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“Psicópata “y “manipulador” definió psicólogo al discjockey acusado de abusar de sus cuñadas

Un testimonio adverso al imputado, ofreció el psicólogo que atendió a una de las hermanas presuntamente abusadas por su cuñado cuando las llevó a vivir con él y la esposa. El 6 de julio seguirá el juicio contra Ramón “Polo” Escobar.

Hasta el viernes 6 de julio habrá cuarto intermedio en el juicio oral y público que se realiza en la Cámara Segunda en lo Criminal de Resistencia, donde se ventila los supuestos ataques sexuales que padecieron las hermanas G.M y Y.M, cuando tenían 13 y 12 años, respectivamente.

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El acusado Ramón Escobar saliendo de la Cámara Segunda en lo Criminal, donde se lleva adelante el juicio.

Las víctimas se encuentran enroladas en las filas de la Policía del Chaco y Prefectura Naval y las agresiones habrían ocurrido en la vivienda de Ramón Alejandro “Polo” Escobar y de la hermana de las víctimas, en Villa Luzuriaga.

Varios testigos desfilaron durante las cuatro audiencias en la Sala Unipersonal a cargo de la jueza Gloria Zalazar y entre ellos lo hizo otra hermana de las denunciantes que se transformó en un aporte clave sobre los padecimientos que habrían vivido.

En un momento cuando la mujer, tercera en edad de las cuatro (una es esposa de Escobar) describió una situación que le tocó vivir cuando “Polo” iba a la casa de sus padres. La testigo admitió que en una oportunidad el discjockey y exchofer del ministerio de Infraestructura, avanzó hacia ella, tocándole sus intimidades y que la besó.

Su testimonio quedó paralizado por unos instantes a raíz de que la hermana de G.M y Y.M se largó a llorar, debiendo la fiscal de Cámara Dolly Fernández solicitar que el acusado sea retirado de la sala hasta que se termine con el testimonio. Una vez con Escobar en otro sector de la sala, la mujer dijo que su cuñado no consumó el ataque porque ella advirtió que iba a gritar y frenó así nuevos hechos.

Fue la única vez que el imputado quiso abusarla, por lo que la tercera hermana consideró que si ella hubiera hecho la denuncia aquella vez, “no les hubiera pasado a mis hermanas”, dijo llorando en el juicio.

EL PERFIL DEL IMPUTADO

Por otra parte declaró a pedido del abogado querellante, Ítalo Suligoy , el psicólogo Pablo Derewicki- que se encuentra viviendo en el sur- pero fue el profesional que atendió a una de las hermanas, la primera que rompió el silencio.

La víctima acudió a su consultorio por pedido de su entonces novio y conocidos. De a poco fue confiando en el profesional hasta que se animó a dar información de lo que había sufrido.

El profesional contó en el juicio que cuando logró descubrir lo que había pasado con la joven, la instó a denunciar el suceso para poder darle un cierre a los diferentes trastornos que atravesaba hasta 2015, cuando todo salió a luz.

Derewicki dijo que Escobar “es un psicópata”, “manipulador” y que el sujeto usó lo que en la psicología denominan la “teoría del hechizo”, donde el individuo hacía valer el poder de ser el dueño de la casa, y aprovechó la inmadurez de las hermanas y la propia necesidad económica, que las llevó a tener que convivir con su propio abusador bajo reiteradas amenazas.

Los ataques se habrían consumado en la casa de Escobar y la hermana de las dos víctimas, en Villa Luzuriaga, a dónde G.M y Y.M fueron a vivir porque en 2002 sus padres atravesaban un mal momento económico. Los defensores del presunto depravado son Wilmer Carrara y María Cristina Castellano.

EL EPISODIO

Suligoy asumió el caso en 2016, y luego de sortear las etapas de apelación de Escobar, logró que la Cámara de Apelaciones mantenga la prisión preventiva. La fiscal Fernández deberá sostener la acusación “de abuso sexual con acceso carnal, en concurso real con abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por haberse realizado contra una menor de dieciocho años, aprovechando la situación convivencia preexistente”.

G.M fue la primera que sufrió el ataque de parte de su cuñado, cuando en 2002, ella tenía 10 años, en proximidad de las fiestas de fin de año, Escobar comenzó con tocamientos. Tres años después la situación sería más grave, cuando tenía 13 y Y.M, 12 años a las les hacía ver películas pornográficas.