El corazón y sus señales de alerta
La insuficiencia cardíaca es una de las principales problemáticas de salud pública en Argentina. Se estima que afecta aproximadamente a 1 de cada 50 adultos, es decir, cerca del 2% de la población. Se trata de una enfermedad crónica que aparece cuando el corazón no logra funcionar de manera adecuada para cubrir las necesidades del organismo. Aunque puede afectar a personas de distintas edades, es más frecuente a medida que pasan los años y puede limitar de forma importante la vida cotidiana.
En Argentina, según los especialistas, uno de los principales desafíos está relacionado con las internaciones. Los registros disponibles muestran una elevada cantidad de hospitalizaciones debido a descompensaciones, es decir, momentos en los que los síntomas empeoran de manera repentina. Además, en los casos agudos, la mortalidad durante la internación se acerca al 8%; de manera que esta situación demuestra que la atención no debe concentrarse únicamente en el momento de la crisis, sino también en la prevención y el seguimiento de quienes viven con esta enfermedad.
La edad es otro aspecto a tener en cuenta. Mientras que la edad promedio de las personas con insuficiencia cardíaca que reciben atención de manera ambulatoria ronda los 66 años, entre quienes necesitan ser internados por una descompensación llega aproximadamente a los 72 años. Esto puede relacionarse con una mayor fragilidad y con la presencia simultánea de otros problemas de salud. En efecto, la hipertensión arterial aparece en alrededor del 67% de los pacientes, mientras que la diabetes y la anemia afectan a cerca del 30%. Asimismo, aproximadamente el 23% presenta enfermedad renal crónica.
Los cardiólogos coinciden en señalar que reconocer las señales de alerta permite actuar antes de que el cuadro avance. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la falta de aire, el cansancio persistente, la hinchazón de las piernas y los tobillos, las palpitaciones y los desmayos. Al principio, estas molestias pueden aparecer durante esfuerzos físicos. Sin embargo, cuando la enfermedad progresa, incluso actividades sencillas como caminar, bañarse o vestirse pueden resultar difíciles. Por eso, consultar ante la aparición o el empeoramiento de estos síntomas es fundamental.
A su vez, existen enfermedades y hábitos que aumentan las posibilidades de desarrollar insuficiencia cardíaca. La hipertensión arterial ocupa un lugar central, ya que está presente en aproximadamente dos tercios de los pacientes argentinos con esta enfermedad. También tiene un papel relevante la enfermedad de las arterias del corazón, que puede debilitarlo y representa una de las causas más frecuentes. La diabetes, por su parte, afecta a cerca de tres de cada diez pacientes. Además, las alteraciones del ritmo cardíaco, la obesidad y algunas enfermedades de las válvulas del corazón también pueden contribuir a su aparición.
Las causas y características de la enfermedad pueden variar según la edad y el sexo. En los hombres suele presentarse a edades más tempranas y es frecuente que esté relacionada con problemas en las arterias que llevan sangre al corazón. En las mujeres, en cambio, suele aparecer a edades más avanzadas y se relaciona con mayor frecuencia con la hipertensión, la diabetes y la obesidad. También existe en Argentina una relación histórica con la enfermedad de Chagas, aunque actualmente representa una proporción menor de los casos.
La prevención también tiene aspectos que todavía requieren atención. Las infecciones pueden desencadenar descompensaciones graves en personas con insuficiencia cardíaca. Sin embargo, entre quienes fueron internados por cuadros agudos, solo alrededor del 33% contaba con la vacunación recomendada contra la gripe y cerca del 25% tenía la correspondiente al neumococo. Mejorar la vacunación, junto con los controles médicos y el cumplimiento de los tratamientos indicados, puede ayudar a reducir complicaciones.
Por otro lado, la insuficiencia cardíaca también genera un importante impacto económico. Aproximadamente dos tercios del gasto sanitario destinado a esta enfermedad se concentra en las internaciones. Por esta razón, fortalecer el seguimiento fuera del sistema sanitario resulta fundamental. Detectar la enfermedad de manera temprana, controlar la presión arterial y la diabetes, mantener hábitos saludables, respetar los tratamientos y consultar ante nuevos síntomas son medidas que pueden ayudar a evitar crisis.
Abordar el problema de la insuficiencia cardíaca requiere una mirada centrada en atender las urgencias, pero también en prevenirlas. Un diagnóstico temprano y un seguimiento constante pueden mejorar la calidad de vida de los pacientes y, al mismo tiempo, disminuir las internaciones y sus consecuencias para las familias y para el sistema de salud.










