
En el momento menos pensado
Ocurrió sin razón alguna. Claudia me miraba con la boca congelada y los párpados le temblaban del mismo modo que cuando iba a llorar. Estábamos en la plaza, recostados hombro contra hombro. Yo leía; ella, escribía. Gimió levemente y repitió tres o cuatro veces algo que no pude comprender.

