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Alertan sobre el peligro de nuevos transgénicos

El extraordinario aumento en el uso de agrotóxicos en las zonas de siembra de transgénicos tiene un fuerte impacto negativo en la salud de la población y profundiza el problema de la contaminación ambiental. Así lo advierten distintos científicos de América Latina, entre ellos la investigadora Silvia Ribeiro, autora de varios trabajos sobre los impactos sociales y ambientales de los transgénicos.

Investigadora del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (Grupo ETC ), Ribeiro fue una de las expertas que disertó en el “Encuentro Intercontinental Madre Tierra, una sola salud” que se llevó a cabo en la ciudad de Rosario y que reunió a especialistas de distintas nacionalidades para debatir sobre la grave amenaza que representa la fusión de multinacionales como Bayer y Monsanto, el peligro de los nuevos transgénicos y el papel que viene asumiendo buena parte de la comunidad científica poniéndose al servicio de las seis grandes empresas que lideran el mercado global de agronegocios que se reparten el mercado de semillas.

Ribeiro aportó valiosos datos que ayudan a visualizar mejor el nuevo escenario que se configuró a partir de la consolidación de este grupo de empresas biotecnológicas. En ese sentido, recordó que hace apenas dos décadas los planes de negocios de la multinacional Monsanto no contemplaban la necesidad de comercializar semillas, y sin embargo hoy domina el 25 por ciento del mercado. Pero eso no es todo: a finales de los años 80 la comercialización de semillas a nivel global se repartía entre más de 7000 empresas, pero en las últimos 20 años se aceleró el proceso de fusiones y concentración hasta llegar al mapa actual donde sólo seis gigantes de la genética dominan el mercado mundial de semilla. Sus nombres son bien conocidos en el ámbito de los agronegocios y su presencia se extiende en casi todos los rincones del planeta. Monsanto, Syngenta, Dupont, Dow Agro Sciences, Basf y Bayer iniciaron hace unos años sus megafusiones que les permiten controlar más del 60 por ciento del mercado total de semillas a nivel mundial y el 71 por ciento del mercado de agrotóxicos, según señaló Ribeiro. La investigadora advirtió que esta concentración del mercado en pocas manos hace que estas grandes compañías multinacionales puedan controlar el precio y hacer que la innovación termine impactando en las políticas agrícolas. Por esta razón, según Ribeiro, países como la Argentina que tienen un alto grado de agricultura industrial se colocan en una situación de vulnerabilidad frente a estos gigantes que concentran un enorme poder de negociación que les permite, incluso, contar con leyes a su medida.

Respecto a los nuevos transgénicos que desarrollan estas empresas, Ribeiro sostiene que su empleo en forma masiva trae aparejados enormes riesgos debido a que se trata de una manipulación genética que no se conoce cómo impactará en la salud humana y en el medio ambiente. En ese sentido, la investigadora explica que solo se conocen algunas funciones de los genes y no las interacciones entre sí, ni las interacciones de los genes por factores externos, como los ambientales. “El genoma no es un mapa estático. El grado de incertidumbre es muy alto y tampoco se sabe su impacto en la salud y el ambiente”, advierte Ribeiro, a la vez que denuncia el proceso de concentración que sufrió la estructura agrícola de la región a lo que deben sumarse los daños a la salud provocados por el uso extendido de los pesticidas. Recordó que Argentina y Brasil utilizan el 21 por ciento de los agrotóxicos que se venden en el mundo y, a partir de ese dato, observa que si un gigante como Monsanto, que se fusionó con Bayer, está en una posición que le permite incluso imponer condiciones en las mesas de negociación ya que el país tienen un alto nivel de vulnerabilidad al depender de los productos que venden estas empresas.

Ribeiro sostiene que tanto Argentina como Brasil han perdido soberanía por su dependencia extrema a estas empresas biotecnológicas, mientras que en el resto de América Latina la mayor parte de alimentos la siguen produciendo los pequeños agricultores urbanos y campesinos.

Cabe recordar que el denominado “Tribunal Internacional Monsanto”, que se realizó en la ciudad de La Haya, acusó al gigante estadounidense de transgénicos de ser responsable de causar daños severos al medio ambiente y de tener prácticas que impactan en forma negativa en la salud y la alimentación de la población. Frente a estas advertencias, es necesario que se tome conciencia de la necesidad de apostar a la agricultura familiar y de evitar el uso extendido de productos modificados genéticamente cuyos impactos son impredecibles.