La abogacía indispensable
El 29 de agosto la abogacía argentina se reconoce en el natalicio de Juan Bautista Alberdi, nacido en Tucumán en 1810.
La fecha fue instituida por la Federación Argentina de Colegios de Abogados en 1958, y la elección no fue casual: Alberdi es el autor de las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (1852), el libro que dio sustento a la Constitución de 1853. Que la profesión celebre su día en el nacimiento de quien pensó cómo organizar el poder dice bastante sobre lo que somos: un oficio que existe porque el poder necesita límites, y los límites necesitan ser impuestos y mantenidos.

La Constitución establece en su artículo 18 que "es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos". Es la garantía que sostiene a todas las demás: un derecho que nadie puede reclamar no es un derecho, es literatura. Y ese reclamo no se realiza solo: alguien tiene que asumirlo, estudiar el caso, poner su firma y su sello al pie de un escrito y sostenerlo hasta el final, casi siempre frente a quien tiene más poder, más tiempo y más recursos.
Detrás de cada expediente hay una lucha real contra la violencia, la discriminación, la exclusión y la arbitrariedad, del Estado o de los particulares. Esa lucha no se libra con autómatas: la libran abogadas y abogados, de a un caso por vez. De ese trabajo, y no de otra cosa, están hechas la democracia constitucional, la forma republicana que nos garantiza libertad, la paz social y la dignidad de la persona humana.
Esa defensa, además, tiene una condición material. Defender derechos es un trabajo, y la Constitución manda que el trabajo, en sus diversas formas, reciba retribución justa (art. 14 bis); los honorarios tienen el carácter alimentario que la ley y la jurisprudencia les reconocen porque quienes lo llevan adelante dependen para su sustento personal y el de sus familias de su percepción. Por eso este Consejo acompañó y defendió la sanción de la ley 4228-C, la nueva ley de honorarios de la Provincia, una respuesta largamente postergada a la degradación de las retribuciones de nuestra profesión.
Hizo más que corregir una tabla: restituyó una retribución justa y, con ella, la dignidad de la abogacía. La seguiremos defendiendo, y no por interés de cuerpo. La independencia profesional no se sostiene sola: quien depende económicamente de aquel a quien debería enfrentar ya no está en condiciones de enfrentarlo. Cada regulación irrisoria, cada pago demorado durante años, cada intento de licuar los aranceles no empobrece a un colega: debilita la defensa de la persona que ese colega representa. Defender el honorario es defender al justiciable, y sobre todo al más vulnerable, que es quien menos puede elegir a quién recurrir.
En nombre del Consejo Profesional de la Abogacía de la Primera Circunscripción Judicial del Chaco saludo a todas las abogadas y a todos los abogados en su día, y muy especialmente a las colegas y los colegas a quienes esta semana reconocimos por sus 25 y 50 años de ejercicio profesional. Buena parte de lo que sabe hacer la abogacía de esta circunscripción lo aprendió de ellos; y buena parte del respeto que hoy reclamamos para la profesión lo construyeron ellos, caso por caso.
Cuando el consejo exige consideración para la abogacía exige consideración por lo que estos colegas hicieron con ella.
Al Consejo le toca cuidar a quienes cuidan derechos: exigir que los honorarios se regulen conforme a la ley y se paguen en tiempo; sostener la dignidad pública de la profesión frente a quienes la difaman; velar por la seguridad y la libertad de quien litiga, para que ningún colega sea identificado con la causa de su cliente ni sufra represalia por defenderla; y defender la independencia del poder judicial, sin la cual toda defensa queda sin destino.
Sin alguien dispuesto a invocarla, la Constitución sería apenas un texto admirable. Que no lo sea es, todos los días, obra de la abogacía. Feliz día a todas y a todos.
Cuando el consejo exige consideración para la abogacía exige consideración por lo que estos colegas hicieron con ella.
Al Consejo le toca cuidar a quienes cuidan derechos: exigir que los honorarios se regulen conforme a la ley y se paguen en tiempo; sostener la dignidad pública de la profesión frente a quienes la difaman; velar por la seguridad y la libertad de quien litiga, para que ningún colega sea identificado con la causa de su cliente ni sufra represalia por defenderla; y defender la independencia del poder judicial, sin la cual toda defensa queda sin destino.
Sin alguien dispuesto a invocarla, la Constitución sería apenas un texto admirable. Que no lo sea es, todos los días, obra de la abogacía. Feliz día a todas y a todos.
José Miguel Viguier, presidente del Consejo Profesional de la Abogacía de la Primera Circunscripción Judicial del Chaco.
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