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Fidel Castro, enfadado por final de la crisis: “Nikita mariquita”

El acuerdo entre John F. Kennedy y Nikita Jruschov que puso fin a la Crisis de los Misiles enfadó a Fidel Castro. Y es que la retirada de los misiles soviéticos de Cuba, pactada sin consultar a La Habana, no recogía todas las exigencias del joven líder cubano.

Castro había formulado una agenda de cinco puntos como condición para alcanzar un compromiso con Washington. Además de pedir el cese de ataques o invasiones militares contra Cuba, las dos principales exigencias eran la retirada estadounidense de la base naval de Guantánamo y el levantamiento del embargo económico y comercial, vigente hasta hoy. Castro montó en cólera por el acuerdo entre Washington y Moscú a sus espaldas.

El pacto entre las dos superpotencias respondía a los intereses geopolíticos de ambos gigantes con la retirada de misiles de Cuba y Turquía, pero dejaba de lado los de La Habana.

Y el primer ministro cubano responsabilizaba a Jruschov de lo que consideraba un acuerdo ventajoso para Estados Unidos. En La Habana la frustración por el acuerdo entre ambas superpotencias era palpable.

‘Cuando llegaron esas noticias aquí (...) produjeron una gran indignación porque nos veíamos convertidos en una especie de objeto de cambio‘, se quejó Castro.

También en las calles se sintió el descontento. ‘Nikita mariquita, lo que se da no se quita‘, es una consigna que se hizo popular de la época. Sobre todo estudiantes coreaban el estribillo que buscaba resaltar la determinación de Castro frente a las vacilaciones de los soviéticos.

Castro se negó en las semanas posteriores a permitir la inspección en suelo cubano de los misiles soviéticos que debían salir de la isla. Al secretario general de la ONU, U Thant, le dejó clara su rotunda negativa a permitir las inspecciones.

‘El papel de Castro durante los 13 días de la crisis fue modesto‘, recuerda el experto estadounidense Philipp Brenner en conversación con la agencia dpa. ‘El momento en el que tuvo de verdad un papel crucial fue en las siguientes cuatro semanas, cuando se resistió a que las armas soviéticas fueran retiradas de Cuba‘.

Pese al enfriamiento de las relaciones tras la crisis, La Habana y Moscú siguieron siendo aliados. Castro y Jruschov mantuvieron abierto el canal de diálogo.

El joven guerrillero de 36 años visitó finalmente al veterano líder soviético de 68 en Moscú en junio de 1963 para limar asperezas y relanzar su cooperación.

La Unión Soviética fue el principal socio comercial de Cuba hasta su disolución en 1991. El derrumbe del bloque comunista puso a la mayor de las Antillas al borde del colapso con una grave crisis económica en esa década.