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Vaca Muerta, el nuevo régimen y la encrucijada de la transición argentina

El país ensaya un cambio de régimen macroeconómico que aspira a dejar atrás décadas de estancamiento para impulsar el crecimiento desde sectores dinámicos, con Vaca Muerta como buque insignia.

vacamuerta y el resto

   Sin embargo, el camino está lleno de tensiones: el crédito se traba, la infraestructura colapsa y la llamada "destrucción creativa" amenaza con devorar más empleos de los que los nuevos polos productivos pueden generar.

   El modelo anterior era, en palabras de los especialistas, "perverso": tasas de interés negativas e inflación galopante que licuaban deudas y permitían cierta remonetización, aunque distorsionada. Ese esquema ha quedado atrás. La administración Milei-Caputo impulsa tasas positivas y una inflación en desaceleración, pero el costo es un crédito al consumo en niveles "estratosféricos" que obstruye el financiamiento de proyectos productivos.

   El Banco Central compró más de u$s 12.600 millones en seis meses, pero ese flujo de liquidez no llega a la economía real. El canal de transmisión está parcialmente bloqueado. Las grandes operadoras petroleras emiten Obligaciones Negociables en dólares a tasas del 7,5%, pero las pymes proveedoras —la columna vertebral de la cadena de valor— no logran refinanciar deudas ni ampliar galpones, flotas o personal, aun cuando se les exige aumentar hasta un 40% su nivel de actividad para sostener el boom de Vaca Muerta.

Éxito en los números, crisis en los caminos

   El yacimiento neuquino ya produce más de 600.000 barriles diarios de petróleo y se proyecta que requerirá sumar medio millón de barriles adicionales y 30 millones de metros cúbicos diarios de gas en los próximos dos años. Pero el éxito es esquivo. Las rutas nacionales 22 y 7, junto a las provinciales, están colapsadas. El consumo de arena para fractura pasará de 5 a 7 u 8 millones de toneladas el año próximo, y el transporte es un cuello de botella crítico.

   Mientras tanto, los proveedores locales sufren la inflación en dólares que erosiona márgenes atados a contratos pesificados. La narrativa del éxito choca con una realidad operativa donde las empresas de servicios —pymes y metalmecánicas— ven comprometida su viabilidad. Se destaca que IPF ha sido el motor fundamental del desarrollo, marcando el camino que luego siguieron actores privados, pero el Estado nacional ha frenado la obra pública para alcanzar el déficit cero, delegando en provincias y privados una responsabilidad que aún no encuentra mecanismos plenamente operativos.

Destrucción creativa: ¿transición o desmantelamiento?

   El debate de fondo es ideológico y práctico. Los sectores dinámicos —energía, agro, minería— crecen con incentivos como el RIGI, pero representan apenas el 9% del empleo total. La industria tradicional y la metalmecánica, en cambio, soportan la mayor presión tributaria y enfrentan la apertura comercial en un momento en que el mundo se cierra al proteccionismo.

   Una corriente sostiene que la mejora en la calidad de vida viene de la productividad, y que sectores ineficientes deben reconvertirse, como ocurrió en España o con los planes estructurales de la Unión Europea. La otra advierte que la "destrucción de lo viejo" puede ser más rápida que la "creación de lo nuevo", con efectos devastadores sobre la recaudación fiscal y el empleo masivo. "La Argentina siempre va a contramano: se cerró cuando el mundo se abría y se abrió cuando el mundo se cierra", resume el debate.

Infraestructura y planificación: la deuda pendiente

   La falta de planificación y mantenimiento de bienes públicos es un freno a la productividad. Se lamenta la pérdida de la ventana de oportunidad para el "Tren a Vaca Muerta". En el sector eléctrico —definido como el más complejo de planificar— se propone poner foco en baterías y almacenamiento para gestionar picos de demanda. Y se señala que el gas, las renovables y la energía nuclear se debaten a menudo como dogmas, cuando el rol del Estado debería ser el de un "árbitro técnico" que busque eficiencia sistémica, maximizando el uso del gas natural abundante.

El desafío de la gobernabilidad

   La tensión entre estabilización macro y desarrollo micro es el eje del momento. La estabilidad es el "combustible" necesario para el crédito y la competencia, pero la velocidad del ajuste y la estructura tributaria dual —beneficios para lo nuevo, carga para lo viejo— generan incertidumbre sobre la cohesión social durante la transición.

   El éxito del modelo dependerá de que la expansión de Vaca Muerta y los sectores dinámicos genere un "escudo protector" de divisas suficiente para estabilizar la balanza de pagos, mientras el resto de la economía se adapta a un entorno de mayor competencia y menor asistencia estatal. La pregunta que queda flotando es si el tiempo, la sociedad y la infraestructura acompañarán el ritmo de una transformación que no admite pausas.

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