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Charla con Claudia Masín

“La creación poética es un camino solitario”

El próximo mes se presentará en Buenos Aires la reedición del libro "Abrigo", de la chaqueña Claudia Masín. "Admiramos su poética", expresaron desde la editorial El vendedor de tierra. 

Paulo Ferreyra
Por: Paulo Ferreyra

“Todo debe ser dicho con cierto sentido misterioso, con un brillo, un resplandor crepuscular, por tú, mi pequeño sol de todo ello, te has puesto. Has caído del deslumbrante borde del mundo. Ahora yo debo cumplir mi parte. Pero quisiera que no hiciera tanto frío. El frío me asusta”, escribió en su diario Katherine Mansfield. Esas palabras las usó Claudia Masin como introducción a su poemario.

 

El 23 de agosto en La Casa del Árbol —avenida Córdoba 5217, ciudad de Buenos Aires— se presentará la reedición del poemario Abrigo de Claudia Masin. La acompañarán Dolores Etchecopar, Alejo González Prandi, y los sonidos de los cuatro elementos vendrán de la mano de Zulma Ducca y Mabel Limares.

“Para esta reedición hubo pequeñas correcciones, muy sutiles, alguna coma o un punto. Este es un libro que en su momento estaba muy trabajado, muy corregido, busqué mucho la condensación y la síntesis en la escritura. No le sobraba nada. El texto estaba bien condensado y solamente ahora revisé detalles, fue un lindo reencuentro con estos poemas. Es raro en mi trabajo, salvo El Verano, nunca más volví a escribir así y no sé si volveré a escribir así”, explicó.

Con Claudia intercambiamos unos mensajes por  Whatsapp. La notica de esta publicación la pone feliz y pensamos que era la oportunidad para volver a hablar del libro, en la charla cuenta cómo fue aquel proceso creativo y cómo define a Katherine.

— ¿Cómo surgió este poemario basado en las cartas y los diarios de Katherine Mansfield?

— En mi adolescencia había leído algunos relatos de Katherine. Muchos años después descubrí sus diarios y sus cartas. Me parecieron bellas, sentí una enorme conexión, una afinidad en cuento a su sensibilidad en escritora. Así empezaron a aparecer estos poemas que son textos que toman la voz de Katherine. Claro que están imbuidos de mi propia biografía, mi propia voz y hay un entrecruzamiento entre su voz y la mía.

El poemario surgió como un deseo de establecer un diálogo imposible con ella. En una de las entradas de su diario dice que de todas las personas que le hubiera gustado conocer es a Antón Chéjov, le hubiera gustado poder dialogar con él. Salvando todas las enormes distancias a mí me hubiera gustado haber nacido en su tiempo y ser su interlocutora. El libro es un intento de diálogo con ella desde la palabra.

— Esa es la razón por la que los poemas no tienen título, ¿cómo decidiste esa estructura?

— Un poco es así pero a diferencia de la mayoría de mis libros este es de poemas cortos. En mi camino tiendo cada vez más a los poemas largos y es una estructura en la que me siento más cómoda. En este libro sentí la necesidad por primera y única vez de escribir poemas muy breves. Hay aquí una fuerte presencia del silencio, la cuestión de lo no dicho y esa cuestión de hablar en tono bajo, casi en susurro.

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De alguna forma esta estructura es el tono de Katherine. Si tuviera que elegir una palabra para hablar de ella diría “delicadeza”, es extremadamente delicada, sutil. Virginia Woolf decía que Katherine tenía el don de la proximidad, tenía el don de hacerte sentir que estabas ahí nomás, muy cerca de ella. Esa proximidad está en sus relatos, en sus diarios y más aún en sus cartas.

Nosotros pertenecemos a una geografía distante y a una época muy distante. Pero ahora cuando la leo siento que me está haciendo una confidencia una amiga. Las formas de los poemas tienen mucho que ver con esa voz que te dicen quedito, en confidencia, en un encuentro directo con otro.

Casi todos los poemas tienen un interlocutor. Por ello los poemas no tienen títulos, son una continuidad y el libro tiene una gran unidad en ese sentido. Son fragmentitos de una conversación.

— Uno de esos fragmentos de diálogos dice “quisiera nombrar la palabra que me haga real”. ¿En algún momento pensaste en alguna palabra que te nombre, que te defina?

— Hay justamente una palabra que pienso usar para definir uno de los libros que tengo inéditos, que se llamará La Intensidad. Creo que de muchas palabras esa es la que define mi escritura, la impronta de mi escritura. Me parece que si hay algo que se mantiene desde los primeros libros es la intensidad, potente y emocional fuerte. En un punto hablando con vos ahora pienso que la intensidad pareciera oponerse a la delicadeza, pero siento que Katherine es una escritora intensa a su manera, cargada emocionalmente pero desde un lugar sutil.

— En el proceso de creación del libro, de este diálogo tan particular, ¿hubo un tercero o compartiste con alguien ese camino creativo?

—En la escritura del libro Geología estaba trabajando en un taller con Diana Bellesi. Entonces gran parte de ese libro lo trabajé con ella. Después de ese libro no volví a trabajar en taller. Soy bastante reacia a compartir mis textos durante el proceso de trabajo. La creación poética va en un camino solitario. Recuerdo que el título del libro se lo compartí a una amiga, una poeta maravillosa que es Paula Giménez España. Caminábamos por la calle y charlando le compartí que el libro se iba a llamar Abrigo, nada más.

— En diálogo con la editorial explicaron que ellos se acercaron a vos para editar un libro y que vos propusiste Abrigo, ¿por qué?

— En principio es la editorial ideal. Precisamente por las cosas que venimos hablando. Volviendo a las palabras que nos definen, si tuviera que definir con una palabra el proceso de trabajo que la editorial tiene en relación con cada libro sería “delicadeza”. Ellos hacen las cosas con extremo cuidado, los ejemplares de los libros están hechos a mano, establecen una relación personal con cada ejemplar del libro que editan. Lejos de una producción industrial. En ese sentido me pareció que era el libro ideal para este tratamiento, un trato amoroso y delicado con cada libro. Abrigo es una respuesta a la escritura de Katherine. Ella habla recurrentemente en sus diarios de la sensación de frío, tenía una enfermedad respiratoria y el frío era su gran enemigo. El libro juega o quizás pretende constituirse en una especie de abrigo en relación con su obra literaria.

 

Mirar el mundo desde la poesía

La revista de poesía El Vendedor de Tierra apunta a la publicación de autores argentinos y de América Latina. Nació en Buenos Aires integrada por Alejo González Prandi, Andrés Haedo y Celedonio Torres Avalos. Hasta 1998 se editan siete números. Desde 2004 comenzó a editarse en la web. El nombre de la editorial responde al título de un libro y poema de Jacobo Regen (Salta, 1935). El trabajo realizado en este espacio es un homenaje a su obra.

Además de charlar con Claudia también charlamos con Alejo de la Editorial El Vendedor de la Tierra.  Con Abrigo, de Claudia Masin, ya suman cuatro títulos: El increíble viaje de Plauto, de Alberto Tasso; #ProyectoRegen, que incluye textos de 10 autores sobre la obra de Jacobo Regen; y El deslumbre, de mi autoría. Aleja nos abre las puertas de esta editorial.

— Comencemos con un poco de historia. ¿Por qué llevan adelante este proyecto de revista y editorial de poesía?

— El Vendedor de Tierra (www.elvendedordetierra.com) como revista de poesía comenzó en 1995, junto a Andrés Haedo y Celedonio Torres Avalos. Desde el principio nos interesó difundir la palabra de los poetas que admiramos y frecuentamos. A la vez, es un medio de aprendizaje constante. Sin duda, la revista es vital para nuestra formación. Por otra parte, el proyecto de la editorial artesanal homónima —que comparto con Luján Ochoa— nació en agosto del año pasado, con la presentación de El increíble viaje de Plauto, de Alberto Tasso (novela en verso) y El deslumbre, de mi autoría (poesía). La idea era unir varios elementos e inquietudes que interpelan: hacer a mano libros estéticamente bellos, perdurables, cuidados en todos los aspectos, desde el diseño, la composición, los materiales y la calidad del catálogo. Además, intentamos que el libro se difunda y se conozca lo más posible. No dejamos al autor a la deriva una vez publicado el título.

— En este camino de difusión, ¿qué les ha dado la poesía?

— Una mirada sobre el mundo, que con el paso del tiempo se va enriqueciendo y depurando. Tanto la revista como la editorial son recursos que generamos para agradecer todo lo que la poesía nos dio. Son espacios de lucha y resistencia. Nos esforzamos para que cada día esa mirada, a través de un libro, de un texto, una ilustración o una fotografía, sea cada vez mejor de lo que opinamos y somos.

— Los libros son artesanales, ¿por qué?

Desde El Vendedor de Tierra entendemos que la escritura va más allá del momento en que se termina de escribir un libro. Hacer cada ejemplar a mano nos da una dimensión completa de lo que significa su escritura. Cada etapa del proyecto artesanal forma parte esencial de ese proceso literario y artístico. Además, es —aunque pequeña— una contribución a la bibliodiversidad. Hacemos ediciones que tienen tiradas de 20 a 50 ejemplares, a reimprimir según la demanda. Cada vez hay más editoriales que se están incorporando a este tipo de trabajo. Es un aprendizaje constante. En ese sentido, es muy interesante lo que plantean editores como Eric Schierlog.

— Hablemos de Claudia Massin, ¿cómo llegan a ella y que les seduce de su obra poética?

— Hace varios años leemos su poesía. Nos hemos cruzado, compartimos espacios y amistades. Cuando comenzamos a pensar en el catálogo para este año, nos comunicamos con ella para que considerara publicar a través de esta editorial. Para sorpresa nuestra, aceptó y nos propuesto reeditar Abrigo, una obra que se publicó por otra editorial en 2007. Admiramos su poética, ese tejido invisible que va marcando y consolidando una obra de singular belleza.

Este libro nos conmovió muchísimo. No dudamos un segundo en publicarlo. Como mencioné, pasó mucho tiempo de su primera edición. Queríamos que los lectores de poesía pudieran acceder nuevamente a este título que dialoga magistralmente con el mundo de Katherine Mansfield. Su sensibilidad nos acecha, nos interpela.