Fabrican bolsas y se esperanzan con un local propio
Graciela Rodríguez pega fondos de bolsas de papel y hace dobleces para que su compañera, Silvia, haga el remate con pegamento. En un alto a su tarea paciente se le pregunta si alguna vez le pareció un trabajo rutinario o que aburra. Responde con una sonrisa: “No, porque nos llevamos bien todos, vengo temprano y me siento como en una familia”. Es una de las 12 personas con discapacidad mental y física del taller protegido Sombras y Luces. Cada mes fabrican unos 5000 a 6000 productos de los que obtienen un ingreso semejante a un salario.
Silvia Quiroga los acompaña hace un año y medio. Después de pasar por varios empleos, confirma: “Acá no hay maldad ni envidia; te vas con cansancio pero bien de alma. Me siento bendecida”, resume. Está a cargo de la guillotina, un trabajo del que sabía ‘poco y nada’ y que aprendió gracias a los chicos y el equipo.

Para 2017 el personal del taller se propone llegar al local propio, con más espacio que el actual donde funcionen los talleres e incorporar un tercero especialmente para bolsas en tela vegetal. Además, si incorporan más personal, podrían ampliar las prestaciones y desempeñar mejor las tareas.
Todos los días
En los 22 años que Graciela lleva en el equipo aprendió a sellar bolsas, a hacer perforaciones, colocar cordones y ayudar a imprimir. Va al taller cada mañana “con lluvia o con calor” y por la tarde ayuda a la mamá en la casa y con un hermano mayor, también con discapacidad mental. “Él no se maneja solo como yo”, aclara.
Con más de dos décadas en Sombras y Luces Vilma Ramírez también afirma que le encanta ir al taller por los buenos compañeros y porque lo considera un segundo hogar. Cuenta que pegar refuerzos y fondos (terminaciones) es lo que mejor le sale y que en una jornada puede completar unas cien bolsas. Muestra los pasos del doblado y explica que si falta un compañero se las ingenian para sacar lo del día.
Adrián agrega que con la mayoría se conoció trabajando y aclara que se trabajó hasta el 30, para volver en febrero.
Juan Martín Romero se acerca al grupo para responder a las mismas preguntas. Conoce a la mayoría de sus compañeros desde cuando iban a la escuela especial Nº 2 y cuenta que una vez terminadas las bolsas, su responsabilidad es contar que estén todas y ordenarlas en cajas para entrega. ¿Tuvieron algunas quejas? “Ninguna”, contesta con la misma seguridad con que se define como un buen compañero.

A pulmón
Mónica Guitar preside el taller, cuando su hijo terminó la escuela especial se encontró con otros padres viendo que no había alternativas de continuidad laboral. “Si ahora cuesta conseguir, imaginate hace 22 años; me refiero a laburo genuino”, subraya. Primero formaron una asociación para crear un emprendimiento laboral conjunto, porque “más allá de que cada uno sepa hacer algo por su cuenta, también es importante que haya un clima de solidaridad y se sienta parte de un grupo”.
El otro camino era volver a la casa, invisibilizando el proyecto personal.
Para fines de los 90 el Ministerio de Trabajo de la Nación impulsó la apertura de varios talleres protegidos. “Ofrecían formación, pero para subsistir había que hacer todo a pulmón, así seguimos los que quedamos, otros anduvieron un tiempo y después cerraron”, recuerda.
La oenegé que preside gestiona los fondos necesarios para que el proyecto subsista. Desde comprar papel y tinta hasta interesar a clientes. Y cuando falta dinero recurren a entidades como Lotería Chaqueña o un organismo que pueda facilitarles fondos.

Pasado, presente
Entre los tiempos más difíciles está la crisis del 2001: “Fue terrible, no recibíamos fondos de ningún lado y los clientes pedían muy acotado o no compraban”. Pese la recesión este año sumaron nuevos clientes y mantuvieron las carpetas para fin de año que encargan algunos jardines de infantes.
Entre ellos son mayoría las relaciones comerciales de muchos años y en menor medida otros emprendimientos de Resistencia, del interior chaqueño y correntino.
¿El camino de la autonomía está lejos?
-Sí, hay bastante dependencia todavía porque cuesta mucho. Además está el número de personas que perciben un beneficio económico mensual con lo que se vende.










