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Las monjas “esclavas sexuales”

Nuevo capítulo de los abusos sexuales en la iglesia

   “Es la primera vez que el papa y la Iglesia como institución admiten públicamente que esos abusos se cometieron. Eso es sumamente importante”, destacó la directora del suplemento femenino de “L’Osservatore Romano”.

  Ciudad del Vaticano, 6 (AFP) - La admisión pública del papa Francisco de que sacerdotes y obispos han utilizado a monjas como “esclavas sexuales” marca una nueva crisis de escándalos por los abusos en la Iglesia católica.

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Lucetta Scaraffia, directora del suplemento femenino del diario vaticano “LOsservatore Romano”.

   La historiadora y periodista italiana Lucetta Scaraffia, directora del suplemento femenino del L’Osservatore Romano, dedicó el número de febrero a los casos de abusos sexuales a religiosas, desatando un nuevo escándalo en el seno de la milenaria institución. La denuncia fue confirmada por el pontífice, quien admitió que curas y también obispos abusaron sexualmente de monjas, durante décadas. La admisión papal sorprendió a los periodistas que asistían a  la conferencia de prensa en el vuelo de regreso a Italia desde Emiratos Árabes  Unidos. “Hubo curas y también obispos que hicieron eso”, dijo el papa, que nunca había tratado ese tema públicamente.

   “La Iglesia “ha suspendido a varios clérigos” y el Vaticano “trabaja (en este tema) durante mucho tiempo”, confesó. El escándalo se suma a la ola de denuncias contra sacerdotes pedófilos en numerosos países, desde Chile e Irlanda, pasando por Estados Unidos y Australia. El semanario del Vaticano denunció inclusive la violación de monjas, que fueron forzadas a abortar o a criar hijos que no fueron reconocidos por sus padres sacerdotes.

   Un fenómeno poco denunciado y que está saliendo a la luz en numerosos países, entre ellos Irlanda, Chile, Italia, Perú e India, además de África. “Es una situación muy difícil que tiene sus raíces en la dependencia de las monjas. No son reconocidas como iguales”, explicó Scaraffia.

   En un comunicado de prensa divulgado este miércoles, el portavoz interino de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, aclaró que cuando el Santo Padre habló la víspera de la “esclavitud sexual” en algunas congregaciones, se refería también a la “manipulación y a formas de abuso de poder, que también incluyen el abuso sexual”. Desde noviembre pasado la Unión Internacional de las Superioras Generales (UISG), organismo que representa a más de medio millón de monjas católicas, asumió el compromiso de atender a toda religiosa que denuncie una agresión sexual. 

Romper el silencio

   El papa recordó que la batalla fue abierta por su predecesor, Benedicto XVI (2005-2013), quien “tuvo el coraje de disolver una congregación” por esclavizar a las mujeres, inclusive sexualmente, por parte de su fundador. Francisco se refería a la congregación francesa de las Contemplativas Hermanas de San Juan, cuyos superiores fueron despedidos después de una investigación del Vaticano sobre sus excesos, entre ellos sexuales.

   A raíz de las revelaciones sobre el abuso de niños por parte de curas y del impacto mundial del movimiento #MeToo, las monjas también comenzaron a romper el silencio. La semana pasada, un alto religioso del Vaticano, acusado por una exmonja alemana de abusos durante la confesión, renunció después de cuatro años y de un juicio canónico que se limitó a llamarle la atención. “Al Vaticano han llegado muchas quejas, pero no se les hace seguimiento”, explicó Scaraffia.

   “Espero que formen una comisión para investigar los casos, que participen expertos religiosos en ese tema, que se abran juicios, pero sobre todo que se quiebre el silencio. Porque es el silencio que permite que violadores sigan violando”, agregó. Para las monjas víctimas de abusos no es fácil hablar de ello ya que temen que la denuncia repercuta contra ellas o la congregación.

   Scaraffia considera que la iglesia debe cuestionarse sobre el poder que los sacerdotes ejercen sobre las monjas, ya que deciden sobre su ingreso o no a las órdenes religiosas, organizan sus vidas diarias e inclusive fijan el salario que reciben. “Esta es una oportunidad para demostrar que el cambio está realmente en marcha”, sostiene la historiadora, quien espera acabar con el tradicional poder de los sacerdotes sobre las monjas.