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Con asistencia técnica y sanitaria, la producción caprina se consolida en el Impenetrable chaqueño

Por José María Cuellar-La actividad caprina en el Departamento General Güemes es parte de las costumbres ancestrales de las familias criollas que llegaron a la zona y desarrollaron sus majadas para el autoconsumo.

En un principio, la gran producción de la región no contaba con la incorporación de genética ni tampoco con asesoramiento técnico. Sin embargo, desde las últimas dos décadas comenzaron a aplicarse programas de asistencia técnica y sanitaria para los rodeos, y a la vez los propios productores fueron mejorando paulatinamente la genética a través de la incorporación de reproductores de distintas razas que se adaptan a la zona.

En registros oficiales respecto a la cantidad de animales caprinos que hay en todo el Departamento, se estima que superan las 210 mil cabezas distribuidas en diferentes regiones productivas, lo que representa casi el 50 por ciento del total de la producción del Chaco. Estas estimaciones surgen a partir del trabajo que realizan técnicos de los Centros de Producción (Cedepro) ubicados estratégicamente en distintos puntos del Impenetrable, quienes recorren los rodeos brindando asesoramiento técnico a los productores y asistencia sanitaria a los animales.

Las zonas productivas más desarrolladas son Nueva Pompeya y Miraflores donde se encuentran grandes productores que cuentan con majadas de entre 200 y 500 animales. Desde el Estado no se ha logrado organizar de manera eficiente una cadena de comercialización; y ante esta situación la mayoría de las ventas son en forma particular, donde muchas veces los productores se encuentran con numerosos inconvenientes para el traslado de su producción.

Autoconsumo y comercialización

La antigua costumbre de criar animales sólo para el autoconsumo fue cambiando a partir de la necesidad de las familias de obtener un mayor rédito a su producción; pero fundamentalmente debido al gran crecimiento de la demanda de la población hacia este tipo de producto para el consumo cotidiano, en muchos casos reemplazando a la carne vacuna. Muchos productores faenan cabritos y llevan a las zonas urbanas a venderlos en forma particular e inclusive a los comercios del rubro.

Así, un cabrito de dos meses puede alcanzar a rendir hasta 10 kilos de carne (según la genética) a un precio promedio de 70 pesos el kilo, lo que representa un ingreso para las economías domésticas. Esta práctica de comercialización hace que muchos pequeños productores deban trasladar en forma particular cabritos faenados hacia las zonas urbanas, y muchas veces padecen el decomiso por parte de la Policía en diversos controles, ya que la legislación vigente no permite el traslado de estos productos.

Otra de las alternativas de comercialización en la venta de animales vivos por cantidad al frigorífico ‘Caprinos del Chaco” de la Cooperativa Trento Chaqueña Limitada, ubicado en Pampa del Infierno. En este caso, los productores prefieren vender animales que ya cumplieron su ciclo productivo y que no tienen salida comercial en el mercado de la región.

La oferta gastronómica

Los tradicionales chivitos a la estaca, a la parrilla o al horno son parte de la oferta gastronómica que se pretende potenciar con el desarrollo turístico del Impenetrable. Para los productores de la zona, puede ser una oportunidad para comercializar su producción ya que es una de las principales atracciones para los visitantes. Incluso, este plato es infaltable en los principales eventos sociales de la región.

En Miraflores

Es una de las zonas productivas más fuertes, junto con la región de Nueva Pompeya. La jurisdicción de Miraflores comprende 99 parajes rurales donde se desarrolla la producción caprina. Hay alrededor de 700 productores que desarrollan sus emprendimientos familiares, con rodeos de entre 100 y 150 animales cada uno. En esta fracción del Impenetrable chaqueño se avanzó mucho en el mejoramiento genético, con resultados altamente positivos.

El Cedepro de Miraflores, coordinado por el médico veterinario Víctor Adrián Yulán, cumple la función social de mejorar la producción del productor, su rentabilidad y por ende su calidad de vida.

Para ello cuenta con un Núcleo Genético de Caprino y ovino, cuyo objetivo es proveer a los pequeños productores de reproductores machos para el mejoramiento de raza. A la par, se brinda asistencia técnica grupal e individual, trabajo en terreno que realizan el veterinario y los paratécnicos.

En El Espinillo

Esta región productiva comprende varios parajes rurales con importantes poblaciones, como El Mojo, La Sirena, Palo Marcado; entre otros, donde se desarrollan pequeños emprendimientos familiares. Cada productor cuenta con un plantel de aproximadamente 60 cabras madres que les garantizan la producción para el consumo doméstico e inclusive para la comercialización en forma conjunta con otras regiones productivas.

Los productores cuentan con el acompañamiento del Centro de Producción de El Espinillo a cargo del médico veterinario Walter Deniz Schneider, quien recorre permanentemente la zona para brindarles asesoramiento técnico respecto a la organización de los rodeos, al mejoramiento de la genética y la asistencia sanitaria para los animales.

Esta zona sufrió una importante postergación en la producción caprina como consecuencia del proceso de reubicación de muchos antiguos pobladores en el marco del proyecto del Interfluvio. Además, muchos vecinos denuncian ser víctimas de hechos delictivos que padecen sus rodeos.

En Fuerte Esperanza

En esta región productiva, en el 2016 hubo 30 productores asistidos por el Cedepro de esta localidad con aproximadamente 150 animales por rodeo y una parición promedio de 70 a 90 cabritos por temporada. Entre agosto y septiembre del año pasado se vacunaron un total de 1.100 cabritos contra la mancha gangrena y entero toxemia, además de la correspondiente desparasitación.

El coordinador del Cedepro, Hugo Orlando Mercado, remarcó que están trabajando con 30 productores en la zona que incluye parajes y localidades vecinas hasta Comandancia Frías. Explicó que “hay mucha gente mayor que se dedicaba históricamente a la cría de caprinos y no fueron relevados por las nuevas generaciones”, lo que hizo que se disminuyera la franja productiva. En este sentido recordó que “había parajes que tenían 500 animales y hoy dejaron de producir”, aunque remarcó que actualmente muchos trabajan con bajos números de animales pero con buena calidad genética; entre las que se destacan las razas Boer y Anglo Nubian.

En la zona hay muchos pequeños productores que producen para el autoconsumo, con buena genética y algunas ventas particulares. En promedio, el kilo de carne de cabrito cuesta 70 pesos en forma particular y a veces al frigorífico realizan ventas en cantidad para el frigorífico caprino. En el Centro de Producción se trabaja en la mejora de las pasturas, lo que les permite incrementar el rendimiento de su producción. Además, hay un trabajo en conjunto con el Consorcio de Servicios Rurales Nº 36 presidido por Juan Ruiz y con la Sociedad Rural a cargo de Fabio Correa.

En Misión Nueva Pompeya

Se estima que en la zona rural de Nueva Pompeya hay alrededor de 600 emprendimientos caprinos familiares. Esta región se destaca por tener productores con grandes cantidades de animales, alcanzando en algunos casos rodeos que superan las 500 cabras. Muchos productores están organizados a través de asociaciones campesinas y utilizan sus productos para el consumo doméstico y para la comercialización.

Desde el Centro de Producción de esta localidad a cargo del médico veterinario Juan José Scheffer, están trabajando con los productores para mejorar la calidad genética ya que la mayoría de los rodeos están conformados por animales criollos.

El nuevo equipo técnico del Cedepro visita constantemente a los productores, les brinda asistencia veterinaria y trabaja en el relevamiento para realizar el correspondiente seguimiento de las majadas. Scheffer comentó que se trata de una zona muy amplia que comprende poblaciones alejadas donde están tratando de llegar para tomar contacto con los productores y acompañarlos en sus requerimientos.

Genética para mejorar los rodeos

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Reproductores Boer, una de las razas con mayor adaptación a la zona.

En los últimos años, en muchas regiones del extenso Departamento General Güemes se fue mejorando la genética en los rodeos a través de la incorporación de reproductores. Para esto, los Cedepros (Centros de Desarrollo Productivo) dependientes del Ministerio de Producción del Chaco, cumplen un rol importante en el desarrollo de genética y en el asesoramiento técnico a los productores.

Estos centros están ubicados estratégicamente en distintas regiones productivas, como Miraflores, Nueva Pompeya, Fuerte Esperanza, Sauzalito, Taco Pozo y El Espinillo. En cada lugar hay un técnico profesional que acompaña a los productores, les brinda asesoramiento integral y atención sanitaria a los animales. Las principales razas que se afianzan son la Boer y la Anglo Nubian, lo que les permite a los productores tener mejores rendimientos en su producción, con ejemplares que se adaptan a las condiciones climáticas de la zona.

La raza Boer

Boer es una raza proveniente de Suráfrica, en donde se originó haciendo selección de animales criollos y con influencia de algunas razas europeas, cabras de Angora y cabras índicas. El objetivo de esta selección era obtener un animal productor de carne que fuera muy rustico y adaptado a las variadas condiciones ambientales, y que al mismo tiempo tuviera una buena tasa de nacimientos y de sobrevivencia.

Los caprinos Bóer se caracterizan por tener una gran capacidad para producir carne de excelente calidad. Sus características físicas son: cabeza marrón y cuerpo blanco, cuernos redondos, orejas largas y pelo corto y fino, de conformación robusta y musculosa que se gana en poco tiempo.

Las hembras adultas pueden llegar a pesar entre 90 y 102 kg y medir entre 70 y 80 cm y el macho maduro puede llegar a medir entre los 75 y 85 cm, además de tener un peso que varía entre los 113 y 136 kg.

Con un buen manejo, se pueden obtener ganancias de 150 a 200 gramos diarios. La hembra posee una larga vida productiva, capaz de obtener tres pariciones en dos años y en cada parto se puede obtener entre dos y tres crías. Además es buena productora de leche lo que hace posible que las crías logren tener un peso de 15 kg aproximadamente en sesenta días.