El mundo cambia: Brasil, Estados Unidos, Argentina y Chaco
Las recientes elecciones en Estados Unidos y Brasil dejan una señal política que merece ser analizada: los electorados no son propiedades de ningún liderazgo y las sociedades pueden cambiar sus decisiones cuando las respuestas de los gobiernos no llegan. La política, especialmente la internacional, está atravesando un tiempo de cambios.
*Por Javier Martínez
Los resultados electorales de Estados Unidos y Brasil, aunque responden a realidades muy diferentes, permiten observar una cuestión común: ningún liderazgo tiene asegurada la adhesión permanente de la sociedad y ningún proyecto político puede sostenerse indefinidamente solamente sobre la confrontación.
En Estados Unidos, las elecciones legislativas del 3 de noviembre dejaron un resultado contundente para Donald Trump y su partido. La oposición demócrata consiguió recuperar el control de ambas cámaras del Congreso. En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva obtuvo una nueva victoria electoral y fue reelegido presidente, en una elección muy ajustada, aunque haya realizado un buen gobierno, tuvo que revalidarse con un gran esfuerzo en una segunda vuelta histórica. No se trata de trasladar estos resultados a nuestra realidad. Cada país tiene su historia, sus problemas y sus particularidades. Pero sí podemos y debemos prestar atención a lo que estos procesos expresan, ya que las sociedades evalúan, comparan, reclaman resultados y modifican sus preferencias ante los gobiernos.
La política nos debe llamar la atención ya que gobernar no consiste en profundizar permanentemente las divisiones, sino en encontrar respuestas para las necesidades de la gente. Durante este último tiempo, algunos liderazgos internacionales y nacionales y más copias locales han querido instalar la confrontación como método de construcción política. La permanente descalificación del adversario, los discursos de odio, el racismo, la discriminación y la agresión verbal fueron incorporados como herramientas habituales de la comunicación. A esto se le sumaron las operaciones informativas, las noticias falsas y la utilización de tecnologías de inteligencia artificial para fabricar contenidos destinados a confundir, estigmatizar o perjudicar a quienes piensan diferente, o quieren posicionarse en una opción alternativa especialmente en la política. La democracia no puede acostumbrarse a semejantes prácticas, el adversario político no es un enemigo al que haya que eliminar del debate público. Es alguien con quien se confronta mediante ideas, argumentos y propuestas.
En este sentido, las reflexiones que viene planteando Axel Kicillof sobre los efectos de los discursos de odio y la violencia política merecen ser incorporadas a una discusión más amplia. La libertad de expresión no puede convertirse en una autorización para degradar al otro, ni la tecnología puede transformarse en una herramienta para destruir reputaciones mediante falsedades y operaciones permanentes pagadas con fondos públicos en cuentas de redes sociales que se disfrazan de informativas y son solo hechas para atacar al que piensa distinto, permanentemente vemos en nuestra provincia este tipo de operaciones.
Un punto clave que al ciudadano le afecta y preocupa más allá de lo discursivo es la economía y hoy sigue ocupando un lugar central en las decisiones electorales. El costo de vida, el empleo, los ingresos familiares, las deudas, la falta de iniciativa de las gestiones actuales y las oportunidades concretas condicionan la evaluación que las personas hacen de sus gobiernos. La gente puede escuchar discursos durante meses, pero finalmente compara esos discursos con su propia realidad, si el salario no alcanza, si el trabajo no aparece, si los servicios se deterioran y si las oportunidades desaparecen, ninguna estrategia de comunicación pintada de magenta y discursos de odio pueden reemplazar indefinidamente las respuestas que la sociedad necesita. Por eso, el cambio que se observa en distintas partes del mundo no debe leerse como una simple alternancia entre partidos o dirigentes. También expresa una demanda de respuestas, que tenemos que hacernos cargo, la cual reclama nuevas formas de representación y de una política capaz de recuperar la confianza social con una nueva forma de gobernar.
La Argentina y el Chaco no están al margen de ese proceso. Lo que suceda el próximo año en nuestro país y en nuestra provincia estará atravesado por esas mismas preguntas: qué modelo económico queremos, qué Estado necesitamos, cómo generamos empleo y de qué manera recuperamos las oportunidades para nuestras familias.
En mis recorridas por distintas localidades chaqueñas encuentro una preocupación que se repite. Hay ciudadanos que reconocen determinadas acciones de gobiernos anteriores, pero que no necesariamente quieren volver a aquella etapa. También hay quienes esperan respuestas del actual gobierno y hoy manifiestan preocupación por la situación económica, la pérdida de oportunidades y un clima político que muchas veces parece concentrado en la confrontación. Escuchar esas expresiones obliga a comprender que la sociedad no está buscando una vuelta automática al pasado ni una continuidad sin discusión del presente. Está buscando otra respuesta. Creo que la política debe animarse a interpretar ese momento. El futuro no puede construirse desde el resentimiento, la persecución o la descalificación de quien piensa distinto. Tampoco desde la repetición de fórmulas que ya demostraron sus limitaciones.
El mundo cambia. La Argentina cambia. Y el Chaco también tiene que animarse a cambiar. Ese cambio debe tener como punto de partida el trabajo, la producción, la educación, el desarrollo de nuestras economías locales y un Estado que acompañe a quienes producen, emprenden y generan oportunidades. No necesitamos una política que tenga más enemigos que propuestas. Necesitamos dirigentes capaces de pensar, escuchar, resolver y construir una perspectiva de futuro. Porque, al final, las sociedades no les pertenecen a los gobiernos. Son los gobiernos los que tienen la responsabilidad de estar a la altura de las sociedades que representan.
*Intendente en uso de licencia de Margarita Belén y precandidato a gobernador 2027











