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Pasito para aquí, pasito para allá

La suspensión de las elecciones primarias PASO del año que viene fue el acontecimiento político de la semana y uno de los más importantes del año, por los cambios que introduce en el escenario electoral de 2027. Y, dentro del peronismo en particular, por el hecho de haber podido ser aprobada gracias a la presencia y voto positivo de Katia Blanc, la única diputada del PJ que asistió al recinto parlamentario. Sin su asistencia, la convocatoria parlamentaria hubiese fracasado.

Sin demorar demasiado, el Consejo Provincial del Partido Justicialista emitió una declaración de tono inquisitorial en la que quedó a un par de pasos de pedir que Blanc fuera atada a un poste en el centro de una hoguera en la plaza 25 de Mayo. Además de calificarla de "traidora", el órgano partidario que preside Jorge Capitanich le imputó haber escrito "uno de los capítulos más vergonzosos de transfuguismo político que recuerde la Cámara de Diputados del Chaco".

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Una novela interesante de contar.

En el Blanc

Algo que parece constatado, a partir de las diversas fuentes consultadas, es que la decisión de Blanc fue una auténtica sorpresa para su bancada. Al punto de que hasta la noche anterior a la sesión, algunos diputados radicales recibieron mensajes de pares opositores "gastándolos" por lo que veían como un revés seguro para la iniciativa del gobierno. "¿Hacemos un asado después?", le escribió un hombre del PJ a un legislador de la UCR, dando por descontado que las PASO no iban a ser suspendidas. "¿Dónde hacemos la parrillada?", le contestó el dirigente oficialista al día siguiente, cuando la cancelación de las primarias había quedado remachada con 17 votos. El más importante, el de Blanc, que, rodeada de bancas opositoras vacías, defendió su idea de que los fondos que iban a destinarse esas elecciones se deriven a fortalecer los servicios del Hospital Pediátrico. Son unos 5.000 millones de pesos.

Sabiendo lo que se le venía desde su partido, Blanc advirtió: "A mí que no me corran con el peronómetro". Por supuesto que no sirvió de nada, porque fue el primer artefacto que enchufó la conducción del PJ tras la infausta noticia de lo ocurrido en la Legislatura.

¿Massa enojado o contento?

Obviamente que la jugada de la abogada y exconcejal generó todo tipo de especulaciones, versiones, chismes y leyendas. Entre lo más obvio, que fue un voto "comprado" por el gobierno, algo que no necesariamente implica un valijazo sino que puede involucrar otro tipo de contraprestaciones desde el poder de turno: contratos, logística, soporte comunicacional y/o alguna otra variedad de favores. Ella afirma que es una cuestión de convicciones: la gente está cansada de tantas elecciones, las PASO recargan la agenda de comicios sin ofrecer grandes ventajas a cambio e implican un gasto presupuestario y un avivamiento de las confrontaciones políticas que no están en sintonía con el ánimo social imperante. No es una polémica nueva, y está en desarrollo también a nivel nacional, donde Javier Milei espera que el Congreso también retire del cronograma del ’27 a las primarias federales.

El protagonismo de Blanc en esta historia tiene un componente más. Es una referente de Sergio Massa en el Chaco. El exministro y excandidato presidencial fue quien pidió por ella en 2023 y la razón por la cual Capitanich la incluyó en la lista de candidatos a la Cámara. La pregunta luego de lo ocurrido fue: ¿Massa aprobó lo que iba a hacer su dirigente? Hay dos interpretaciones al respecto. Una es que Blanc "no le dijo todo" a su líder sobre las implicancias de su voto, y que éste se enteró de los detalles cuando la suspensión de las PASO en el Chaco, la primera provincia en tomar esa medida, se volvió noticia nacional. La otra es que Massa sabía perfectamente de qué se trataba, y que fue una manera de pasarle factura a Capitanich por el respaldo y el despliegue que le prodigó a Axel Kicillof durante la visita del bonaerense a Resistencia.

Conveniencias

En cuanto a la caída de las PASO, los defensores de estas elecciones argumentan que su implementación mejoró el sistema de representación política y que esta es una cuestión en la que el concepto del "ahorro presupuestario" no tiene cabida. Yendo por ese camino, dicen, los ciudadanos tendrán cada vez menos que ver con la configuración del poder político que gestiona la suerte de todos.

Como suele ocurrir, se habla desde la ventaja y no desde la verdad. El oficialismo realmente no está interesado en evitarle un gasto al Estado ni el peronismo está embarcado en lograr que la democracia sea el sistema más perfecto de la galaxia. Juegan las conveniencias. La prueba es que ambos sectores estuvieron en el pasado no tan lejano en posiciones absolutamente opuestas a las que plantean hoy. Y los antecedentes electorales también dan motivos para apoyar una postura u otra. Las PASO fueron una buena idea de apertura de las internas partidarias hacia la ciudadanía, quitándoles bastante de la posibilidad de ser resueltas solo por los amañamientos propios de la aparatología política, pero los propios partidos fueron desvirtuándolas (y el PJ con especial dedicación) mediante la multiplicación de candidaturas "por afuera" de las estructuras de origen que transformaron al instrumento en un filtro que no filtraba. Y ahí se volvió una convocatoria poco determinante y cara, a la que -además y pese a la obligatoriedad de la asistencia a las urnas- acudía menos de la mitad del padrón.

Lamentos y celebraciones

Veamos la coyuntura. ¿Por qué llora el PJ y festeja el gobierno? Porque las PASO se convirtieron en un "partido de ida" que, antes de la elección general, genera un clima muy influyente para los comicios "de verdad", es decir las generales. Tomemos de ejemplo el 2023: las primarias de aquel año desnudaron la vulnerabilidad de Jorge Capitanich, que fue el precandidato a gobernador más votado de aquel domingo 18 de junio pero al mismo tiempo que la sumatoria de votos de los precandidatos radicales (Leandro Zdero y Juan Carlos Polini) superaba a los sufragios dirigidos al justicialismo. Eso empoderó a Zdero y puso a Capitanich en una posición de debilidad que no iba a poder remontar en las elecciones de septiembre.

Es decir, no necesariamente perder en las PASO le asegura la victoria al principal oponente, pero instala una ola de opinión pública y energía política que favorece al sector más apoyado. Y, en el contexto actual, el justicialismo siente que esta vez las primarias del año que viene podían servirle para eso: para ganar ese primer choque y llegar con toda su estructura y su militancia entonadas a la batalla final. Lo de 2023, pero esta vez a favor. Lo obtenido por Leandro Zdero en la Legislatura borró esa posibilidad. Ahora habrá un solo partido, el de las generales.

Ahora bien, ¿por qué el peronismo era más optimista hoy con respecto a las PASO que el oficialismo? Entre otros motivos, por estos:

-La variable tiempo. El PJ cree que alargar la espera por las elecciones ayuda a Zdero, porque le da más tiempo a la posibilidad de que Milei logre una recuperación económica palpable para la gente común. Si tal cosa sucediera, sería más probable que los síntomas se noten dentro de un año que en ocho o nueve meses. La alianza chaqueña entre radicales y libertarias piensa lo mismo, aunque no lo vaya a decir.

-La capacidad movilizadora. Es una teoría, pero la toman por cierto de un lado y del otro. Hay una idea de que el peronismo, en una elección primaria, puede mover más votantes propios hacia las urnas que la UCR y sus aliados. En esta ocasión en particular, por el deseo de revancha del ’23, porque su proceso interno puede motivar a una mayor participación, por el "efecto adversidad" que podría estimular la asistencia a votar y porque el PJ maneja medio centenar de municipios en el Chaco, lo que implica igual cantidad de intendentes que esta vez se juegan sus poderes territoriales. En contraposición, esta tesis supone que el votante promedio del actual oficialismo -con una alta proporción de independientes- se toma el desafío de una manera más relajada y es más propenso a faltar a la cita.

Como se ve, son asuntos, en definitiva, secundarios. Nada muy de fondo, pero con la salvedad de que hasta lo más superficial puede hacer la diferencia en una provincia que más de una vez definió sus elecciones para gobernador de manera agónica y por márgenes ínfimos.

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