Prevenir para reducir el impacto de El Niño
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) reiteró las advertencias sobre la intensificación del fenómeno climático de El Niño y la posibilidad de que alcance una de las mayores intensidades registradas desde 1950. El organismo internacional señaló que el calentamiento de las aguas del océano Pacífico tropical podría tener consecuencias en distintas regiones del planeta, por lo que recomendó fortalecer las medidas de prevención y adaptación ante los cambios en las condiciones meteorológicas.
Según las estimaciones difundidas, las temperaturas de la superficie del Pacífico tropical podrían superar los valores habituales hasta en 3,7 grados centígrados. El fenómeno alcanzaría su máxima intensidad entre noviembre y diciembre de 2026, con una probabilidad cercana al 100 por ciento de que sus efectos persistan, al menos, hasta febrero de 2027. Estas proyecciones requieren un seguimiento permanente, ya que la evolución concreta de las condiciones climáticas y sus consecuencias dependerán de diversos factores regionales.
La OMM advierte que El Niño puede contribuir al aumento de la temperatura media mundial y modificar los patrones de precipitaciones, con efectos diferentes según la región. Entre las consecuencias posibles se encuentran períodos de sequía, lluvias intensas, inundaciones, olas de calor e incendios forestales. También pueden registrarse dificultades para la producción agropecuaria, la pesca y el funcionamiento de infraestructuras.
En la provincia del Chaco, la influencia de El Niño merece especial atención por la exposición del territorio a las precipitaciones abundantes y las crecidas de los cursos de agua. De acuerdo con los escenarios planteados por especialistas y organismos meteorológicos e hídricos, el riesgo no será uniforme en toda la provincia. El este chaqueño y las zonas bajas presentan una mayor vulnerabilidad ante posibles lluvias persistentes y tormentas fuertes, mientras que el impacto podría ser menor en sectores del centro y el oeste.
El Área Metropolitana del Gran Resistencia, integrada por Resistencia, Barranqueras, Fontana y Puerto Vilelas, requiere una atención particular debido a su configuración urbana, la cercanía de los ríos Paraná y Negro y las condiciones de su sistema de drenaje. Especialistas locales advierten que, ante un escenario hidrológico extremo, podrían inundarse sectores urbanos extensos, especialmente aquellos ubicados en zonas bajas o fuera del anillo de defensas. Las estimaciones sobre la superficie potencialmente afectada deben interpretarse como escenarios de riesgo y no como una certeza de que las inundaciones ocurrirán.
Uno de los principales desafíos está relacionado con la combinación de lluvias intensas y niveles elevados de los ríos. Cuando el Paraná y el riacho Barranqueras registran una crecida, puede ser necesario cerrar las compuertas para impedir el ingreso de agua a la ciudad. En esas circunstancias, el drenaje de las precipitaciones locales depende en gran medida del funcionamiento de las estaciones de bombeo. Si las tormentas provocan cortes de electricidad o los equipos presentan fallas, la evacuación del agua puede demorarse y aumentar el riesgo de anegamientos en calles, viviendas y espacios públicos.
Los períodos que requieren especial vigilancia incluyen noviembre y diciembre de 2026, cuando podrían concentrarse precipitaciones importantes, y marzo y abril de 2027, cuando las crecidas originadas en sectores superiores de la cuenca podrían repercutir en la región. Por ese motivo, resulta fundamental mantener actualizados los planes de contingencia, revisar las defensas, verificar el funcionamiento de las bombas y garantizar el mantenimiento de canales y desagües. La limpieza de conductos como el Canal Soberanía Nacional también es una tarea preventiva importante, ya que la acumulación de residuos puede reducir la capacidad de escurrimiento.
La prevención, además, requiere coordinación entre los gobiernos provincial y municipales, los organismos técnicos y la comunidad. Disponer de sistemas de alerta temprana, identificar las zonas vulnerables, preparar vías de evacuación y asegurar fuentes alternativas de energía para los equipos de bombeo puede contribuir a disminuir las consecuencias de las lluvias y las crecidas. A su vez, evitar arrojar basura en canales y desagües ayuda a preservar la infraestructura existente.
No se trata de anticipar inevitablemente un escenario de desastre, sino de reconocer los riesgos y actuar antes de que se produzcan situaciones críticas. En el Chaco y, particularmente, en el Gran Resistencia, invertir en prevención y mejorar la capacidad de respuesta son medidas esenciales para proteger a la población, reducir los daños materiales y fortalecer la preparación frente a la variabilidad climática.










