Cloacas a cielo abierto: meses de olor, barro y aguas servidas a pasos de una escuela, una universidad y una plaza
Apenas a 8 cuadras de la plaza 25 de Mayo, el líquido cloacal brota sin pausa en Ayacucho y López y Planes. Vecinos y comerciantes dicen que conviven con el problema hace meses y que nadie les explica quién lo va a resolver.
Hay lugares de Resistencia por los que pasan a diario cientos de personas sin imaginar que, a pocos metros, hay un problema que se huele antes de verse. Uno de ellos está en pleno microcentro: la esquina de Ayacucho y López y Planes, donde desde hace varios meses brota agua servida de una tapa de alcantarilla y se derrama por la calle.

Aunque los vecinos no pueden precisar la fecha exacta en que empezó, coinciden en algo: son varios meses de convivir con cloacas a cielo abierto. Y el problema no se queda quieto. Motos, bicicletas, autos y camiones que cruzan la zona se llevan el líquido en las ruedas y lo van extendiendo, de modo que el asfalto contaminado crece y la mancha avanza.
El relevamiento de NORTE recorrió el área afectada, que va desde Don Bosco hasta Ayacucho y López y Planes, y se extiende por López y Planes hasta el 700. Son unas tres cuadras directamente comprometidas, aunque el impacto sanitario alcanza a todo el barrio.
Llevando los deshechos en los zapatos
Los vecinos que deben pasar por ahí todos los días cuentan que terminan llevándose a sus casas lo que sale de esas cañerías. Y cuando se pregunta quién es responsable de la obra, la única señal de presencia estatal es un cartel de SAMEEP caído y roto, tirado sobre el barro en la esquina de Don Bosco y López y Planes. No se observó ninguna cuadrilla trabajando en el lugar, y el agua sigue brotando.
Los comerciantes también cargan con el costo. Algunos tienen locales gastronómicos, y uno de ellos está justo frente al punto donde el líquido sale de la alcantarilla. Hablan de preocupación y de clientes que se alejan por el malestar. El olor es descripto como irrespirable, sobre todo en Ayacucho y López y Planes, y hubo quienes se descompensaron y se sintieron mal.
Una escuela, una universidad y una plaza alrededor del hedor
Lo que agrava el cuadro es el entorno. A unos 100 metros está la Escuela N.º 41, y muchas familias llegan por ese camino. Hay madres y padres que van con cochecitos o que llevan de la mano a hermanos más chicos, y no tienen otra opción que pisar, atravesar y oler todo eso camino a clases.
A pocas cuadras, en Pellegrini y Ayacucho, funciona una universidad privada cuyos estudiantes también manifestaron su malestar. En los recreos solían salir a tomar aire, pero hoy los olores se los impiden. A unos 50 metros hay además un conocido local de comida rápida.
Y al lado, una postal que preocupa: la plaza, frente al colegio Industrial, con su sector de juegos para los más chiquitos pegado a la zona del mayor derrame. Las fotos del relevamiento muestran el agua estancada sobre la calzada, a metros de los juegos y de las veredas de los locales.
La zona sigue igual hace meses... Sin cuadrillas, sin información oficial visible y con vecinos que reclaman una respuesta concreta. Para quienes viven, trabajan y estudian en el centro de Resistencia, la pregunta es la misma: ¿cuándo se arregla?











