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Beneficios de la diversidad forestal

Los bosques con una mayor variedad de árboles ofrecen beneficios mucho más amplios para el ambiente que aquellos donde predominan pocas especies. Esa es la principal conclusión de un estudio internacional que analizó 846 cuencas hidrográficas distribuidas en distintos continentes y que contó con la participación de científicos de 15 países, entre ellos investigadores argentinos. Los resultados muestran que la diversidad de árboles permite que los bosques almacenen más carbono, regulen mejor el agua y protejan el suelo con mayor eficacia, lo que aporta nuevas evidencias sobre la importancia de conservar la biodiversidad.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores reunieron información de más de 777.000 parcelas forestales permanentes ubicadas en 44 países. Además, incorporaron registros sobre el comportamiento del agua en ríos y lagos, junto con datos obtenidos mediante satélites sobre las lluvias, la temperatura, el tipo de suelo y las características del terreno. Gracias a esa enorme cantidad de información, pudieron estudiar cómo influye la diversidad de árboles en el funcionamiento de los bosques en diferentes regiones del planeta.

Uno de los principales objetivos fue determinar si una mayor cantidad de especies permite que un bosque desempeñe varias funciones importantes al mismo tiempo. Entre ellas se encuentran la capacidad para almacenar carbono, regular el movimiento del agua, conservar el suelo y favorecer las condiciones necesarias para la vida de numerosas plantas y animales. Los resultados indicaron que, cuando aumenta la diversidad de árboles, también mejora el desempeño general del bosque, ya que esas funciones trabajan de manera conjunta y se fortalecen entre sí.

Los árboles capturan dióxido de carbono de la atmósfera durante su crecimiento y lo mantienen almacenado en sus troncos, ramas, hojas y raíces. De esa manera, contribuyen a reducir la cantidad de gases que favorecen el calentamiento global. Según el estudio, los bosques con una mayor variedad de especies logran almacenar más carbono que aquellos donde la diversidad es reducida.

Los investigadores comprobaron, además, que la diversidad también mejora la regulación del agua. Es decir, los bosques ayudan a absorber las lluvias, disminuir el escurrimiento superficial y liberar el agua de forma gradual hacia ríos y arroyos. Como consecuencia, disminuye el riesgo de inundaciones durante los períodos de fuertes precipitaciones y se favorece la disponibilidad de agua cuando las lluvias son escasas. Por otra parte, el estudio demostró que los bosques con muchas especies protegen mejor el suelo. Esto es así porque las raíces de distintos árboles contribuyen a mantener la tierra firme y reducen la erosión causada por el viento y el agua. Además, la vegetación amortigua el impacto de las gotas de lluvia y ayuda a conservar la humedad. Gracias a estos procesos, el suelo mantiene sus nutrientes durante más tiempo y puede seguir sosteniendo la vida vegetal y animal.

Otro aspecto importante que reveló la investigación es el papel que desempeña la copa formada por las ramas y las hojas de los árboles. Cuando un bosque reúne una gran variedad de especies, esa cobertura suele ser más densa y compleja. Esa característica favorece el almacenamiento de carbono y mejora otras funciones ambientales, ya que ofrece una mayor protección al suelo y contribuye a regular la temperatura y la humedad dentro del bosque.

Sin embargo, los científicos también observaron que los beneficios de la diversidad no son iguales en todas las regiones. En las cuencas de mayor tamaño y en las zonas con abundantes lluvias, el efecto positivo fue más evidente. En cambio, en los ambientes muy secos la situación cambia. Allí el agua es un recurso limitado y los árboles compiten con mayor intensidad para obtenerla. Este hallazgo demuestra que las estrategias de conservación no pueden ser idénticas en todos los lugares. Por el contrario, deben adaptarse a las condiciones ambientales de cada región. Lo que funciona en un bosque húmedo puede no ofrecer los mismos resultados en una zona árida, por lo que es necesario considerar las características locales antes de planificar acciones de protección o restauración.

Además, los investigadores sostienen que la conservación debería dejar de centrarse únicamente en sectores aislados y pasar a considerar el conjunto de cada cuenca hidrográfica. De esa forma, sería posible proteger mejor los procesos naturales que permiten mantener el equilibrio del agua, conservar los suelos y almacenar carbono. Este método también facilita compatibilizar la producción forestal con la preservación de la biodiversidad cuando se aplican prácticas de manejo responsables.

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