Eduardo Baser y el orgullo de ser canillita: "A los diarios le debo todo lo que soy"
Con nostalgia por una actividad que le permitió construir su casa y formar a sus hijos, advierte que la tecnología y la caída de las ventas ponen en riesgo la continuidad del oficio.
Eduardo Baser vende diarios y revistas hace 51 años en Resistencia, una actividad que realiza desde los 10 años y que marcó su vida personal y familiar. En la previa del Día del Canillita, que se celebra el sábado 7 de noviembre, recordó como este oficio, que hoy atraviesa una profunda crisis, le permitió construir su casa, abrir su propio kiosco y darles una profesión a sus hijos. "Soy un agradecido a la vida por darme este trabajo, a los diarios le debo todo lo que soy", expresó.
Una vida entre diarios
Antes de convertirse en canillita, Baser vendía torta frita junto a su madre, quien amasaba durante toda la noche unos 12 kilos de harina. El cambio llegó cuando un compañero de la escuela primaria, que también vendía diarios, le propuso sumarse a la actividad porque podía ganar más dinero.

"Mi mamá al principio no estuvo muy de acuerdo, pero gracias a que empecé a ser canillita pude hacer que ella descanse", recordó. Desde entonces, el oficio se convirtió en su principal actividad y le permitió abrir su propio kiosco a los 18 años, construir su casa y sostener la educación de sus dos hijos.
La rutina, que durante décadas sostuvo el vínculo entre los canillitas y sus lectores, hoy se desarrolla en un escenario muy distinto. La cantidad de clientes se redujo drásticamente y las ventas al contado prácticamente desaparecieron. "Antes de la pandemia, en el kiosco se vendían de 30 a 40 diarios al contado; hoy vendo uno o dos diarios por día", describió.
Un oficio golpeado
Baser advirtió que la crisis de los canillitas comenzó hace unos 30 años, con la expansión de la televisión por cable, que modificó los hábitos de consumo de información y entretenimiento. Después llegó internet y, finalmente, la pandemia, que aceleró la transformación tecnológica y profundizó la caída de las ventas.
Actualmente, estimó que quedan alrededor de 70 canillitas en Resistencia, e indicó que "antes de la pandemia éramos 1.200 canillitas". Por otra parte, lamentó que "la cultura de la lectura en papel se haya perdido", y agregó que "los adultos mayores son los que mantienen la venta de diarios y revistas. Los hijos y los nietos ya no compran.".
La crisis obligó a los kioscos a modificar su oferta para sostenerse. "Las editoriales van usando su imaginación y sacan colecciones. Hoy se venden ollas, sartén, cuchillos, juguetes, colecciones de auto, entre otras cosas que son las que nos mantienen vivos", explicó Baser.
El futuro
"Muchos canillitas se reconvirtieron. Muchos son ayudantes de albañil, cortan pasto, agarran la changa que aparezca", describió. Pese a la incertidumbre, Baser agradeció el esfuerzo de las editoriales locales que todavía mantienen la impresión en papel.
Este año, la situación económica también impedirá que los trabajadores celebren juntos el Día del Canillita. "Nos gustaría estar juntos", expresó Baser.
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