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La importancia de una buena vigilancia epidemiológica

Expertos que participaron en el último Congreso Internacional de Enfermedades Infecciosas que se realizó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires coincidieron en destacar que frente a potenciales riesgos para la salud pública lo más importante es contar con un eficiente sistema de vigilancia epidemiológica y con la tecnología adecuada para producir vacunas.

Es que el avance de la ciencia en el campo de la bacteriología sumado al descubrimiento de los ciclos de ciertas enfermedades infecciosas han permitido a los responsables de velar por la salud de la población adoptar a tiempo medidas adecuadas de prevención. Uno de los participantes en el Congreso de Enfermedades Infecciosas, el experto holandés en virología y autoridad mundial en la investigación del virus de la influenza, Ab Osterhaus, remarcó que hay dos factores que son claves para un país ante una posible amenaza: la vigilancia epidemiológica y la capacidad de producir vacunas. Pero eso no es todo, el especialista advirtió que en el futuro habrá una nueva pandemia de gripe en el mundo, aunque aclaró que a la comunidad científica internacional todavía les resulta imposible predecir en qué momento exacto podría surgir un nuevo virus gripal con capacidad para propagarse por el mundo afectando a las personas que no están inmunizadas contra él. Tampoco pueden saber qué características tendrá, pero por observaciones realizadas a partir de datos recolectados en otras pandemias que afectaron al mundo los científicos concluyeron que no hay motivos para pensar que no sucederá de nuevo. Por eso consideran fundamental que se mantengan en alerta todas aquellas actividades que se llevan a cabo para controlar las enfermedades transmisibles.

Por otra parte, destacan el valor estratégico que tiene para un país contar con el conocimiento científico y técnico aplicado al desarrollo de vacunas. En ese sentido, debe señalarse que en estos tiempos en los que se ha masificado el uso de vuelos con pasajeros que van de un continente a otro en solo cuestión de horas alrededor de todo el mundo, a un virus como el de la gripe le puede tomar a lo sumo una semana para llegar a distintos puntos del planeta. Se debe tener en cuenta, además, que se necesitan como mínimo seis meses para producir una vacuna para hacer frente a una nueva cepa del virus de la gripe, que es el tiempo que pasa entre el momento en que se logra identificarlo hasta lograr una primera dosis que esté disponible para el uso en humanos.

En relación al desarrollo de vacunas, vale detenerse en la observación que realizaron los expertos que participaron del último encuentro de la Red de Productores de Vacunas de los Países en Desarrollo (DCVMN, según sus siglas en inglés) que se llevó a cabo en la ciudad de Buenos Aires. Allí se hizo hincapié en el nuevo paradigma que existe en un mundo que periódicamente se ve amenazado por enfermedades con alcance global y que impone la necesidad de pensar el desarrollo y producción de vacunas como un proceso de innovación colaborativo, dejando atrás el desarrollo asociado al trabajo de un solo laboratorio, o de un solo científico como fueron los casos de Luis Pasteur con el desarrollo de la primera vacuna contra la rabia y de Edward Jenner, recordado por ser pionero en el hallazgo de la vacuna contra la viruela, que fue además la primera vacuna que se puso al alcance de la población a escala global.

Con respecto al conocimiento científico aplicado al desarrollo de vacunas, merece rescatarse el trabajo publicado por el epidemiólogo brasilero, Ciro de Quadros (fallecido en 2014) titulado “Los laboratorios públicos productores de vacunas: el nuevo paradigma”, donde plantea que el desarrollo final de la mayoría de las nuevas vacunas disponibles en el mundo fue llevado a cabo por laboratorios privados, aunque las investigaciones básicas fueron desarrolladas en instituciones públicas de investigación. Es un dato a tener en cuenta y que confirma la importancia que tiene la colaboración entre instituciones públicas y privadas, instituciones de investigación y desarrollo y laboratorios de producción, a fin de elaborar las nuevas vacunas que servirán para proteger la salud de la población, sin descuidar por supuesto el trabajo que deben realizar los sistemas de vigilancia epidemiológicas.