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Un maestro que dejó huella

Las Palmas homenajeó al profesor Leonel Héctor Fitz Maurice

Exalumnos de la Promoción 1977, autoridades municipales y vecinos reconocieron su labor como director, supervisor y artífice del ciclo superior de la Escuela de Comercio 6.

   El acto realizado el 17 de septiembre en la Plaza Central de Las Palmas pareció recrear un aula a cielo abierto. Allí, entre exalumnos, docentes, funcionarios y vecinos, la comunidad rindió homenaje al profesor Leonel Héctor Fitz Maurice, una de las figuras más influyentes de la historia educativa de Las Palmas y del Departamento Bermejo, en Chaco.

   El encuentro tuvo como protagonista indiscutido al recuerdo. La Promoción 1977, organizadora del reconocimiento, destacó su rol como "formador de personas" que enseñaba con el ejemplo. "Su firmeza combinada con cariño marcó valores para toda la vida", coincidieron quienes fueron sus alumnos. No era una frase menor: detrás de esa definición asomaba la huella de un docente que no se limitó a dictar Geografía, sino que se propuso formar ciudadanos.

   Del acto participaron el intendente, profesor Víctor Hugo Armella; el secretario de Cultura, profesor Edgardo Agustín Troche; autoridades del Instituto Terciario, docentes, alumnos y público en general. La presencia de las máximas autoridades locales subrayó la relevancia pública de una trayectoria que trasciende las paredes de cualquier institución.

De las aulas al edificio institucional

   Egresado de la Universidad Nacional del Nordeste como Profesor de Geografía, Fitz Maurice inició su camino en el Primer Ciclo Comercial diurno de Las Palmas. Pero su verdadero legado comenzó a tomar forma cuando asumió la Dirección de la institución. En aquel entonces, solo existía el ciclo básico y el ciclo superior era arancelado. Su administración cambió esa realidad.

   Realizó gestiones clave en Buenos Aires, adonde viajó de manera anónima para hacer valer sus vínculos políticos y asegurar la apertura de 4to y 5to año. Consiguió, además, que el ciclo superior dejara de ser pago. Esos logros permitieron elevar a la institución a la 1ª Categoría bajo el nombre de Escuela de Comercio N° 6. Por eso se lo reconoce como cofundador del ciclo superior y creador del secundario en el Departamento Bermejo.

   En 1970 gestionó la apertura del turno nocturno con la carrera de Perito Mercantil Auxiliar en Administración de Empresas, una iniciativa fundamental para brindar oportunidades formativas a jóvenes trabajadores. Más tarde, en 1978, obtuvo la titularidad del cargo directivo tras participar en el programa CADISER. También se desempeñó como Supervisor Docente.

El aula como escuela de vida

   Quienes lo recuerdan hablan de un docente con un dominio sobresaliente de su materia y una autoridad respetada. No necesitaba levantar la voz: bastaba un golpe de nudillos en el escritorio para captar la atención inmediata de sus alumnos. Tenía, además, la agudeza para predecir y alentar futuras vocaciones docentes entre sus estudiantes.

   Su pedagogía se apoyaba en el ejemplo. Enseñaba respeto, responsabilidad y presentación personal, con una exigencia que llegaba hasta la pulcritud del calzado. Pero su influencia no terminaba en lo académico. Promovió la conformación del Centro de Estudiantes y la organización de las tradicionales Estudiantinas, con encuentros deportivos y desfiles de carrozas que quedaron en la memoria colectiva de varias generaciones.

   Durante las bodas de oro del establecimiento, él mismo describió a la institución como "una maravillosa simbiosis entre el tiempo transcurrido, 50 años, y el amor de todos los que desde algún estamento hemos pasado por sus aulas. Institución señera y madre de otras". Esa frase resume su mirada: la escuela como obra colectiva, como espacio de pertenencia y como punto de partida de otras instituciones.

Gratitud eterna

   El homenaje en la Plaza Central no fue un simple acto protocolar. Fue el reconocimiento de una comunidad que, décadas después, sigue nombrando al profesor Fitz Maurice como parte central de su historia. Su nombre queda grabado con "gratitud eterna" en Las Palmas, no solo por los cimientos institucionales que consolidó, sino por el rumbo de vida que marcó para múltiples generaciones de estudiantes.

  Así, en una tarde de septiembre de 2026, la ciudad le devolvió algo de lo mucho que él dio. Y lo hizo con la certeza de que su legado representa la educación en su estado más puro: aquella que trasciende la materia para inspirar el futuro.

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