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Violencia de género en Charata: “Me salvó mi hijo, sino me mataba”

Soledad tiene 32 años, y el jueves fue violentamente golpeada por su marido, de quien se había separado hace unos días. Su hijo de cinco años, que estaba durmiendo frenó la golpiza a los gritos.

CHARATA (Agencia) “Tengo muchísimo miedo, espero que la justicia actué. No me importa si no nos da nada, no quiero que se nos acerque”, sostuvo. La abogada del agresor presentó un certificado médico de su defendido, ante el requerimiento del fiscal, mientras que la causa continúa.

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Soledad comienza el relato de lo que sucedió, tranquila, pero como si reviviera esos momentos, el llanto la invade y luego el tono de súplica y miedo se nota sobre el final, en el que pide a la justicia que actúe.

Toda la situación comenzó cerca de las 15.30 del jueves, en una vivienda del barrio Libertad de Charata. “Llegó a la casa, entró ni me saludó y  me preguntó si había ido al juzgado, por una demanda de cuota alimentaria. Se enfureció empezó a romper cosas, me agarró en el piso con una soga, y mi nene se despertó y ahí me soltó, si no me mataba”, contó Soledad,  

“Fue tan rápido, nunca me espere que me haga esto. Hace un tiempo nos separamos. Desde que se fue nunca se acordó del nene, por eso fui al juzgado, porque no podía darle de comer a mi hijo, porque él me hizo dejar de trabajar, yo trabajaba en una fábrica. Para darle cosas al nene siempre le tenía que traer el ticket de todo a él”, agregó

Sus padres viven cerca, pero no escucharon lo que sucedía. “Yo gritaba y no sé si me salía la voz”, dice y agrega “mis papás son grandes ya, y duermen la siesta”. “Nunca me esperé pasar por esto”, repite. Soledad y su esposo hacía siete años que estaban juntos, seis de casados, y su hijo tiene cinco años.

“Había empujones pero nunca esto. Siempre me lo quedaba para mí, no lo hablé con mi familia, porque no quiero que ellos sufran, mis papás son grandes, y son enfermos”, contó. 

El relato de Soledad se hace más desesperante, cuando recuerda nuevamente los golpes, y lo que le decía su agresor.

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“Me dijo que no le toque el sueldo porque me iba a matar. No sé de dónde sacó o una soga o un cordón y me puso en el cuello, y me decía te voy a matar. Mi hijo estaba durmiendo. No puedo creer que haya reaccionado de esta forma. Si yo hubiera tenido un trabajo no lo molestaba. Tengo una bronca, una angustia, miedo. Si estamos solos, no sé qué nos puede hacer. Tengo mucho miedo espero que hagan algo en la justicia. Si no nos quiere dar nada que no me dé, pero que no se me acerque”, concluyó

Soledad, llamó a la policía, y luego de ser llevada al hospital, realizó la denuncia.

Certificado médico del agresor

El fiscal Elio Mari es quien interviene en la causa, y al ser requerido el agresor, su abogada, presentó un certificado médico donde se le impone un reposo por cinco días, por un supuesto pico de azúcar.

Finalmente, tras diferentes actuaciones de la Fiscalía, quedó detenido el agresor. Está alojado en la comisaría Segunda.

Asimismo, el fiscal dispuso custodia policial para la mujer y su hijo.

En Pinedo un empleado penitenciario detenido

No fue el único caso el de Soledad. El miércoles, en Pinedo, cerca las 9.15 de la mañana, la policía fue alertada por un caso de violencia de género en calles 14 entre 17 y 19. 

Los oficiales se encontraron con una mujer de 38 años, con lesiones en el rostro (además le rompió dientes, tiene lesiones también en el pabellón del oído), quien les contó que su exconcubino la había agredido.

La policía observó que, a pocos metros “un ciudadano caminando, que vestía el uniforme del Servicio Penitenciario Provincial”, los oficiales se entrevistan con el hombre de 26 años, que reconoció que había mantenido una discusión de pareja con su concubina “nada más”, y luego “comportándose de manera agresiva vociferando insultos contra el personal policial, se lo redujo”, sin embargo continúo con su actitud, pegando una patada en el abdomen a un personal policial.

Quedó detenido, y se le retuvo su credencial policial y su arma reglamentaria.  Además de la medida de restricción perimetral, y la asistencia sicológica a la víctima y su familia.

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