Temas de hoy: Coronavirus sin agua coronavirus en Chaco Boris Johnson Papa Francisco
Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/156022
La vida es un cuento

Subite a tu tabla

“Algunas aventuras y travesías se parecen a la vida misma. Cuidar mi vida, acondicionarla, esperar, animarme, embarcarme, desequilibrar, equilibrar”.

tabla.jpg

Desde el balcón del departamento puedo verlos, tanto me llamó la atención este deporte que hoy tengo la oportunidad de observarlos por horas, varios surfistas adentrados en el mar sobre sus tablas. A mí siempre me gustó este deporte pero todavía no me animé a aprenderlo, lo único que recuerdo cuando era niña es que usaba la tabla para deslizarme de panza sobre la mejor ola, ¡guau! qué sensación.

Por un momento me convertí en una surfista imaginaria. Me vestí con el mejor traje de neopreno color azul Francia, el cual me protege de las bajas temperaturas, ese día estaba bien fresco, y de alguna raspadura que pudiera tener; antes de entrar, parafiné la superficie de mi tabla para no resbalar; en un estado contemplativo, admirando cada detalle, finos colores que la hacían altamente atractiva, para enamorarse; yo ya lo estaba.

Llegar a este momento era muy emocionante, después de tanta práctica en la orilla y simulacros un poco aburridos hasta que mis músculos recuerden esos nuevos aprendizajes, era hora de poner a prueba lo aprendido.

Ese día era espléndido, el oleaje rompía con tanta fuerza, el viento era el adecuado para crear esas tan famosas olas ‘tubo’ en donde uno puede pasear dentro de ella, el sol brillaba en mi cabeza magnificando la escena, era perfecto, único, irrepetible.

Me amarré la tabla al pie, para no perderla, y me adentré, mis sentimientos eran más grandes que el mismo horizonte.

Percibí que no estaba sola, había otros acompañando mi pasatiempo; un surfista tiene códigos: respetar el lugar que ocupan los otros, no meterse cuando el compañero eligió una ola, si estas más en lo profundo vos tenés prioridad para subir primero, pero no abusar dejando espacio a los otros. Decidí quedarme cerca por si necesitaba ayuda. A la espera de un rato disfrutando la inmensidad elegí la que creí conveniente para mí, nadie se metió, por un rato remé y me ¡subí!, al pararme que es lo más difícil, me tambalee bastante, no creí mantenerme en pie, pero lo logré, me equilibré con los brazos. En ese momento me sentí volar sobre el agua, me vi cumpliendo mi sueño, tuve miedo de caer y lastimarme. En las subsiguientes subidas me animé a utilizar algunas técnicas de desplazamientos que había aprendido.

Al descansar en la orilla pensé: la gran similitud que tiene el surf con nuestras vidas, el aprender primero en tierra firme por varios días, colocarme el mejor traje, cuidar mi vida, acondicionarla, esperar, animarme, embarcarme en algo nuevo, desequilibrar, quedar boca abajo, equilibrar, utilizar nuevos movimientos, improvisar si existe algún cambio brusco, gozar de mi cuerpo, deleitarme con lo que está sucediendo, miedo a caer, empatía, el acompañamiento de ‘otros’ que no conozco, y de algunos que se hacen amigos, compañeros de ruta que me protegen, la convivencia ecológica, que en la mayoría de las veces no la vemos por el ‘apurete’ que llevamos, listos para cumplir objetivos.

Mirar desde afuera me permite contemplar que nada me falta, el agradecimiento es inmenso como el mismo mar, fuente de energía y renovación orgánica. ¿Surfeamos?

Facebook: La Vida es un Cuento

Corina Schaefer