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Destino: Estación Esperanza   

Una mirada cruda sobre la adicción al juego, la falta de fuerza de voluntad para frenar a tiempo y la existencia de una salida real que no depende de instituciones humanas, sino de un cambio de dirección urgente.

Mientras la siesta se transformaba en la tarde de un lunes cualquiera, observé a una persona entrar a un casino de manera compulsiva. Había salido un momento antes, quizás para tomar aire o recuperar fuerzas, pero no pudo evitar volver; la debilidad gobernaba sus impulsos.

El impulso que no podes frenar

Mucha gente sufre las consecuencias de no tener la fuerza de voluntad para evitar el cautiverio del juego. Esta situación se convierte en una adicción destructiva que los lleva a perder todo lo que tienen, incluso –en ocasiones- su propia casa.

Es la dolorosa realidad de miles de personas atrapadas por el juego: una falta de control que destruye vidas y devora economías hasta perder el propio hogar.

Tal vez se propusieron una y otra vez abandonar ese sistema de vida que los tiene atrapados pero no pudieron evitar volver. En el fondo de su conciencia saben que se están autodestruyendo, pero la adicción no suelta sus garras y los mantiene atrapados.

La mayoría de quienes caen bajo este poder ignora que existe una fuerza sobrenatural capaz de sobreponerlos a sus debilidades. Ese poder invisible, pero totalmente comprobable, proviene de la misericordia divina.

Metamorfosis espiritual

Cuando cualquier persona acepta el plan de salvación de Jesucristo, ocurre una metamorfosis espiritual: pasa de ser un ser creado a convertirse en un hijo o hija de Dios. Solo como criaturas no tenemos acceso a los beneficios que si tiene un hijo de Dios. Para comprobar esta realidad podemos repasar el texto bíblico de Juan 1:12, que afirma que toda persona que recibe a Jesús y cree en su nombre, obtiene el derecho legal y espiritual de convertirse en hijo de Dios.

Esta enseñanza milenaria quiebra toda otra enseñanza, como por ejemplo la que utilizan quienes afirman que todos somos hijos de Dios. Al contrario de lo que muchos piensan, esta relación Padre-hijo no se hereda por la familia o los padres humanos. Es un cambio espiritual que viene directamente del Padre celestial.

La intención de estas palabras no es reclutar seguidores para ninguna institución humana o religión, sino invitar al lector a viajar hacia la Estación Esperanza, el único lugar donde se encuentra la verdadera salida hacia la libertad. El secreto está en no dejar pasar el tiempo; ya que postergar la decisión solo alarga el cautiverio. Ese poder sobrenatural, que se obtiene por la fe en Jesús, es totalmente gratuito y está disponible hoy para cambiar el rumbo de tu camino antes de que sea demasiado tarde.

Reiteramos, no buscamos sumar adeptos para ninguna organización humana. El único propósito de este mensaje es guiar al lector en un viaje directo hacia la libertad de toda adicción.

No dejes pasar el tiempo ni permitas que el reloj siga corriendo en tu contra; el mañana es un riesgo innecesario. Este poder divino, accesible por la fe, está al alcance de cualquiera que anhele cambiar su destino hoy mismo.

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