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Marcelo López
Por: Marcelo López

Museo Argentino del Whisky: la mayor colección privada del mundo

La iniciativa del coleccionista Miguel Ángel Reigosa lleva 42 años y está a sólo 283 etiquetas de superar a la colección del museo del whisky de Edimburgo (Escocia). El templo del single malt y otros exquisitos brebajes cuenta con más de 4100 socios y una intensa agenda comercial y cultural. Un paseo a un mundo apasionante y en continuo desarrollo en el barrio porteño de Coghlan.

La elegante fachada de la casona ubicada en avenida Monroe 3980 conserva un estilo elegante y cálido. Miguel Ángel Reigosa nos abrió las puertas del Museo Argentino del Whisky para conocer todos sus secretos.

- ¿Qué es el whisky para vos?

- El whisky es mi vida. Esto comenzó a los 14 años, luego de una gran borrachera con mis compañeros de secundario. Fuimos a bailar y habíamos tomado tragos con licores, eran bebidas de baja calidad. Llegamos a la casa de mi padre, nos juntamos donde era su sala de música, eran como las 5 de la mañana.

Él escuchó los ruidos y se acercó. Nos dijo que al día siguiente quería convocar a los padres de todos. En lugar de retarnos, lo que mejor hizo fue hablarnos a todos que cuando saliéramos teníamos que tomar poco pero bueno.

A partir de ese momento comencé a tomar whisky porque nos convidó de una botella de Old Parr 12 años que tenía guardada. Ese recuerdo imborrable me dejó de enseñanza que como casi todo en la vida para aprender o para crecer tenés que tratar de vivir las cosas y a veces sufrirlas también en carne propia.

- ¿Qué es la Whisky Malt Argentina?

- La Whisky Malt Argentina es una gran familia de 4100 asociados. Comencé a los 14 años. Cuando mi padre falleció yo tenía unos 25 años y me hice asiduo concurrente del Café de los Incas, un lugar muy recordado y que me dio todo para poder crecer en este mundo del whisky.

Tenía un socio, Jorge Omar López Altobello, que si bien no me apoyó en el proyecto porque no creía, pobre (risas). Sin embargo me abrió todas las puertas para que pueda llegar a donde llegué. Él me dio las facilidades para que en el bar pudiera hacer y desarrollar todo lo que sentía por el whisky. Aunque él no estaba de acuerdo, me apoyó y le debo mucho.

 

- ¿Porteño de ley?

- Lamentablemente nací en Buenos Aires, una ciudad de locos (risas). La verdad es que no me siento porteño, me gusta mucho más la gente de las provincias que de mi misma ciudad. Hice todo en esta gran ciudad, pero siento mucho más a la gente del interior. Por eso esta entrevista es un placer.

 

- Entre los asociados, ¿hay gente de otras ciudades del país?

- Entre los 4100 asociados aproximadamente 2000 son del interior, después tenemos franquicias en Villa Constitución, Santa Fe (capital), Rosario, San Lorenzo, Calafate, Mendoza, Córdoba y Mar del Plata. También estamos por abrir una en la ciudad de La Plata, donde vamos con el equipo que tenemos en el Museo del Whisky. Daremos charlas, capacitaciones y haremos lanzamientos de productos. Nos llena de orgullo y de placer transmitir lo que aprendimos por todo el país.

 

- ¿Quién o quiénes iniciaron este minucioso camino de elaboración?

- Por más que se discuta, la industria del whisky comenzó con los monjes irlandeses, ellos lo crearon. Algunas investigaciones cuentan que 2000 años antes de Cristo ya se elaboraba, pero realmente los irlandeses dieron el puntapié inicial: copiar y mejorarlo. Para mí la cuna es Escocia, si bien hoy se puede elaborar un whisky japonés o de cualquier lugar del mundo de altísima calidad, el escocés está por sobre todo.

 

- ¿Existe variedad o es un solo tipo?

-En las variedades del escocés tenés el single malt, con productos elaborados de una sola destilería. Están los blends de malta, que tienen dos o más maltas de varias destilerías o de la misma. Además hay mezclas con grano, que también son productos muy nobles.

 

- ¿Cuesta encontrar un buen single malt o un buen blend?

-Se van perdiendo los de muchísimos años, como venían antes (de 18, 21 o 25 años) y van quedando los estándar. Esto pasa porque se puede elaborar un producto de tres años y venderlo como un single malt, al mismo precio de un blend escocés. Entonces el 90% de lo que elaboran lo sacan con en un breve tiempo, y un 10% se guarda para añejar como single malt. Por eso existe faltante mundial y la demanda de esos productos hace que tengan un precio altísimo en el mercado.

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Sorprenden los insólitos envases y las ediciones especiales para conmemoraciones, homenajes o momentos históricos.

- Hablemos de las regiones y las características distintivas del whisky que elaboran…

- Históricamente existen regiones escocesas en las que se produce whisky. La más nueva en adquirir esa categoría son las Islands, que se toma como una región más de producción del single malt en Escocia. Ahí la característica principal es un leve ahumado, ya que la turba no es milenaria como la de Islay, la isla más austral de las Hébridas Interiores.

La mayoría de la vegetación costera que cumple su ciclo vital muere y cae ahí mismo, y como resultado de esa descomposición surge la turba. Esa materia prima, relativamente nueva, aporta un gran sabor a la bebida. Islay produce los whiskys más ahumados del planeta y se destaca que el efecto no es artificial, sino natural. Enfrente, a solo 5 minutos, en la isla de Jura se generan productos de excelencia y muy reconocidos a nivel mundial.

Mientras que en Campbeltown, se equilibra lo ahumado con los sabores florados o perfumados de la región de Speyside, que en sus orígenes tenían notas ahumadas. En destilerías como Benromack o Gordon & Macphail tratan de tener esos productos porque están haciendo whisky a la vieja usanza. Así que el de Speyside está apareciendo con un pequeño toque de ahumado también.

 

- ¿Cuánto puede llegar a costar una edición de colección mundial?

- Actualmente estoy trabajando para el embotellador independiente más grande del mundo que se llama Gordon & Macphail y tiene casi 130 años en el mercado. Tienen whiskys de colección, de 1926, 1936, productos realmente valiosos. Por ejemplo, en el cumpleaños de la Reina de Inglaterra, hicimos el lanzamiento junto a mi amigo Colin Scott. Allí bebimos un blend llamado “Tributo de honor” de Chivas Regal que sale 300000 libras esterlinas la botella. Pero hoy hay productos en subastas que alcanzan el millón de libras esterlinas, que al cambio actual superan los 27 millones de pesos. 

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Sorprenden los insólitos envases y las ediciones especiales para conmemoraciones, homenajes o momentos históricos.

- ¿Y en el mercado argentino cuáles son las botellas más preciadas?

- Los productos más selectos son los que importamos con la Whisky Malt Argentina y el Museo del Whisky. Trajimos botellas de Gordon & Macphail de 21, 30 y 40 años, que en la historia nacional nunca se había logrado eso. Entre las empresas multinacionales que operan en el mercado local el single malt más caro que se trajo es uno de 18 años. Por citar un ejemplo, lo más cercano es un Glenfiddich de 21 años, que sólo se consigue en el Duty Free (tienda libre de impuestos, generalmente ubicada en los aeropuertos internacionales).

Nosotros tuvimos la suerte de traer 18, 21, 25, 30, 40, 50 años. Es más,  conseguimos una edición de Glen Grant de 1954, y algunas que cotizan muy caras como el Speymalt de Macallan. Este último whisky es de 1950, embotellado en 2006, que es una botella que cuesta 30000 dólares.

Medidas, combinaciones, características

- ¿Cuáles son los pasos a seguir para saborear un buen whisky?

- Algo que siempre le digo a la gente es que desde mi punto de vista te lo podés tomar de la forma que más te gusta. Por ejemplo, lo podés tomar con una bebida cola, con hielo, con agua o puro. Para mi vale de cualquier forma. Lo que te va a marcar la diferencia es el respeto que le tengas a la botella que tenés delante.

Por supuesto que si tenés una malta de 50 años ni se te va a ocurrir ponerle cola, hielo o usarlo en un trago. Aunque en el mercado asiático es válido eso debido al dinero que tienen ellos.

Para mí según la bebida es la forma en la que la podés utilizar pero todas son válidas.  

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En el museo se encontrarán singularidades y detalles cuidados. 

- Y el mito del hielo…

- Nosotros estamos en contra del hielo muchas veces porque el que llega a Buenos Aires contiene cloro y otras sustancias que en definitiva dañan el producto. Por eso junto a un socio en Venado Tuerto elaboramos un tipo de agua que se llama William Wallace. Mediante un proceso de ósmosis inversa se le extraen minerales y que no se altere la calidad del whisky.

Personalmente a un single malt no le pongo nunca hielo. Pero por ejemplo a un blend si, si es un estándar o uno de 12 años lo podés consumir con hielo. Tampoco es lo mismo que hacerlo en el Chaco, ya que es una cuestión climática. Los venezolanos o colombianos toman Old Parr o Buchanans en cantidad y con muchísimo hielo. A veces le ponen hasta 10 cubos debido al calor de la zona, incluso pueden tomar una botella entera sin darse cuenta.

 

- El agua puede ayudar a descubrir notas y sabores…

- Por supuesto, siempre que usemos agua a la que le hayan extraído todos los minerales mediante una ósmosis inversa. Y también el ideal es utilizar una copa de cristal escocés Glencairn, como la que traemos al país, que para mi gusto son las mejores del mundo.

Lo que te permite esa copa es poder oler el whisky de otra forma, se mantienen más tiempo justamente esos sabores. Lo que te permite descubrir esos aromas y sabores que en un vaso abierto se mantienen presente.

 

- Podemos tomar todo lo que queremos pero en un dram…

- Claro, el dram es una medida escocesa y está bueno para llevar control de lo que estás tomando. En el Museo Argentino del Whisky los servimos y lo bueno es lo lógico. No es el abuso, es disfrutar.

Tenés dos formas de tomar whisky, por efecto o por placer. El que fuma cigarrillos lo hace por vicio, en cambio el que fuma un puro lo hace por placer. El equivalente en el mercado del whisky sería esto, tomar por placer o tomar por vicio.

 

- Así que ustedes promueven el consumo responsable…

- Aquí en el Museo vemos que la gente tiene una cultura terrible, que no es lo que pasa en un bar común. Vienen a una cata de whisky o al lanzamiento de un producto y el 90% de la gente viene en taxi debido a la gran campaña que hemos hecho con el consumo responsable.

 

- ¿Cómo es en la práctica?

- Tenemos a disposición de todos los asociados radiotaxis, o gente que lo puede ir a buscar del hotel al museo y de vuelta también. Creo que si van a tomar dos medidas de whisky no es conveniente manejar así. Estamos completamente en contra de manejar si tomaste alcohol y a favor del consumo responsable.

Una cosa es estar en tu casa tomando tranquilo y sin molestar a nadie. Y otra muy distinta es poner en riesgo tu vida y la de otras personas.