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La vida es un cuento

Disfrutá todo el tiempo del camino antes que de los objetivos, mirá las formas, los colores, los aromas, el paisaje y los seres con que nos vamos encontrando ¿qué te parece?

Hemos dejado de jugar siendo adultos, ¡oh! adultos serios, porque jugar implica ser inmaduro, una persona no seria. Hemos prohibido experimentar al bebé, tocar, llevar a la boca elementos muy sucios, andar por el piso. 

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Ya no andamos descalzos, ni tocamos la tierra para hacer tortas de barro o simplemente preparar chocolatada para los amigos, o plantar alguna planta, ya no salimos al patio a experimentar con los hormigueros, haciéndolas enojar a las hormigas coloradas con palitos o cascotes. Dejamos de tocar a las ranas, sapos, libélulas, langostas, chicharras, huevos de caracoles, zanjas en donde encontrábamos también peces y podíamos tirar las cañitas un largo rato.

Ya no hay más paseos en bicicleta por la vereda con amigos, los juegos con agua en el carnaval, o por simple gusto de tirar agua y resbalarse con jabón en el piso, o bañarse en la lluvia, ya se juega poco con autitos y muñecas, en donde inventábamos historias de todo tipo. Abandonamos las gomeras caseras por las compradas, y los barriletes hechos a mano por esos que duran un día porque se te rompen; ya no hay emoción en el construir.

No salimos a la naturaleza, a ver los pájaros, a cazarlos con las tramperas hechas a mano. O ver la salida del sol, la luna llena, las flores, el olor en el aire. Ni siquiera sentimos el rozar del viento revolotear en nuestro rostro. A veces, hasta ni cuenta nos damos que nos cruzamos con gente por la calle. ¿Jugar con nuestras parejas?, ¿qué es eso?, todo se ha vuelto rutinario, aburrido, lleno de obligaciones; hemos agotado la imaginación.

Bailar sin ningún estereotipo que nos diga, lo hacés bien o mal, simplemente bailar. Ya no ‘da’ para que andemos con las ventanillas bajas en algún semáforo, hurgando en nuestras narices a ver qué encontramos, porque de seguro alguien nos estará mirando con mala cara.

Ni qué hablar de jugar a saludar al que pasa cuando manejamos. Ya no somos creativos al cocinar, porque andamos a las apuradas y el tiempo nos apremia con muchísimas actividades en el día a día. Cuesta reírse a carcajadas con un amigo en la cola del supermercado, porque todos se dan vuelta a mirarte como diciendo ¡qué les pasa a éstos!

¿Reírse de uno mismo? ¡Ay no, qué horror!

La invitación es: jugar siendo serios (no mucho), y a reírnos siendo adultos, sin perder ningún tipo de responsabilidad, ni quedar como ridículo.

La vida es juego, vivamos de RECREO.

Facebook: Corina Schaefer - La Vida es un Cuento