el resto del año será similar, por más aliciente que nos den los economistas, que vaticinan crecimiento para el 2017, que sin duda llegará. El plan productivo para esta industria, no está muy claro aún con pocas aclaraciones sobre las medidas que hacen falta para mejorar la competitividad de la industria: el mismo Estado ha reconocido que la inflación, los intereses altos, los impuestos, los alquileres de los negocios, y los factores altos por las que las cadenas comerciales multiplican el costo industrial de sus prendas, para determinar el precio a que venden, son las causas principales de los altos valores de las mismas al público.

Además se verifica la competencia no muy leal, de prendas del hemisferio norte exportadas en condiciones de dumping o como saldos de temporada, terminan haciendo que las prendas argentinas sean normalmente demasiado caras, para el poder adquisitivo de la población, excepto en el caso de mercados marginales como la Salada.

El golpe de gracia

En definitiva el picudo se ha constituido en el golpe de gracia para un sector ya débil, tomando su lugar otros cultivos como la sempiterna soja, el maíz y el girasol. Por ello que es tan necesaria la adopción de medidas urgentes para la reestructuración de todo la cadena agroindustrial, incluyendo también la parte comercial en todas sus etapas.

Si queremos ser competitivos, debemos adoptar las mejores características de cada uno de nuestros competidores en cada uno de sus etapas. Empezando con el algodón y el picudo algodonero hay que adoptar una política de prevención, que reemplace las 15 aplicaciones durante la cosecha, y estableciendo la obligación de la destrucción de los rastrojos como algo muy importante, controlable y sancionable si no se cumple, cambiando las costumbre del Senasa de los últimos años, de dejar pasar las contravenciones sin consecuencia, (excepto la de perjudicar a los colegas que hacen las cosas bien).

Si además se hiciera obligatorio el protocolo de colocar las trampas sesenta días antes de la siembra, y hacer las aplicaciones de borde semanales hasta 35 días después de la siembra, se podría economizar muchísimo en las aplicaciones totales. O sea un Cambiemos a nivel algodonero total!!

Luego, con referencia a la industria textil, permitir y fomentar comprar la maquinaria textil moderna con los créditos internacionales existentes a larguísimo plazo y bajísimos intereses, para reconvertirla con equipos de bajo consumo de fuerza motriz y utilización de mano de obra, para competir con las hilanderías, tejedurías y tintorerías del Lejano Oriente, con acuerdos salariales que aumenten la productividad laboral, y transformen las leyes impositivas a unas más amigables para los empresarios, que no cobren impuestos a la inflación, y permitan la rápida amortización, haciendo menos interesante las prácticas comerciales marginales que han sido la costumbre hasta ahora. Finalmente, en la etapa de la confección, esperemos que la reducción en la tasa de la inflación esperada, haya hecho efecto también en tasas más bajas de interés, para disminuir el efecto del costo financiero en los precios al consumidor y que además, nuestra mano de obra sea incentivada en las provincias del Norte Argentino, para que se radiquen allí las fábricas y compensen el enorme desempleo y pobreza que ahora existen en zonas especiales de desarrollo textil, y que bajen el índice de desempleo y pobreza imperante.

Por supuesto, sin olvidar la defensa del mercado y de la cadena de valor que desde el capullo hasta la sabana emplea a 500.000 personas, especialmente en la zona norteña de nuestro país, hasta ahora muy relegada excepto en casos muy particulares de algunas provincias promocionadas. De llevarse a cabo estas reformas, con una supervisión muy severa por parte de los Ministros involucrados, y el interés de los funcionarios responsables, estaremos cumpliendo con lo que todos los países progresistas del mundo hacen, que es velar por la prosperidad de sus poblaciones, y asegurar trabajo para toda la mano de obra que desee trabajar, sin utilizar planes que estimulan el desempleo, excepto en casos muy excepcionales.

Venimos de más de doce años de populismo muy estridente, con muy pocas consecuencias positivas en lo que respecta al algodón, tengo mucha impaciencia en ver los cambios que nuestra Republica necesita, y que nuestro campo y nuestra industria reclama.

Publicado en la Revista de la Cámara Algodonera Argentina

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